DOMINGA.– Los ojos de Gerardo Márquez se llenan de lágrimas mientras se cubre el rostro con las manos. Relatar las dificultades que su familia ha enfrentado por la adicción a las apuestas de su esposa, Cynthia Castillo, no es fácil. Con la voz quebrada lo dice:
“Lo que más me dolió fue la ruptura que hubo entre mi esposa y mis hijos. Me lastimó muchísimo ver cómo la rechazaban, al grado de que casi la corrieron de la casa y no querían hablar con ella”.
La ludopatía no sólo afecta a quien la padece, sino que impacta de manera psicológica y social a los familiares de quien juega y apuesta de manera compulsiva e irrefrenable. La madre ha vivido con la adicción al juego desde hace 20 años, pero su problema se aceleró durante la pandemia, cuando empezó a usar aplicaciones de apuestas y de préstamos en línea.
Apostaba en tragamonedas casi a diario; incluso ignoraba los pendientes importantes. Con el paso del tiempo, comenzó a pedir dinero en estas aplicaciones de dinero rápido, quedándose con una deuda que sobrepasó el millón de pesos.
La economía familiar se vio tan afectada que vendieron autos, empeñaron joyas y muchas cosas más, debido a la adicción al juego. Al no realizar los pagos a tiempo, estas plataformas comenzaron a enviar mensajes intimidatorios a los contactos de Cynthia Castillo, utilizando información que obtenían de su celular y manipulando imágenes para difamarla, lo que generó miedo en casa.
De acuerdo con la Dirección General de Juegos y Sorteos (DGJS), autoridad competente para autorizar, regular, vigilar y resolver los asuntos relacionados con el cumplimiento de la Ley Federal de Juegos y Sorteos y su Reglamento, la ludopatía es una adicción al juego de azar en la que la persona pierde la capacidad de dejar de apostar, aun cuando comprometa su vida personal, social y económica.
Cuando se le pregunta a Cynthia, Valeria y Gerardo, en sus veintipocos años, por el momento más intenso que vivieron con la adicción de su madre, los tres coinciden en un episodio de 2023.
Gerardo, el menor, recuerda la confusión cuando su mamá entró en crisis: gritos a lo lejos, el ambiente tenso. Para Cynthia, en cambio, la escena sigue intacta. Su madre jugaba en un casino en línea desde su celular. Aunque no le gritó, sí alzó la voz.
“Agarró su celular, me lo aventó y me dijo: ‘No me estés hablando así’. Nos peleamos horrible. Se subió a su cuarto y yo fui detrás de ella”, recuerda Cynthia.
Podría parecer una simple escena, pero detrás de ese momento se acumulaban meses, o quizá años, de tensión.
El Instituto Mexicano del Seguro Social advirtió en 2025 que las personas con ludopatía pueden presentar síntomas como irritabilidad, depresión y ansiedad cuando intentan dejar de jugar, lo que no sólo deteriora su bienestar individual, sino que también altera de manera significativa el ambiente familiar.
Cynthia Castillo, la madre de 52 años, cirujana dentista, no olvida aquel instante desde un lugar de profundo dolor: “Sentí que nadie me quería. Nadie”.
En un momento de desesperación, la señora Castillo subió a su habitación para hacer sus maletas.
“Agarré la maleta y se la aventé. Mi hermano sostuvo a mi madre de las manos contra un clóset y le dijo: ‘¡A ver, piensa lo que estás haciendo!’. Y mi mamá nos dijo: ‘Ya me voy, ya me voy’”, rememora la hija mayor.
Lo que ocurrió después tiene, al menos, dos versiones. Ambas nacen del dolor y ninguna puede considerarse absoluta. La madre cuenta que Valeria le gritaba que se fuera y que no la querían ahí. Sin embargo, la joven recuerda la situación distinta. Al hacerlo, rompe en llanto:
“Mi mamá siempre me dice que la corrí de la casa. En realidad no fue así. Ella ya estaba tomando esa decisión, yo estaba tan cansada que sólo le dije: ‘Pues sí, haz lo que quieras, ya vete’”.
Frente a estas dos versiones, la mirada del padre se centra en las consecuencias. Siempre ha buscado mantener la unión, hablar con las chicas y el hijo; pretende hacerles entender que, a pesar de todo, la señora Cynthia sigue siendo su madre. Él mismo admite que Valeria se resistía a ver a su madre, como si quisiera borrarla de su vida.
“Eso es lo que más me dolió –dice el esposo–, exactamente eso: la relación que se rompió y se fracturó muy fuerte entre mis hijos y ella”. En ese instante, la tensión escaló hasta destrozar a la familia.
Gerardo, hijo, recuerda ese día como uno de los momentos más oscuros de su vida. En medio del caos, se enfrentó con su abuelo, quien estaba presente, hasta casi llegar a los golpes, sin imaginar hasta dónde podía escalar la situación. Su madre se ausentó una semana.
El juego absorbe, se convierte en prioridad
La psicoterapeuta en terapia sistémica familiar, Cristina Martínez Parra, directora del Centro Samadhi, una clínica especializada en la rehabilitación de adicciones en Chihuahua, confirma que la ludopatía es una enfermedad que “daña la esfera biológica, psicológica, social y espiritual de la persona”.
Enfatiza las consecuencias emocionales de la adicción al juego y las apuestas, explica que para los ludópatas y sus familias “las repercusiones son graves, no nada más a nivel económico, sino también al emocional; una de las consecuencias más graves que experimentan los familiares de un ludópata es el abandono”.
Cuando una persona está sumida en su adicción, “las necesidades de la familia, de los hijos y de la pareja son dejadas de lado porque para ella lo más importante es la relación que tiene con el juego”, agrega la especialista.
Aunque la DGJS advirtió en 2023 que México no cuenta con estadísticas oficiales que dimensionen con precisión este fenómeno, señala que la ludopatía se ha convertido en un tema de creciente interés científico, debido a la amplia apertura de casas de juego en los últimos años.
Sin embargo, un estudio publicado en 2018 en la revista Salud Mental del Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz estima que 0.3 por ciento de la población, más de 230 mil personas, entre 12 y 65 años, presenta un patrón de juego patológico.
Esta enfermedad puede describirse como una adicción invisible –imperceptible para el paciente–, porque según la doctora Martínez Parra, “menos del 50 por ciento de las personas con este problema lo llegan a reconocer como tal, porque se ve como algo lúdico, no problemático”.
Como otras adicciones, la directora del Centro Samadhi, explica que la ludopatía es progresiva y mortal, y tiene el componente de obsesión y compulsión.
No existe el riesgo de morir por sobredosis o intoxicación, pero hay altas tasas de ideación suicida entre las personas adictas al juego. De hecho, la experta informa que entre 90 y 95 por ciento de los individuos con esta adicción que ingresa a su clínica “han pensado en quitarse la vida o lo han intentado”.
Un hogar de miedo y desconfianza
Los relatos sobre la culminación de la gran pelea entre la mamá y sus hijos coinciden en el fondo, aunque cada voz los narra desde una herida distinta.
Valeria, por su lado, revive ese momento marcado por una sensación de abandono: “Siento que ahí fue justo cuando sentí que no éramos prioridad para ella y que no le importábamos”.
Para Cynthia, la primogénita, esta ausencia se transformó en una confirmación dolorosa; el día en que su madre decidió irse de casa por una semana fue, sin duda, el más difícil y triste que ha vivido. Para su hermano hay una herida aún más profunda que la ausencia física: el silencio.
Gerardo refiere que lo más doloroso no fue que la madre se fuera, sino que no quisiera decirles qué estaba pasando, dejándolos en medio de la incertidumbre y la angustia. La mamá opina exactamente lo mismo, aunque desde otra perspectiva:
“Eso creo que fue lo peor que yo pasé: ver el desprecio de mis hijos”.
Valeria confirma: no hubo gritos ni golpes, sino pérdida de confianza. Las promesas de cambio se repitieron durante mucho tiempo sin cumplirse, hasta volverse parte de la rutina, y eso fue desgastando poco a poco la fe en la palabra de su madre. Su hermano recuerda un momento en el que la afirmación de Valeria cobra aún más sentido:
“Hubo una vez que nos dio una carta a cada uno de la familia, la cual decía: ‘perdónenme, ya no lo voy a hacer’. Y no pasaron ni dos meses y volvió a jugar, a pedir dinero, a las mentiras. Ese fue el punto en el que perdí la confianza total en ella”.
Cynthia, la mayor, relata cómo el impacto de la ludopatía se midió en la manera en la cual se empezó a perder a sí misma.
“No estaba yo en mis cinco sentidos. Estaba muy estresada todo el tiempo. Si mi hermana me decía que iba por un café, no le creía. Siento que era porque yo no confiaba para nada en mi mamá”.
Según la ‘Guía clínica sobre adicciones comportamentales basada en la evidencia’ del Instituto de Investigación Sanitaria del Hospital 12 de Octubre en Madrid, el juego y las apuestas están presentes en todas las sociedades, desde los juegos de mesa hasta los videojuegos y el deporte, siempre asociados al factor diversión. Sin embargo, en algunos casos, esta práctica puede transformarse en una adicción.
Lo que los tres jóvenes Márquez Castillo vivieron no es un hecho aislado: la ludopatía de un familiar impacta de manera silenciosa y constante a quienes conviven con esa realidad.
Otras consecuencias psicológicas y sociales que vivió este núcleo familiar, comenzando por Valeria, fueron que la convivencia se volvió conflictiva. La preocupación inicial dio paso a la indiferencia y al enojo permanente, lo que la llevó a aislarse y volverse más hostil y desconfiada, incluso con sus amigos cercanos.
Para Gerardo, hijo, llegar a casa significaba evitar hablar con su madre, alguien que desde su visión estaba permanentemente estresada, que reaccionaba con explosividad ante cualquier comentario o, en otros momentos, optaba por el silencio absoluto, alejándose y actuando como si nada ocurriera.
Apuestas en línea: la crisis inicia en casa
Cynthia Castillo es ludópata desde hace unos 20 años, pero su problema con el juego aceleró durante la pandemia, cuando empezó a usar aplicaciones de apuestas y de préstamos en línea, como José Cash, Mexicash y Dinero Fácil.
En los últimos meses, Gerardo hijo también comenzó a hacer apuestas deportivas con amigos a través de plataformas digitales. Su hermana mayor no podía creer que él se arriesgaría a apostar después de lo que le había pasado a su mamá, pero él le aseguró que, debido a lo que habían vivido, se imponía límites estrictos:
“Yo veo cómo estuvo la situación, o sea, no es algo que no he vivido. Y pues sí me ha ayudado a controlar. Sí me limito, sí tengo un juego responsable”, asegura el muchacho.
A partir de la pandemia, la doctora Martínez Parra ha observado un incremento en el número de jóvenes menores de 18 años con ludopatía que acuden al Centro Samadhi. Antes de este periodo, la mayoría de los pacientes correspondía a un rango de edad de entre 18 y 30 años.
“(Pero) ya no hay rango específico de edades más propensas: ahora todos son propensos”, advierte.
La psicoterapeuta atribuye este fenómeno al “beneficio/maleficio que nos dejó la pandemia del acceso a fuentes de tecnología”.
El problema no radica únicamente en que las plataformas digitales faciliten el acceso a las apuestas y a los préstamos, explicó Cristina Martínez, sino en que las mismas aplicaciones distorsionan el concepto del dinero y su valor real.
“Pero claro que no, después llegaban los estados de cuenta y pues resultaba que sí era dinero real”, confesó el paciente en un momento dado.
Apostar en línea y recurrir a aplicaciones de préstamos no sólo intensificó la adicción de Cynthia Castillo, sino que también afectó profundamente a su familia. Al no realizar los pagos en tiempo y forma, estas plataformas comenzaban a enviar mensajes amenazantes a sus contactos, utilizando información obtenida de su celular y manipulando imágenes para difamarla, lo que generó miedo.
Las emociones acumuladas durante este periodo eran intensas para todos en casa. La adicción había desestabilizado la convivencia; afectaba tanto a sus hijos como a su esposo, quienes ya no lograban mantener la calma. Ante este escenario de desgaste constante, su hija mayor, decidió buscarle ayuda.
“Le comenté que Jugadores Anónimos es un programa casi igual a Alcohólicos Anónimos, y pues mi mamá dijo: ‘Ok, perfecto, me voy a meter’”, recuerda.
La página oficial de Jugadores Anónimos México se define como “un grupo de hombres y mujeres que comparten mutuamente su experiencia, fuerza y esperanza para resolver su problema común y ayudar a otros a recuperarse de los problemas con las apuestas”.
Aunque la señora Castillo logró mantenerse sin apostar entre marzo y septiembre de 2023, la recuperación no siempre es lineal. Como señala el Manual del Programa de Prevención de Recaídas del gobierno mexicano en 2014 –última referencia oficial sobre recaídas en ludópatas–:
“Una recaída implica una falla en el intento de la persona por mantener el cambio en cualquier conducta”.
Esta definición refleja la dificultad constante que enfrentan quienes buscan dejar atrás la ludopatía. Y para Cynthia Castillo la recaída se hizo evidente, según relata:
“Recaigo el 12 de septiembre. Otra vez vuelvo a jugar, vuelvo a pedir dinero y el 28 de octubre fue cuando dije: ‘Algo está pasando, yo no estoy bien, no puedo parar’. Pero era literal el no poder detenerme, no poder dejar de pedir dinero en las aplicaciones. Mi mente siempre estaba pensando en la hora a la que iría al casino”.
Primer paso: tocar fondo
Según la doctora Martínez Parra, “tocar fondo” es el primer paso para que una persona con adicción reconozca su problema y busque ayuda. Por eso, advierte que la familia debe permitir que ese proceso ocurra.
“Entre las repercusiones graves que comentaba antes, está que los integrantes de la familia empiezan a desarrollar características de algo que se llama codependencia, que es una manera insana y patológica de relacionarse con la persona que tiene el problema.
“Un componente principal para generar cualquier cambio, es que quien tiene el problema se dé cuenta de que es así; quizá la única manera de ayudarla sea dejándole ‘tocar fondo’. Cuando la persona se dé cuenta… es momento de acompañarla a buscar ayuda”, recomienda la psicoterapeuta.
Tras reconocer la gravedad de su situación, Cynthia Castillo decidió buscar ayuda de manera rápida. Reunió a su familia más cercana, incluidos sus padres, y aceptó que ya no podía enfrentar el problema sola. Que necesitaba un cambio urgente. Al ver la determinación con la que hablaba, su familia la apoyó de inmediato y le sugirió buscar una clínica especializada.
Fue entonces cuando, a través del grupo de Jugadores Anónimos, recibió recomendaciones y le hablaron de una clínica ubicada en Chihuahua. Pocos días después, tomó la decisión definitiva de internarse:
“El 4 de noviembre me voy a la clínica, pero puedo decir que cuando a mí me cayó el veinte de decir, ‘estoy mal, no puedo perder a mi familia, necesito ayuda’, lo hice realmente sabiéndolo, estando convencida de que lo quería hacer. Y cuando me fui a la clínica, puedo decir que fueron los 35 mejores días de mi vida”.
Lo que marcó a sus hijos no fue únicamente la ausencia emocional y física de su mamá, sino la manera en que esa ausencia la obligó a ocupar un lugar que no le correspondía.
“Mis hermanos creían que yo la defendía porque no entendemos qué es lo que pasa en su cabeza cuando ella apuesta, ¿no? Entonces yo era la que tenía que poner el orden. Me volví como la mamá cuando ella no estaba”, narra Cynthia, la hija mayor.
Por su parte, Valeria, la mediana, reconoce que, aunque desde la clínica intentaron involucrarla con actividades y cuestionarios, ella prefería no participar.
Finalmente, quienes acompañaron el proceso de manera más directa fueron su hermana Cynthia y su padre. Valeria menciona que en ese momento se sentía desconectada de la situación, y aunque no la enfrentaba directamente, también experimentó cierto alivio al tomar distancia.
Durante el tiempo en que la señora Castillo permaneció en el Centro Samadhi, uno de los efectos que enfrentaron sus hijos se reflejó en su rendimiento académico. A Cynthia, por ejemplo, la situación le afectó personal y socialmente:
“La verdad estaba muy, muy perdida. Empecé a tomar mucho, me drogaba, salía con gente que ni al caso… de repente no iba a la escuela”.
Esto cobra sentido a partir de lo que señala, nuevamente, el artículo Repercusiones familiares del juego patológico: una revisión crítica, del Departamento de Psicología y Pedagogía de la Universidad Pública de Navarra.
En él se explica que, al comparar a los hijos de personas con ludopatía con otros niños y jóvenes de características similares, los primeros presentan un mayor riesgo de adoptar conductas perjudiciales para su salud, como el consumo de alcohol, tabaco y otras drogas.
La ausencia de su madre durante su estancia en la clínica también tuvo un impacto sobre Valeria: bajó su desempeño académico, le resultaba difícil concentrarse y mantenerse motivada. La falta de interés se extendió a otras áreas de su vida, hasta el punto de sentir una especie de vacío emocional que la llevó a desconectarse de sus responsabilidades.
Su hermano menor ingresó al primer semestre de Ingeniería justo cuando su mamá fue internada, lo que lo hizo sentirse completamente solo. Al no tener con quién expresar lo que estaba viviendo, sus calificaciones comenzaron a bajar. Sin embargo, con el regreso de su madre a casa y a medida que avanzaba su proceso de tratamiento, logró recuperar su nivel académico y la confianza.
Del daño a la recuperación
La historia de esta familia evidencia cómo la ludopatía no sólo afecta a quien la padece, sino que deja marcas profundas en quienes rodean al adicto. El aumento constante en la práctica de las apuestas, tanto en espacios físicos como en plataformas digitales, convierte a esta adicción en un problema creciente para México, con consecuencias en el entorno familiar y social.
Cynthia Castillo lleva ya dos años sin apostar y, cada día, ella junto con su familia, trabaja para recuperarse de las consecuencias de su adicción.
“Quiero expresar ese cariño que les tengo, quiero recuperar su confianza, su cariño. El día que puedan decir: ‘Estoy orgullosa de mi mamá’, va a ser lo mejor que me puede pasar”, dice con franca emoción.
Su hija mayor considera que compartir esta experiencia podría ayudar a otras personas que atraviesan situaciones similares. Y sí, expresa orgullo por el esfuerzo de su madre y reafirma su apoyo incondicional, dejando claro que, pase lo que pase, seguirá a su lado.
Sus cuitas, como las de muchas otras familias, demuestran que nadie está realmente preparado para enfrentar en soledad un problema que crece en silencio y consume a todos a su alrededor.
“Tengan mucho cuidado, las personas jóvenes, mucho cuidado; si sienten que no pueden más, busquen ayuda. Tienen que escuchar a gente que ha pasado por todos esos problemas, por todo ese infierno que se experimenta, para que no caigan en eso y puedan tener una vida tranquila”, expresa la señora Cynthia.
Y por su parte, Gerardo, el padre, con una sensación de alivio y alegría luego de recapitular lo vivido, sugiere estar atentos, porque “le puede pasar a cualquiera de nosotros y la idea es siempre apoyarnos. Somos familia y somos los únicos que siempre van a estar”.
Las adicciones no sólo afectan a quien las padece, sino que ponen a prueba a todo el entorno familiar y de amistades. Estos testimonios muestran que el apoyo cercano y la búsqueda de ayuda pueden ser determinantes para abrir la posibilidad de empezar de nuevo.
Fact checking: JRH / MD