DOMINGA.– Pequeñas criaturas sostienen mucho más de lo que aparentan en los bosques y son más que destellos en la noche: las luciérnagas forman parte del sistema natural que sostiene la vida. Sus larvas depredan plagas y su presencia anuncia la salud de los suelos. Es un acto de resistencia a las urbanizaciones que las amenazan. Porque allí donde desaparecen, algo más que su luz comienza a apagarse.
En el Parque Ecoturístico Dos Aguas, ubicado en Tlalmanalco, Estado de México, ese eslabón estuvo a punto de desaparecer. La deforestación, las urbanizaciones y la presión turística redujeron sus poblaciones hasta ponerlas en peligro. Fue necesario restaurar durante más de quince años estos bosques de oyamel, encino y pino, recuperar la humedad de la tierra y devolverle al lugar la oscuridad que las luciérnagas necesitan para reencontrarse.
Si se apagan las luciérnagas, se apaga también la posibilidad de que el bosque respire en equilibrio. Su desaparición sería un aviso de que el bosque se tambalea.
Las luciérnagas necesitan bosques saludables para vivir
Recorrimos recientemente el hábitat de las luciérnagas. Fueron apareciendo una a una mientras caía la noche. Ya en la oscuridad, inundaron el bosque con sus destellos hasta formar trazas de luz que revelaban la danza del apareamiento. Su ciclo de vida es breve, apenas unas semanas durante la temporada de lluvias. Su luz dura lo que dura el verano. Esa fragilidad las convierte también en una metáfora de todo aquello que puede desaparecer demasiado pronto.
Las luciérnagas no son sólo un espectáculo de verano. Son el pulso de los ecosistemas, señal de que el bosque todavía funciona. Por eso protegerlas significa proteger también la oscuridad, la humedad de la tierra y los territorios donde todavía pueden encontrarse. Durante unas semanas, cada año, vuelven a encenderse. Quizá esa sea su manera de recordarnos cuánto depende la vida de cosas que apenas alcanzamos a ver.
Este fotoensayo sobre el bosque de Dos Aguas es un llamado a cuidar la oscuridad, a defender los territorios donde todavía resisten, y a recordar que protegerlas es también protegernos a nosotros mismos. Su luz merece ser contada y preservada.
El ritual de apareamiento de las luciérnagas
GSC