De México a Colombia: Cuando la solidaridad cruza las fronteras para entregar esperanza

Un Hércules C-130 mexicano aterrizó en Pereira con alimentos y suministros para las familias afectadas por el terremoto que dejó comunidades enteras entre escombros.

A bordo de un Hércules C-130 cargado de alimentos, una delegación mexicana llegó a suelo colombiano | Dany Martin
Dany Martin
Pereira, Colombia /
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Hay viajes que se hacen para conocer un lugar. Y hay otros que se hacen para contar una tragedia.

Llegamos a Pereira, Colombia, a bordo de un avión militar mexicano. No como turistas, no para descubrir sus paisajes ni para recorrer sus calles. Llegamos con un Hércules C-130 cargado de alimentos y con la encomienda de contar lo que está pasando después del terremoto que golpeó con fuerza a cientos de familias.

Desde el interior de la aeronave, Colombia se siente distinta. En el avión viajan 14.7 toneladas de alimentos que son parte de las 58 toneladas que México envía para apoyar a los afectados: guisados listos para comer de pollo, carne y cerdo; atún; verduras; fruta deshidratada; frijol cocido; leche entera en polvo y galletas.

Durante el vuelo, el capitán Octavio Gómez nos explicó que la ayuda no se improvisa. El gobierno del país afectado determina cuáles son sus necesidades y, a partir de esa coordinación, México organiza los recursos y establece la ruta para hacerlos llegar lo más rápido posible.

México envió 58 toneladas de ayuda a Colombia tras el terremoto | Dany Martin

Una vez que se aterriza, las cifras adquieren rostro, lo que en una oficina puede resumirse como toneladas de ayuda, aquí se convierte en comida para una familia que quizá perdió su casa. En una lata de atún que puede terminar en las manos de un padre que intenta alimentar a sus hijos. En una ración que, aunque parezca pequeña frente a la magnitud de la tragedia, significa que alguien, en algún lugar, pensó en ellos.

Mientras los militares descargan cajas y los equipos de emergencia organizan los suministros, en las calles comienza a entenderse la verdadera dimensión del desastre.

Hay avenidas que durante años fueron parte de la rutina de miles de personas y que hoy tienen un escenario completamente distinto. Lugares donde antes había tráfico, comercios, familias caminando, niños jugando o personas regresando del trabajo, ahora hay silencio, polvo, maquinaria y personas buscando entre lo que quedó.

Y están, sobre todo, los rostros, personas que intentan entender cómo una sacudida pudo cambiarles la vida en cuestión de segundos. Familias que tenían un punto de encuentro y que ahora se encuentran en un albergue, personas que todavía esperan noticias. Colombianos que miran hacia lo que alguna vez fue su casa y tratan de reconocerla entre los escombros.

“Estamos con ustedes”, dijo el capitán Gómez durante el vuelo. 
“Estamos llevándoles esta ayuda para que salgan de esta desgracia, de esta tragedia”.

Y quizá esa sea una de las imágenes más poderosas de esta jornada. Un avión mexicano atravesando el cielo rumbo a Colombia, mientras abajo, un país intenta levantarse, porque cuando ocurre una tragedia de esta magnitud, las fronteras pierden importancia.

México conoce el miedo de despertar después de un terremoto. Conoce las calles llenas de polvo, las sirenas, los edificios dañados y la angustia de buscar a alguien entre los escombros. Conoce también lo que significa que un desconocido llegue con una pala, una botella de agua o un plato de comida para ayudar.

Por eso esta ayuda no es solamente una operación militar, es también un mensaje que en los momentos más difíciles, un país puede mirar hacia otro lado del mapa y decir: no están solos.

mrg

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