Mario intentó secuestrar un avión, lo acusaron de hacer chocar una patrulla de la Guardia Nacional y ahora busca salir de prisión bajo el argumento de que fue torturado

Sostiene que hablar fue necesario. Para él, narrar lo ocurrido es también una forma de exigir que se investigue a los agentes involucrados. Su caso sigue abierto y, con él, la posibilidad de justicia.

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Josefina Ruiz
Guadalajara /

Mario, un hombre de 33 años y padre de familia, recurre hoy a un mecanismo internacional como último recurso para cambiar su destino: el Protocolo de Estambul, el estándar de Naciones Unidas para la investigación y documentación de la tortura. Desde su celda en el complejo penitenciario de Puente Grande, Jalisco, donde espera la resolución de los últimos cargos en su contra, esta herramienta jurídica se ha convertido en el eje de su defensa. No sólo busca acreditar la violencia extrema que presuntamente sufrió tras su arresto, sino que podría ser la vía para obtener su libertad y llevar ante la justicia a sus presuntos agresores.

Su historia, recabada por MILENIO, sin embargo, comenzó mucho antes, en una pesadilla que lo arrastró de un secuestro virtual a la cabina de un avión, y de ahí a una patrulla de la Guardia Nacional donde, según su testimonio, estuvo a minutos de ser ejecutado.

El secuestro virtual que detonó el desplazamiento

Todo comenzó con una llamada. La esposa de Mario, trabajadora agrícola como él, fue víctima de un secuestro virtual. Extorsionadores, que aseguraban tenerla vigilada, exigieron 200 mil pesos. Mario, en un acto de desesperación, logró reunir y entregar 150 mil. Sin embargo, las amenazas no cesaron.

“Les pareció poco”, explica el doctor Francisco Jiménez Reynoso, abogado defensor e investigador de la Universidad de Guadalajara (UdeG). “La familia entró en un estado de terror constante; se trata de un desplazamiento forzado interno motivado por la violencia”.

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Terror por tierra y aire

El 8 de diciembre de 2024, Mario intentó desviar un avión de Volaris con destino a Tijuana hacia Estados Unidos. El miedo que lo dominó en el aire se había gestado en tierra firme, tras ser víctima del secuestro virtual.

Fue sometido y detenido por elementos de la Guardia Nacional en el Aeropuerto Internacional de Guadalajara. Con las manos esposadas a la espalda, pensó que no saldría con vida.

Durante el traslado de la terminal aérea a la Fiscalía, no podía mover las manos ni cubrirse el rostro. El trayecto estuvo marcado por supuestas amenazas, humillaciones y terror psicológico dentro de la patrulla federal, lo que, con el paso de los minutos, derivó en una golpiza que lo dejó entre la vida y la muerte.

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Tortura sistemática durante el traslado

“Hay un tema que no se ha mencionado suficientemente en el caso de Mario, y es la tortura que sufrió por parte de los elementos de la Guardia Nacional”, relata en entrevista exclusiva para MILENIO Nigel Serrano de la Vega, integrante del equipo jurídico que lleva su defensa. “No se trata de un solo acto, sino de una tortura sistemática”.

Durante el traslado, explica, Mario fue sometido a presión psicológica constante. “Le decían que le iban a hacer cosas a su esposa, a sus hijos, que ya se fregó, que ya se amoló”.

El momento en que temió ser ejecutado

El punto de mayor terror llegó cuando uno de los custodios le ordenó girarse. “‘Date la vuelta, date la vuelta porque ya te fregaste’”, recuerda Serrano de la Vega.

Aún esposado, Mario fue obligado a mirar hacia la ventana. El elemento se colocó un pasamontañas. “Mario refiere que escucha cómo cortan cartucho. En ese momento teme por su vida; siente que le van a disparar por todo lo que le venían diciendo”.

Convencido de que sería ejecutado, intentó moverse para pedir ayuda. Trató de acercarse al asiento delantero para gritar “porque siento que me van a matar los de la Guardia Nacional”, narró a su defensa.

Golpiza y versión oficial en disputa

La versión oficial sostiene que Mario intentó presuntamente darse a la fuga, lo que provocó un accidente vial en el que resultó “lesionado” tras el choque de la unidad. La defensa lo niega categóricamente.

“Mario es descendido de la unidad de la Guardia Nacional y es en ese momento cuando comienza a sufrir una golpiza brutal”, señala su equipo jurídico. Seguía esposado, con la cabeza hacia el suelo. Recibió patadas, golpes continuos y agresiones directas.
“Un elemento incluso, con una navaja, le hace un corte en el estómago”, asegura la defensa, mientras le decían que violarían a su esposa, que matarían a sus hijos y que de ahí no saldría con vida.
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Coma y evidencia videográfica

La agresión, sostiene la defensa, fue perpetrada por tres elementos de la Guardia Nacional. Mario quedó inconsciente, bañado en sangre.

Un video incorporado a la carpeta de investigación lo muestra esposado, tirado en la vía pública, mientras es atendido por paramédicos. Como consecuencia de las lesiones, ingresó a un hospital con traumatismo craneoencefálico grave y permaneció en coma inducido, debatiéndose entre la vida y la muerte.

El silencio impuesto por el miedo

Mario no denunció de inmediato. El miedo y el trauma lo mantuvieron en silencio.

“Tenía miedo de denunciar la tortura por la presión que sufrió”, explica su abogado. “No es fácil que alguien diga de primera voz: me torturaron”.

Un año después decidió hablar.

Activación del Protocolo de Estambul

La defensa presentó una denuncia ante la Fiscalía General de la República y solicitó la activación del Protocolo de Estambul, mecanismo de la ONU para investigar y documentar casos de tortura.

“No es sencillo que la institución siquiera te reciba la denuncia”, reconoce Serrano de la Vega. Aun así, el 9 de enero se solicitó formalmente la aplicación del protocolo.

Días después, en Puente Grande, un policía ministerial entrevistó a Mario. “Básicamente, le preguntaron si aceptaba el Protocolo de Estambul. Mario dijo que sí”.

La defensa solicitó además la participación de un perito independiente, ajeno al Estado mexicano. “Mario nos dice que desconfía un poco del Estado mexicano”, explica el abogado.

Lo acusaron de hacer chocar una patrulla de la Guardia Nacional. (Milenio)

Posibles consecuencias penales

Si el dictamen del Protocolo de Estambul confirma la versión de Mario, las consecuencias para los elementos involucrados podrían ser penales.

“Si este dictamen apunta a favor, vamos a iniciar un juicio diverso en contra de la Guardia Nacional”, advierte Serrano de la Vega. “Principalmente en el ámbito penal, para que se abra una carpeta de investigación y, si hay elementos, se vincule a proceso a los tres elementos”.

El abogado subraya que se trata de un delito grave que no puede resolverse únicamente con sanciones administrativas. “Le dieron una golpiza hace un año, al grado de casi matarlo, y permanecen impunes. Eso es lo que ellos piensan”.

El origen: una familia víctima de extorsión

Mario tiene 33 años. Es originario de Pénjamo, Guanajuato. Padre de dos niños y esposo, antes de su detención trabajaba en el campo; viajaba a Estados Unidos para la pizca agrícola y regresaba con recursos para su familia.

“Mario es un ciudadano común, un trabajador agrícola, no una persona dedicada a delinquir”, sostiene Francisco Jiménez Reynoso, doctor en Derecho y profesor investigador de la UdeG.

El académico explica que el origen del caso fue el secuestro virtual de la esposa de Mario, quien fue obligada a trasladarse entre distintos puntos y privada de su libertad mientras los extorsionadores exigían dinero.

“Está acreditado que Mario deposita 150 mil pesos”, señala. Sin embargo, las exigencias continuaron, superando la capacidad económica de la familia.

Decisiones desesperadas en un contexto de pánico

Ante el temor fundado de que las amenazas se cumplieran, Mario decidió abandonar su lugar de origen. Jiménez Reynoso sostiene que desde el inicio fue una víctima.

Las amenazas persistieron incluso cuando la familia huyó por vía aérea. “Recibe llamadas en las que le dicen que, al bajar del avión, los van a matar”, relata.

En ese contexto de pánico extremo, Mario tomó decisiones desesperadas. “Decide intentar desviar el avión hacia Estados Unidos porque existía una amenaza directa de que, al aterrizar, los iban a detener y asesinar”.

Un fenómeno extendido

Los secuestros virtuales son un fenómeno ampliamente extendido en el país. “Tenemos altos niveles de inseguridad y violencia; Mario no es el único que ha caído en este tipo de delitos”, afirma el investigador, quien señala que incluso en la UdeG se registran “de tres a cuatro llamadas de extorsión diarias a estudiantes”.

Para la defensa, el origen del caso es claro: un delito de extorsión que colocó a una familia en una situación límite, marcada por el miedo y la violencia psicológica.

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Situación jurídica actual

A Mario se le han retirado los delitos de lesiones en agravio de una sobrecargo, amenazas contra una trabajadora de la aerolínea, secuestro en su modalidad de privación ilegal de la libertad y ataque peligroso. No obstante, permanece recluido en Puente Grande.

Toma medicamentos por secuelas neurológicas y antidepresivos. “Psicológicamente está disminuido, está triste”, dice Serrano de la Vega. “Nunca imaginé que iba a purgar cárcel”, les ha dicho a sus abogados.

Hoy, mientras espera las resoluciones judiciales, Mario sostiene que hablar fue necesario. Para él, narrar lo ocurrido es también una forma de exigir que se investigue a los agentes involucrados. Su caso sigue abierto y, con él, la posibilidad de justicia.



MC

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