La Zona Metropolitana de Guadalajara amaneció con un panorama desolador tras la caída de El Mencho. El desabasto de alimentos fue evidente este lunes y las pocas tiendas que abrieron lo hicieron con las puertas semicerradas, mientras largas filas de personas esperaban para comprar lo indispensable.
Los grupos de WhatsApp se convirtieron en una herramienta vital para que la población se informara sobre dónde encontrar algún comercio abierto. La situación era tan grave que, según vecinos, ni siquiera un 25 de diciembre se percibe un escenario similar. En esa fecha, pese a ser día festivo, suele haber opciones para comer y tiendas abiertas.
“Necesitamos medicinas para la presión de mi abuelita”, relató María, una joven de 23 años que llevaba más de una hora formada en una de las pocas farmacias abiertas en la colonia Moderna. “Yo quiero agua (y) leche para los niños”, dijo desesperada otra mujer, tras recorrer distintos puntos de la zona metropolitana sin éxito.
Gigante urbano a la expectativa
Las principales avenidas de la capital jalisciense ofrecieron una postal inusual desde las primeras horas del día. Calles amplias, flanqueadas por torres corporativas y hoteles, permanecieron prácticamente vacías, sin el flujo constante de automóviles ni el tránsito peatonal que caracteriza a la ciudad en días laborales.
El asfalto limpio, los semáforos en verde sin destinatarios y el eco de los pasos aislados acentuaron la sensación de una metrópoli detenida.
En zonas habitualmente dominadas por el ruido del tráfico y la prisa matinal, el silencio se volvió protagonista. Los edificios, diseñados para albergar oficinas llenas y actividad continua, parecían observar una ciudad en pausa, mientras algunos peatones avanzaban con cautela, como si el espacio urbano ya no les perteneciera del todo.
Central de Abasto, paralizada
La Central de Abasto, que normalmente es un hervidero de actividad, permaneció ayer prácticamente paralizada, con tráileres varados a la espera de normalizarse las condiciones. Tiendas de abarrotes, granos y verduras mantuvieron sus cortinas abajo.
Viajeros varados en centrales camioneras
Una noche de incertidumbre se vivió el domingo en las centrales de autobuses de Tlaquepaque y Zapopan. La madrugada del lunes se convirtió en una prueba de resistencia para decenas de personas, luego de que los bloqueos carreteros y la quema de vehículos impidieran la circulación.
Andrés Cruz, turista de Puerto Vallarta, narró su experiencia: “Llegamos a la terminal de Zapopan después de horas de espera en la carretera. No teníamos idea de qué hacer ni cuándo podríamos seguir adelante. Pasamos la noche en la terminal, sin comida ni servicios adecuados”.
La situación fue similar en la Central de Autobuses de Tlaquepaque. Juan Carlos, otro viajero, expresó su frustración: “Estamos atrapados aquí, sin saber cuándo podremos salir. No hay servicios, no hay taxis, no hay nada”.
Noche improvisada en el zoológico
Algo similar ocurrió con vacacionistas que visitaron el Zoológico Guadalajara. Más de mil personas durmieron durante la noche del domingo y la madrugada del lunes en las instalaciones ubicadas al oriente del Área Metropolitana, al no poder regresar a sus lugares de origen, entre ellos estados colindantes con Jalisco.
“Tenemos mil 80 personas de todas las edades, desde bebés hasta adultos mayores, resguardadas en el Zoológico Guadalajara. Son visitantes de estados vecinos como Colima, Guanajuato, Nayarit, Zacatecas, Aguascalientes y Michoacán. Tradicionalmente visitan el zoológico los fines de semana”, explicó uno de los organizadores.
Los viajeros permanecieron al interior de 21 autobuses, cuatro vehículos particulares y cinco furgonetas dentro del estacionamiento del zoológico, donde recibieron cobijas, agua potable y artículos de limpieza por parte del DIF Jalisco, Cruz Roja y Servicios Médicos Municipales. El resguardo estuvo a cargo de la Policía Estatal.
Aprovechar la oportunidad
Un vendedor de tortas ahogadas decidió desafiar el código rojo y abrir su negocio el día en que gran parte de la ciudad permaneció paralizada. La apuesta rindió frutos: sus ventas aumentaron 150 por ciento y agotó, en apenas una hora, lo que normalmente vende durante toda una jornada.
“Sí tuvimos clientela, porque toda la gente estaba buscando dónde había abierto ayer y hoy. Hubo más gente y acabamos mucho antes de lo normal”, relató.
“Tenemos muchos gastos: pagar sueldos, la luz y todo lo que conlleva el negocio. A mí se me hizo más práctico abrir, incluso ayer domingo, que fue el día más crítico. Hoy ya no vi tanta violencia y decidimos trabajar”, agregó.
No obstante, enfrentó dificultades para conseguir insumos e iniciar la venta desde temprano. Aun así, lo resolvió y las ventas fueron positivas.
“Mi panadero no trabajó, el de las tortillas tampoco. En la mañana tuve que salir a buscar lo que necesitaba para laborar. Me moví de un lado a otro hasta que encontré, porque prácticamente todo estaba cerrado”, explicó.
En la colonia Morelos y parte de la colonia Del Fresno se observó que la mayoría de los locales permanecieron cerrados, ante el temor de que la situación se agravara por los narcobloqueos registrados.
Transporte público, con operación limitada
El transporte público comenzó a recuperarse de forma gradual durante la tarde de ayer. El secretario de Transporte de Jalisco, Diego Monraz, informó que el servicio se restablece de manera progresiva tras el ausentismo de operadores registrado durante la madrugada.
Al corte de las 12:45 horas, el transporte masivo operaba a 50% y el colectivo a 16%, lo que representó una cobertura general superior al 30% en el Área Metropolitana de Guadalajara.
Aunque la afluencia de usuarios fue mínima —menos del 5% de un lunes habitual—, las unidades circularon sin incidentes ni bloqueos, con frecuencias ampliadas para atender a quienes requerían el servicio.
Actividad en pausa
El silencio de la industria fue más elocuente que cualquier palabra. Era como si la ciudad contuviera el aliento, a la espera de que la tormenta pasara. La ausencia de ruido, de movimiento y de vida parecía confirmar que algo no estaba bien.
No había sonido que rompiera la quietud. Como si la ciudad hubiera sido silenciada, amnistiada de cualquier ruido capaz de perturbar la calma.
Desde la pandemia por covid-19, la ciudad no se había vuelto a detener. Hay momentos —pocos, pero contundentes— en los que la ciudad se para por completo y queda suspendida en el silencio. Un silencio que duele, que lastima, que dice más que cualquier discurso.
Ante este escenario, el sector productivo, conformado por cámaras industriales y empresariales, solicitó la reactivación de las actividades económicas en la Zona Metropolitana de Guadalajara y en aquellos municipios donde existan condiciones de seguridad para la reapertura de negocios.
“La sociedad jalisciense ha dado un gran ejemplo de responsabilidad durante la implementación del Código Rojo en el estado, a raíz de los sucesos del domingo 22 de febrero. En esa misma línea, reconocemos a las y los empresarios de todos los sectores de Jalisco por sumarse a la protección de sus colaboradores”, señalaron a través de un comunicado.
La parálisis económica, el daño silencioso
Aunque no se expresó de manera explícita en el boletín oficial, distintos representantes empresariales han hecho saber al gobernador, por diversas vías, que el daño que no han provocado los grupos delictivos se está generando con la parálisis derivada del Código Rojo.
“Sectores como el industrial, el comercio, los servicios, el comercio exterior, el agropecuario y el turismo son claves para la economía de nuestro estado; son generadores de empleo y bienestar, por lo que su operación garantiza una vuelta a la normalidad que todas y todos deseamos.
“Es necesario que todas y todos nos mantengamos atentos a la comunicación oficial para dar seguimiento a la normalización de las actividades en Jalisco”, agregó el sector industrial en el comunicado.
JVO