La palabra justicia surge entre las columnas de la rotonda de los hidalguenses ilustres, pronunciada por miles de mujeres que mantienen vivo al contingente este 8 de marzo en Pachuca.
Altavoces, puños en alto, gritos, poemas que escribieron para el 8M, mariposas multicolores, mantas y cartulinas con la frase “esas morras si me representan”. Y ruido, la marcha hace mucho ruido por aquellas que ya no lograron estar aquí.
Sus voces forman un mar de historias que invade las calles de la capital. “Ella fue feminista y quería hacer un cambio en Calnali, pero le cortaron las alas”, “el padre de mis hijos no me deja verlos” y “voy a usar la voz por mi amiga que ya no está”.
Todo impacta a la vista y al oído como una marea morada, viva y vibrante, hasta dar paso a los testimonios de violencia y de lucha que, sino fuera por estos eventos, las mujeres no tendrían la oportunidad de hacerlos públicos, así, en la calle, entre gritos de justicia.
La hermandad de la manada que apoya a la mujer que en esta ocasión tiene el altavoz entre sus manos temblorosas para contar su historia, por más difícil y desgarradora que sea.
“Somos tres hijas que buscan justicia para nuestra madre. La encontramos desnuda, la aventaron a un cerro como un animal. Nosotras la hayamos, no la policía”.
Pronto el color violeta del humo, así como de los carteles y de las prendas de vestir envuelven al monumento de los hombres ilustres con la finalidad de exigir justicia por los feminicidios y las víctimas de violencia.
Previo a ello, las mujeres se reunieron en el monumento a la mujer, donde instalaron un tendedero de denuncia, enumeraron casos de abuso sexual y hostigamiento por medio de fotografías de los acosadores.
El contingente no anunció su ruta, ya que autoridades colocaron vallas metálicas alrededor del palacio de gobierno y del Reloj Monumental de Pachuca para evitar que, como el año pasado, retiraran las protecciones y las mujeres intervinieran los muros.
Por tanto, desde las alturas el río de las Avenidas parecía un caudal de agua morada, invadida por miles de voces que iniciaron una frase y que pronto se perdió con otra y otra más. “Ni perdón ni olvido al estado y al macho violador”, “somos las nietas de las brujas que no pudieron quemar” y “no que no, si que si, ya volvimos a salir”.
“Nos quitaron a nuestra madre. No es justo. No nos han dado los resultados forenses para saber que le hicieron antes de aventarla al monte”, termina el testimonio para ceder el megáfono a otra mujer, quien, después de reunir valor y fuerza así inicia su relato: Me llamo Ana…