M+.- Las maneras de encontrar trabajo se van adaptando a los tiempos. Si hace unas décadas los jóvenes dejaban su currículum impreso en oficinas y fábricas, acudían a las direcciones marcadas en avisos de los periódicos u ofrecían su fuerza de trabajo de puerta en puerta, hoy las redes sociales funcionan como moderno “aviso clasificado”.
Un análisis realizado por MILENIO de 300 publicaciones en Facebook revela que un 90 por ciento de quienes piden empleo está en las generaciones centennials y millennials: tienen entre 17 y 29 años. Frente al desempleo e informalidad, anuncian sus habilidades y urgencia por encontrar trabajo que les dé algo para seguir adelante.
En la red social se leen propuestas como las siguientes: “Tengo 19 años. Busco trabajo en cafetería o mostrador, no tengo experiencia, pero aprendo rápido; no me interesan estafas de marketing ni ser brigadista”; “Busco empleo de lo que sea por vacaciones, hombre 24 años”; “Tengo 22 años y busco trabajo con horarios flexibles porque tengo una niña de cinco años”; “Tengo 17 años, me urge”.
Los mensajes se acumulan por miles, día y noche, en Facebook. No provienen de agencias de reclutamiento ni de empresas ofertando vacantes. Son redactados por jóvenes que toman la iniciativa de poner a disposición su fuerza de trabajo. Frente a la premisa generalizada de que las nuevas generaciones migraron masivamente hacia plataformas como TikTok o Instagram, en Facebook se ha consolidado un mercado laboral informal donde la juventud se anuncia como si utilizara un antiguo aviso clasificado de periódico.
Una investigación realizada para este reportaje monitoreó un universo inicial de 50 grupos de empleo ubicados en la Ciudad de México y su área metropolitana. De ese total se seleccionaron 10 comunidades de alta actividad y se analizaron a fondo 300 publicaciones –100 en cada uno de los tres grupos con mayor dinamismo–.
El hallazgo fue contundente: al menos el 90 por ciento de las personas que publican anuncios para ofrecer sus servicios de manera activa son jóvenes de entre 17 y 29 años, pero el núcleo que postea con mucha más regularidad está entre los 18 y los 23 años. Sólo el 10 por ciento restante pertenece a adultos en sus treintas.
Los aspirantes ya no esperan a que una empresa publique una vacante en portales como OCC o Computrabajo. En Facebook, el proceso opera a la inversa. Una población que dice no tener mucha experiencia, pero sí premura económica, escribe un anuncio personal, sintetiza sus capacidades en frases estándar, detalla su disponibilidad de horario y, en ocasiones, adjunta su currículum con fotografía o su número telefónico.
Las expresiones empleadas en las publicaciones revelan un patrón recurrente marcado por la adaptabilidad y la urgencia: “Aprendo rápido”, “Me acoplo a lo que sea”, “Sin ofender a nadie, busco trabajo de lunes a viernes”, “Disponibilidad inmediata”. Se trata del escaparate digital de la precariedad económica.
La radiografía de la necesidad en la megaurbe
Para dimensionar la magnitud de este mercado laboral informal, el análisis de los 10 grupos con mayor actividad en la Ciudad de México y el Área Metropolitana revela un volumen masivo: en conjunto, estas comunidades suman un total de un millón 76 mil 600 miembros acumulados y generan un flujo de más de 51 mil publicaciones al mes.
Para dimensionar el volumen de este mercado laboral informal, basta revisar los grupos más concurridos. El grupo “Bolsa de Trabajo CDMX” cuenta con 232 mil miembros y registró 9 mil publicaciones en el último mes. En “Trabajos en CDMX”, con 125 mil integrantes, se contabilizaron 4 mil publicaciones mensuales. Por su parte, “Bolsa de Trabajo Tlalpan” suma 112.9 mil miembros y 3 mil 337 publicaciones mensuales.
Si se agregan otros grupos como “Bolsa de Trabajo CdMx & Edomex” (que genera hasta 10 mil publicaciones en 30 días con 75 mil usuarios) o “Bolsa de trabajo y empleos en CdMx” (con 8 mil 749 posts al mes), la interacción alcanza decenas de miles de mensajes cada mes.
Ejército de decenas de miles de desempleados
Es importante precisar que la cifra superior al millón de integrantes corresponde a la suma acumulada de usuarios en los grupos monitoreados y no a miembros únicos. Un mismo usuario suele unirse a varios grupos de manera simultánea para multiplicar sus posibilidades de empleo. Sin embargo, la cifra de más de 50 mil publicaciones mensuales da cuenta de un ejército de personas en constante movimiento.
De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), en México viven 30.4 millones de jóvenes de entre 15 y 29 años, quienes representan el 23.3 por ciento de la población total. La Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del Instituto mantiene un indicador específico para la población de 15 a 29 años. Los datos más recientes muestran que la tasa de desocupación juvenil ronda el 5 por ciento, casi el doble de la tasa nacional de desempleo, que suele ubicarse alrededor del 2.5 y 3.0 por ciento.
Además, la ENOE sigue mostrando problemas importantes de subocupación, informalidad y condiciones críticas de ocupación. Por ejemplo, en 2025 la tasa de Condiciones Críticas de Ocupación se ubicó en 33.3 por ciento en una medición mensual, es decir, una proporción importante de personas trabaja con jornadas o ingresos insuficientes.
Janet Zarco, promotora de Servicios a la Juventud A.C. (SERAJ), explica que el uso de Facebook responde a la inmediatez y al alcance de la mano.
“Uno busca oportunidades de acuerdo con las herramientas que tiene. Si conocen Facebook y saben que hay grupos donde subir su CV o pedir empleo, lo van a hacer. Desde el desconocimiento o la necesidad, intentan salir adelante con lo que tienen”.
Zarco rechaza el prejuicio de que las juventudes “no quieren trabajar” y acuña el término “jóvenes de oportunidad”. Se trata de personas que enfrentan barreras como ser madres solteras que requieren flexibilidad de horarios, “hijos parentalizados” que dejaron la escuela para cuidar a sus hermanos o sostener la casa, o jóvenes rechazados en vacantes formales por no contar con experiencia previa.
Minitrabajos con sueldo mínimo y la sombra del crimen
Frente a la brecha entre los requisitos de las empresas formales y la realidad de los postulantes, Facebook funciona como una válvula de escape instantánea, pero también como una vitrina desprovista de regulaciones, analiza José Antonio Pérez Isla, sociólogo, académico de la Escuela Nacional de Trabajo Social de la UNAM y especialista en políticas públicas de juventud por la Organización de las Naciones Unidas.
Aunque existen empresas y reclutadores serios publicando ofertas –desde auxiliares de facturación o mostrador hasta ejecutivos de ventas o personal de logística–, la ausencia de filtros en grupos abiertos expone a los postulantes a situaciones extremas de riesgo.
Pérez Isla estudia este fenómeno a partir de la reconfiguración del mercado laboral. Explica que las juventudes navegan principalmente entre tres escenarios.
En primer lugar, el mercado tradicional precarizado, compuesto por empleos de jornada completa con salario mínimo o contratos temporales. A pesar de los bajos ingresos, este sector es buscado por mujeres con hijos por el acceso a la seguridad social médica. En segundo lugar, se ubica el mercado competitivo e inestable de freelancers o minijobs (miniempleos por horas o comisiones), el cual otorga liquidez inmediata, pero no genera acumulación de experiencia ni estabilidad profesional a largo plazo.
Por último, existe el mercado de riesgo, operado por la economía informal de alta peligrosidad y la delincuencia organizada. Pérez Isla señala que este sector resulta atractivo para ciertos estratos porque ofrece cuatro factores que el empleo formal ha dejado de proveer: prestigio y pertenencia, recursos económicos altos e inmediatos, movilidad ascendente y un estatus social alternativo.
Un vacío regulatorio donde el peligro acecha
A la fragmentación del trabajo se suma la erosión del empleo vitalicio –ese donde uno crecía y duraba años hasta la jubilación–, agrega el especialista de la UNAM. Mientras que en generaciones anteriores era habitual permanecer décadas en una misma empresa o institución, la Organización para la Educación, Ciencia y Cultura de la ONU (Unesco) señala que la población de entre 15 y 25 años transita, en promedio, por hasta 12 empleos diferentes.
Un factor determinante en la búsqueda desesperada en redes sociales es la carencia de capital social. Pérez Isla destaca que entre el 85 y el 90 por ciento de los primeros empleos en México se consiguen a través de recomendaciones de familiares, amigos o conocidos. Quienes carecen de esos contactos directos o “palancas” quedan excluidos del circuito primario y recurren a exponer públicamente sus datos y necesidades en los muros de Facebook.
Esta exposición en entornos digitales sin verificación los vuelve altamente vulnerables. Tanto Janet Zarco como Pérez Isla coinciden en que tras anuncios aparentemente inofensivos pueden ocultarse fraudes, esquemas de extorsión en call centers clandestinos o redes de trata de personas y reclutamiento forzado disfrazados de vacantes con sueldos irreales.
A pesar de que el nivel educativo medio de las nuevas generaciones ha aumentado en comparación con décadas pasadas, la desconexión con el sector productivo persiste. La falta de formación para la inserción laboral en las escuelas y el rechazo empresarial hacia perfiles sin experiencia derivan en altos índices de subempleo, que, de acuerdo con Pérez Isla, quien cita datos de la ENOE, afectan hasta el 65 por ciento de la juventud. Además, las mujeres jóvenes sufren un castigo salarial de entre 25 y 30 por ciento menor en comparación con los hombres por desempeñar las mismas funciones.
Los entrevistados coinciden en que, sin regulación estatal ni filtros por parte de las plataformas transnacionales, Facebook continúa consolidándose como la trinchera digital a la que acuden a diario miles de jóvenes que, con una sola frase redactada a toda prisa, intentan abrirse paso en un mercado laboral que les cierra las puertas formales.
Fact checking: JRH
EHR