La mortandad de peces en el norte de Veracruz pudo evitarse... pero no llegan los expertos

Crisis ambiental. Habitantes del ejido Mata de la Monteada, en Pánuco, Veracruz, ya no aguantan los fétidos olores y temen por su salud, además que exigen que vaya la autoridad

Mortandad de peces en norte de Veracruz. Foto: Mario Juárez
Mario Juárez
Pánuco /

La aparición de miles de peces muertos en el ejido Mata de la Monteada, municipio de Pánuco, en Veracruz, ha encendido las alertas entre pescadores de la zona quienes señalan que la magnitud del problema pudo haberse contenido desde sus primeras manifestaciones. 

Desde hace más de una semana, la mortandad se ha extendido a lo largo del dique El Camalote, dejando una escena crítica en las orillas, donde los ejemplares son arrastrados por la corriente y se acumulan en grandes cantidades, generando además olores fétidos que afectan a los habitantes. 

De acuerdo con los propios pescadores, el fenómeno estaría relacionado con un incremento en los niveles de salinidad, derivado de un desbalance en el flujo de agua entre el río Pánuco y el sistema lagunario del Tamesí, el cual depende del adecuado manejo de compuertas en esta zona de transición. Aunque no descartan que podría haber relación con el derrame de hidrocarburo registrado recientemente en el Golfo de México.

Tratan de llevar los peces que puedan hacia aguas más dulces

“Está por todos lados, son toneladas. No hay paso de agua dulce, el pescado quiere el agua dulce. Todos los conductos están cerrados”, señaló Evelio Pérez Segura quien, cuenta, lleva toda una vida pescando. 

En su intento por sobrevivir, los peces buscan desplazarse hacia áreas de agua dulce; sin embargo, muchos no logran resistir el cambio de condiciones, algunos se golpean contra estructuras o el terreno, mientras que otros mueren antes de lograrlo. Evelio sostiene una jaibera y, con cuidado, traslada algunos peces hacia el agua dulce. 

La misma labor la replican otros compañeros de la comunidad, donde se estima que hay más de cien pescadores. “No hay jaiba, no hay nada ahorita de peces, será un año complicado”, lamenta. 

La afectación no solo es ambiental, sino también económica, pues pescadores aseguran que la pérdida de ejemplares, incluidas crías, impactará directamente en la actividad de las próximas semanas, reduciendo las posibilidades de captura y afectando el sustento de decenas de familias. 

A esta situación se suma la incertidumbre en comunidades donde la pesca representa una alternativa ante la finalización de ciclos agrícolas. “Ninguno se para de las autoridades de pesca, en primer punto aquí debe venir un biólogo, tiene que venir uno de ecología para ver la contaminación, ninguno viene”, reclama Emilio García, pescador veterano. 

Los afectados también cuestionan la respuesta de las autoridades, al señalar que, pese a los reportes realizados desde hace más de una semana, las acciones han sido tardías, aunque ya se ha comenzado con la apertura controlada de compuertas, consideran que la intervención debió realizarse desde el inicio para evitar que la mortandad alcanzara estos niveles. 

“En un futuro esto nos va a afectar, mucho dicen que es por el agua salada, otras personas dicen que es a consecuencia del derrame del petróleo crudo”, subrayó Rodrigo Hernández Barbosa, otro pescador. 

Mientras tanto, el deterioro del cuerpo de agua persiste, dejando al descubierto un ecosistema en crisis y a una actividad pesquera que lucha por mantenerse a flote frente a uno de sus momentos más críticos.

yc

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