Ser madre: de una obligación a decisión, pero con un costo

La brecha de género se incrementa cuando se trata de mujeres que maternan, pues las oportunidades laborales y la falta de políticas conllevan un sacrificio personal, económico y mental.

La decisión de ser mamás se posterga por el deseo de continuar la carrera profesional (Milenio)
Josefina Ruiz
Guadalajara /

Ser madre ha cambiado con el tiempo y el contexto. Si antes se percibía como parte del deber ser de una mujer, hoy se replantea como una decisión consciente, basada no solamente en las expectativas sociales, sino también en las capacidades propias de las mujeres para ejercer una maternidad que concilie con sus metas personales, una tarea complicada cuando las brechas de género se acrecientan al ser madre.

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“En la maternidad del siglo 20 al siglo 21 hay un salto cualitativo, porque hay una conciencia actualmente de los cuerpos de las mujeres, tú decides o no decides ser madre (…) en las antiguas sociedades, donde el estereotipo y el rol del papel de la mujer valía si tenías hijos, no por tu trayectoria intelectual o tu participación en el mercado laboral o en la vida política”, explica Raquel Edith Partida Rocha, profesora investigadora de la Universidad de Guadalajara (UdeG).

Cambio en números

El cambio en la perspectiva social se ve reflejado en las estadísticas. En Jalisco, 2 millones 427 mil 525 mujeres tenían al menos un hijo al cuarto trimestre de 2024, es decir, 63 por ciento de la población femenina, de acuerdo con el Instituto de Información Estadística y Geográfica (IIEG).

El crecimiento es paulatino si se compara con años anteriores: en 2022 se contabilizaban 2 millones 414 mil 712 madres, mientras que en 2020 eran 2 millones 215 mil 593. Hace cinco años, las madres representaban 65.2 por ciento de la población femenina, lo que apunta a una tendencia en la que más mujeres postergan o reconsideran la maternidad.

“Ahora muchas chicas optan por una carrera profesional, por una carrera empresarial, que a veces postergan la maternidad o deciden no tener hijos”, dice. Y es precisamente en el trabajo donde se evidencian las mayores brechas. En 2024, un millón 45 mil 701 madres eran económicamente activas, es decir, 43.1 por ciento. De ellas, un millón 35 mil 201 trabajaba y 10 mil 500 se encontraban desocupadas.

El dato contrasta con 2022, cuando un millón 149 mil 346 madres formaban parte de la población económicamente activa, lo que refleja una disminución en la participación laboral. Además, ese mismo año, un millón 122 mil 285 mujeres se dedicaban a los quehaceres domésticos, una carga que sigue recayendo de manera desproporcionada en ellas, “porque sigue siendo el estereotipo, tú maternas y tú cuidas en la escuela, tú ibas al colegio, tú llevas al médico, tú te encargas de todo, de todo de la crianza”.

Políticas, ausentes

La falta de políticas públicas efectivas agrava este escenario. La ausencia de sistemas de cuidado accesibles, suficientes guarderías y condiciones laborales flexibles limita las posibilidades de desarrollo para las madres, especialmente en el sector formal. A ello se suman problemáticas sociales que enfrentan diariamente: menores oportunidades de ascenso, brechas salariales, discriminación laboral y precariedad, especialmente en la informalidad.

Para la investigadora de la UdeG, estas condiciones no solo limitan el crecimiento profesional, sino que también desincentivan la maternidad en nuevas generaciones.

Experiencia de contrastes

En medio de estas cifras, la maternidad también se vive desde lo íntimo. Katia, de 28 años, madre de dos hijos pequeños, describe una experiencia atravesada por contrastes: crecimiento personal, pero también desgaste físico, emocional y laboral. “Ser mamá ha sido una experiencia intensa que llevó una transformación grande en mi vida”.

Recuerda que siempre se ha descrito la maternidad como una experiencia bonita, y aunque lo es, nadie habla del postparto, la depresión, el desconocerte como mujer: “Siempre se espera que puedas con todo, al menos eso te hacen creer. A veces es difícil entender que la depresión te incapacita, y es complicado maternar así”. Por eso, considera, es importante tener una red de apoyo, “tener quien nos escuche”.

Su testimonio también expone otra de las barreras más persistentes: el acceso al empleo y la falta de opciones de cuidado.

Para Rocha Partida, el Día de las Madres responde a una lógica que no necesariamente refleja la realidad actual de las mujeres, “tendríamos que actualizar este día, que tendría que ser más sensible a lo que está viviendo la sociedad”.

SRN



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