Millones en el mundo continúan excluidos del transporte: OCDE

Foro Internacional del Transporte señala a más de mil 300 millones de personas con alguna discapacidad y que enfrentan barreras para desplazarse

Accesibilidad no sólo favorece a personas con discapacidad, también por edad, limitaciones físicas, embarazo y viajeros. (Jorge Sánchez)
Ciudad de México /

La verdadera prueba de un sistema de transporte no es cuántas rampas tiene, cuántos elevadores o cuántos autobuses adaptados incorporó. La pregunta es mucho más simple: ¿puede una persona completar todo su recorrido sin encontrar una barrera que le impida llegar a su destino?

Esa es la conclusión central del estudio Delivering Accessibility that Works -traducido como Accesibilidad que realmente funciona- elaborado por el International Transport Forum (ITF) de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). El documento sostiene que millones de personas continúan excluidas de la movilidad porque las políticas públicas suelen concentrarse en obras aisladas y no en la experiencia completa del usuario.

La investigación parte de una realidad contundente. Más de mil 300 millones de personas viven actualmente con alguna discapacidad en el mundo y la cifra continuará creciendo conforme avance el envejecimiento poblacional. Para la OCDE, esta situación obliga a replantear la forma  en que gobiernos y ciudades diseñan sus sistemas de transporte.

El informe advierte que la accesibilidad sigue siendo tratada como un elemento complementario cuando debería formar parte de la estructura básica de cualquier proyecto de movilidad. En otras palabras, las ciudades continúan adaptando sistemas que originalmente no fueron concebidos para todos los usuariosUno de los hallazgos más relevantes del estudio es que la accesibilidad no fracasa por falta de tecnología, sino por falta de coordinación en el sistema.

“Si un elemento de la cadena de viaje se rompe, todo el trayecto se vuelve inaccesible”, señala el documento al explicar que un autobús adaptado pierde utilidad cuando la banqueta es intransitable, una estación carece de elevador o un sistema de información resulta incomprensible para determinados usuarios.

La OCDE denomina este fenómeno como la “cadena del viaje accesible”, una visión que analiza el desplazamiento completo de una persona desde que sale de casa hasta que llega a su destino. Bajo esa lógica, la accesibilidad deja de ser un asunto exclusivo de personas con discapacidad.

El estudio documenta que adultos mayores, mujeres embarazadas, personas con carriolas, viajeros con equipaje e incluso ciudadanos con lesiones temporales enfrentan problemas similares cuando la infraestructura urbana presenta obstáculos.

Integración de políticas

La investigación identifica cuáles son los factores que determinan el éxito o fracaso de las políticas de accesibilidad. El primero es el financiamiento pues los proyectos que dependen de recursos extraordinarios o temporales suelen quedar inconclusos o deteriorarse con rapidez. En contraste, los programas que incorporan recursos permanentes desde la fase de diseño muestran mejores resultados a largo plazo.

El segundo elemento es la coordinación institucional. La OCDE observa que las responsabilidades suelen estar repartidas entre múltiples dependencias, operadores y niveles de gobierno.

Un tercer factor es la participación de las propias personas con discapacidad en el diseño de las políticas públicas. El documento sostiene que muchas inversiones fracasan porque son diseñadas desde oficinas gubernamentales sin considerar la experiencia cotidiana de quienes enfrentan barreras físicas o informativas.

Otro de los problemas identificados es la falta de datos. Numerosos gobiernos desconocen cuántas personas enfrentan obstáculos de movilidad, las barreras más frecuentes o qué intervenciones producen mejores resultados.

Sin información confiable resulta difícil planear inversiones efectivas y evaluar su impacto. El mantenimiento constituye otro de los puntos críticos. De esta forma la OCDE advierte que una estación considerada accesible puede perder esa condición si un elevador permanece descompuesto durante semanas, si las rampas no reciben mantenimiento o si los sistemas de información dejan de funcionar.

Por ello, el organismo insiste en que la accesibilidad no debe medirse por la existencia de infraestructura instalada, sino por su funcionamiento cotidiano. La investigación también analiza diversos casos internacionales para demostrar que las mejoras en accesibilidad generan beneficios económicos y sociales que van mucho más allá del transporte.

El informe concluye que las ciudades que incorporan la accesibilidad desde la planeación inicial obtienen mejores resultados que aquellas que intentan corregir problemas después de construir la infraestructura.

  • Miguel Ángel Puértolas

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