Desde hace 40 años, doña Silvia López Rojas confecciona y diseña los vestuarios y ropones para cambiar a los Niños Dios, que cada 2 de febrero, en el día de La Candelaria, se presentan en una misa religiosa con el atuendo elegido por la familia o los padrinos.
Cada ropón tiene un significado y un propósito para los fieles católicos, ya que las vestimentas representan a los santos y pasajes bíblicos. Este 2026 fue denominado como el año de la "Esperanza", por lo que en las iglesias solicitan que estas figuras religiosas se vistan con ropones de color blanco.
"Los padres pidieron de blanco y, pues, es todo lo blanco, como el niño de las palomitas, el dulce amor de Jesús; hay varios y, ahorita, la gente se está inclinando por lo blanco. Esto es fe, gracias a Dios, la gente viene con su niño, hay de todos los precios, o sea, ahí vamos, no podemos decir que no hay venta", dijo Silvia López en entrevista para Multimedios Puebla.
Los más pedidos por los poblanos en el negocio de la "Casa del Niño Dios", ubicado en el centro histórico de Puebla, son la vestimenta del Niño Doctor del municipio de Tepeaca, del Sagrado Corazón de Jesús, San Juditas y el Niño de la Abundancia.
En cuanto a los precios, hay opciones desde los 100 hasta los 390 pesos y tienen atuendos desde el tamaño uno al nueve, por lo que pueden vestir hasta el más grande de 60 centímetros. Todos los diseños son exclusivos y se pueden adaptar al gusto del cliente.
Respecto a los vestuarios más sobresalientes de la tienda, se encuentran los que llevan turbante en la cabeza y prendas llamativas, mismos que también han ido ganando terreno en las ventas. De acuerdo con Silvia López, es una tradición que persiste y se mantiene fuerte en las generaciones actuales.
"Tenemos el de la abundancia, viene tapado de su cabeza; tenemos el Divino Maestro, que es cuando predica nuestro Señor, pero no es árabe; la gente dice que es árabe, pero es cuando nuestro Señor anda predicando en el desierto y tiene tapada su cabecita, por eso se viste así con el manto en la cabeza", señaló la vendedora.
En el lugar se encontraba la señora Ximena, quien iba acompañada de sus hijas, a quienes inculca esta tradición religiosa con el objetivo de mantener la fe y esperanza en su familia.
CHM