• El asesino silencioso de los árboles en la CdMx: el muérdago ya está en todas partes

  • El muérdago afecta a cerca de 60% de los árboles de la CdMx, entre jacarandas, fresnos y ahuehuetes. Antes de plantar más, habría que salvar primero a los que aún sobreviven.
Cristina Salmerón
Ciudad de México /
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DOMINGA.– Amores es de las calles que más jacarandas floreadas presume cada inicio de primavera en la colonia Del Valle. Pero este 2026 la mitad de ellas se quedaron pausadas en verde, apenas un tímido color lila se dibujó en las puntas. Mucho menos hubo el tapete de flores lila que dejan en el suelo. Basta alzar la mirada para ver la razón: el muérdago acapara sus copas y las aprisiona. Pero el muérdago no sólo ataca a las jacarandas: está en cerca del 60% de los árboles de la Ciudad de México, según datos de la Secretaría de Medio Ambiente (Sedema) de la capital.

Debido a la cultura griega, al muérdago se le conoce como símbolo de protección, amor y nuevos comienzos; en la cultura estadounidense, “para que alguien te bese debajo de una rama en Navidad”. Pero en la Ciudad de México se ha vuelto pesadilla. Por medio de sus tallos largos la planta semiparásita se trenza en las ramas y se extiende por el follaje. Mientras más crece, más cara y difícil resulta de mermar.

En colonias como la Del Valle, Santa María la Ribera, Narvarte, Roma, Condesa, Juárez –de las más arboladas y que están en el ojo público por la gentrificación–, es más visible esta plaga que resulta difícil de quitar cuando ya se ha dejado crecer. Sin embargo, también zonas de Coyoacán, Tlalpan, Xochimilco y Venustiano Carranza tienen graves afectaciones, según la Sedema.

Jardines del Centro Cultural Jaime Torres Bodet con plaga de muérdago | Cristina Salmerón

El peor escenario de un ataque de muérdago es dejar un árbol seco y muerto. “Se van secando las ramas más afectadas y se van cayendo poco a poco. Si bien los árboles afectados por muérdago no suelen caerse completos desde la raíz, si un árbol muere por muérdago se convierte en un árbol de riesgo. Lo que más llega a pasar es que las ramas más grandes se caen y pueden aplastar a una persona o a un coche”, dice Francisco Arjona, ingeniero ambiental, arborista y creador de Árboles de la Ciudad de México, proyecto de divulgación en redes sociales.

El problema no es reciente y tiene que ver con el crecimiento de la mancha urbana. La propagación en la ciudad debe llevar unos veinticinco años. “Es la plaga más extendida y, a nivel ciudad, es la más importante de resolver. Es la que afecta a casi todas las especies. Hay plagas mortales que arrasan con una especie, pero se concentran en una sola, como pasó con las palmeras. El muérdago sería la más urgente ahora porque da el brinco rápido de una especie a otra”.

La mancha urbana que se comió al bosque

Observa la copa de los árboles, ¿hay muérdago?, es probable que el árbol de al lado también lo tenga, y el de al lado de ese y así, como reacción en cadena. Es fácil de reconocer: grandes nidos o abultamientos o enredaderas que cuelgan. Gracias al haustorio (un hongo-raíz que tienen las plantas parásitas y hemiparásitas) se pega a las ramas. Cuando ya está instalada, aparece el mucílago (fruto del muérdago) que en su madurez se pone rojo. La frutilla tiene un interior pegajoso que le permite multiplicarse por sí sola: al caer se adhiere a otras ramas y se empieza a desarrollar. Aunque suelen ser las aves las que más ayudan a su propagación.

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Cuando algún ave se posa sobre el mucílago o lo ingiere, las semillas quedan adheridas a su pico, a sus plumas o lo defecan. Al posarse en otro árbol, dejan ahí la semilla que germina fácilmente, explica Diana Marchal, arborista y socia de la Asociación Mexicana de Arboricultura. “Aunque así es, a nosotros no nos gusta echarle la culpa a las aves, porque la gente se puede ir en contra de ellas y es un ciclo natural; la culpa es del olvido en que tienen a los árboles”.

Al tener hojas carnosas requieren mucha agua. El muérdago roba el sustrato a los árboles, su agua, sales minerales y nutrientes. Absorben todo eso que el árbol necesita y que por sí solo no puede obtener, los va secando poco a poco hasta matarlos. Francisco Arjona explica que el muérdago es una planta que habita principalmente en los bosques pero, conforme la ciudad ha crecido y llegado a invadir las zonas boscosas, le ha dado oportunidad de establecerse en las zonas urbanas.

De acuerdo con el ingeniero ambiental, hay ocho tipos de muérdago, pero en la ciudad, el Struthanthus interruptus es el más común y el que afecta a más árboles como fresnos, jacarandas, ficus, laureles de la India, truenos, olmos chinos, colorines, etc. Otra especie muy extendida es la Cladocolea loniceroides, esta afecta a los álamos, ahuejotes, sauces, aunque pueden invadir a otras especies.

En la cultura occidental al muérdago se le conoce como símbolo de protección, amor y nuevos comienzos | Cuartoscuro

“Se ha identificado que ya hay Psittacanthus calyculatus y Phoradendron, también nativas de los bosques. Han migrado desde la zona de Milpa Alta hacia el sur poniente. Los árboles de la ciudad, al estar en peores condiciones que las zonas boscosas, son más susceptibles de verse afectados por cualquier plaga”, dice Arjona.

No existen árboles inmunes al muérdago pero hay algunos que son más fuertes. De acuerdo con la arborista Marchal, uno de los que no aceptaba ningún tipo de muérdago era los liquidámbares, pero hace como cinco años hicieron una reforestación con estas especies de Michoacán y trajeron también otra especie de muérdago a la capital. Entre esos pocos resistentes están los ficus y los fresnos.

Con el crecimiento urbano, crece la plaga de muérdago. Recién el pasado 26 de agosto entró en vigor la nueva delimitación de la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM), que incluye las dieciséis alcaldías capitalinas más 84 demarcaciones tras incorporar a ocho nuevos municipios de Hidalgo y Morelos.

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Desde los años cincuenta la urbe dejó de comprender sólo el territorio del entonces Distrito Federal y actualmente incorpora cuatro entidades entre el Estado de México y las ya mencionadas. El Consejo Nacional de Población ha hecho proyecciones donde considera que la superficie de la nueva ZMVM es de casi 918 mil hectáreas y la habitamos casi veintitrés millones de personas. Con tal crecimiento, los bosques de la periferia han quedado invadidos por pavimento y edificaciones.

Existía entonces un escudo natural formado por la cantidad de árboles juntos, el sotobosque y en general ese hábitat donde el muérdago puede ser menos dañino debido a la regulación biológica, pero esa capacidad se pierde al quedar atrapados en cuadritos de tierra delimitados por cemento, estresados por la contaminación de la ciudad.

El peor ataque de muérdago es ver un árbol seco y muerto

Diana Marchal usa casco, chaleco y botas protectoras. Es especialista en podar y cuidar árboles de todo tipo, en su trayectoria ha tenido que retirar muérdago de muchos de ellos. En una tarde de junio, supervisa el retiro de la planta semiparásita de un ahuehuete que tiene más de cincuenta años dentro de un predio particular.

El muérdago puede acabar con los árboles: es una planta semiparásita que se enreda en las ramas | Cristina Salmerón

“¡Ahí va la ramona, despejen el área!”, grita Nico, su asistente, desde lo alto del ahuehuete. De inmediato caen ramas casi secas envueltas en muérdago. La poda final ha llenado casi la mitad de un camión de redilas. Han cuidado que ningún mucílago quede por ahí. El muérdago y su fruto tienen que quitarse por completo o de nada sirve, porque vuelve a crecer con facilidad.

“No sólo jala agua, sino que engaña al árbol pensando que es parte de él. Hay veces que encontramos muérdago seco, muerto, porque el árbol logró compartimentar, se dio cuenta de que era un extraño, o fue una invasión muy agresiva y lo mata, pero eso casi no pasa”, dice Marchal.

No puede eliminarse fácilmente la plaga de muérdago debido a varias razones. La primera es que es caro y difícil de quitar, además de que requiere de personal especializado. La segunda es un tema político.


La responsabilidad de quitar el muérdago depende de la ubicación de los árboles. En su mayoría ocupa a las alcaldías, pero los árboles en las avenidas principales corresponden al gobierno central mediante la Secretaría de Obras y Servicios, así como las áreas de valor ambiental y áreas naturales protegidas. Sólo los parques nacionales, como el del Cerro de la Estrella o la Sierra de Guadalupe, corresponden a la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, de competencia federal. Si el árbol está en un predio particular, toca a los vecinos.

Todas estas divisiones han hecho que el problema se vuelva más complejo y se diluya la responsabilidad. El actuar está presente pero pocas personas se toman el tiempo de hacerlo fuera de su propiedad, a veces ni dentro, y si lo hacen, no siempre obtienen la respuesta esperada por parte de las autoridades.

“Si se quiere podar por muérdago un árbol que está en la calle, hay que meter una solicitud a la alcaldía. Se suele contratar a un dictaminador que lleva el dictamen a la alcaldía para obtener una autorización y luego de eso tienen veinte días hábiles para ejecutar el trabajo”, explica Arjona. Un trámite de poda en la alcaldía Benito Juárez puede llevar cerca de dos meses y al menos cuatro visitas.
El muérdago afecta a cerca de 60% de los árboles de la CdMx, entre jacarandas, fresnos y ahuehuetes. | Cuartoscuro

El peor escenario de un ataque de muérdago es ver un árbol seco y muerto más los riesgos asociados. Los árboles afectados no suelen caerse completos desde la raíz, pero si un árbol muere por muérdago se convierte en un árbol de riesgo. “La ciudadanía sí debería estar más pendiente. La realidad es que no mucha gente lo hace por el tiempo y esfuerzo que implica denunciarlo. Sin embargo, entre más quejas se presenten, es probable que se voltee a ver más el problema”, dice el también divulgador científico.

Un millón de árboles nuevos en la CdMx

La calle Colima en la Roma Norte es de las que tienen mayor plusvalía en la ciudad. Con departamentos de lujo, boutiques y restaurantes Michelin, muestra su arbolado de jacarandas, fresnos y truenos repletos de muérdago. La planta semiparásita cuelga sobre las terrazas. Ni turistas ni locales se percatan del escenario.

Algo similar ocurre en la alcaldía Miguel Hidalgo, los jardines del Centro Cultural Jaime Torres Bodet, dentro de la Unidad Zacatenco del Instituto Politécnico Nacional. Un árbol tras otro padecen el muérdago que los está secando. El corredor de las vías del tren que recorre la Ampliación Granda tiene también un arbolado envidiable para muchas otras colonias del suroriente, pero no se salva de la plaga.

Este agosto, la presidenta Claudia Sheinbaum inició la Jornada Nacional de Reforestación 2026 para sembrar 6.6 millones en las 32 entidades del país.

Días después, la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada, se sumó a esta tarea con el arranque del Programa de Reforestación Urbana 2026, el cual tiene como meta plantar un millón de árboles al concluir la administración, en 2030, en espacios urbanos de toda la capital. “Nos hemos propuesto plantar millones de árboles en suelo de conservación. También nos hemos planteado que, en la zona urbana, que es la más difícil, plantemos un millón de árboles en estos años que vamos a estar al frente del gobierno”, dijo Brugada en su conferencia de prensa en la Unidad Habitacional Infonavit Iztacalco.

La idea es que con esta reforestación urbana se cumpla con la regla internacional 3-30-300, lo que implica que desde cada ventana o puerta se puedan observar tres árboles; que todas las colonias tengan 30% de cobertura arbórea, y que todos los hogares tengan un parque o área verde a menos de 300 metros. Lo que no aclaró es en qué condiciones estarán estos. La estrategia tendrá una meta anual de 200 mil árboles y priorizará alcaldías del oriente con menor disponibilidad de espacios verdes. Incluso propuso la compra de lotes para hacer parques urbanos.

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Francisco Arjona desconoce cuál será la paleta vegetal que tendrá el Gobierno de la CDMX, pero podría apuntar a árboles nativos y la restitución de palmeras.

El experto explica que para el gobierno ha sido difícil empezar un programa para quitar el muérdago. “Si se da un presupuesto de, digamos, diez millones de pesos, ¿dónde empiezas?, ¿a qué zona le das prioridad? Lo que se suele hacer es darle prioridad a las áreas que normalmente están más cuidadas, pero hay colonias más periféricas que tienen pocos árboles y que se requiere que se atienda también”.

El primer paso para atacar el muérdago sería detectar las zonas más afectadas y ver el presupuesto necesario para actuar ahí. “Esto sería más efectivo porque si se trabaja desde el presupuesto, hay que tomar decisiones más controversiales. Y desafortunadamente, el muérdago no puede quitarse un poco en una zona y otro poco en otra. Quitarlo parcialmente no sirve de nada porque se propaga rápido”.

Como suele suceder las dificultades políticas han frenado esta solución que se difumina entre las autoridades. Hacer un programa general tampoco ha sido posible porque no se logran poner de acuerdo las alcaldías con gobiernos contrarios. “El muérdago no se va a ir por arte de magia, va a seguir creciendo y expandiéndose”, dice Marchal mientras aprieta en sus dedos un mucílago pegajoso.

Programa de Saneamiento del Arbolado del Paseo de la Reforma en el tramo Torre Mayor- Insurgentes, debido a la plaga de muérdago | Cuartoscuro

La desigualdad verde

En la Ciudad de México existen escenarios de desigualdad evidentes, uno es el acceso a calles arboladas y caminables, parques y áreas verdes. Más de la mitad de los parques y jardines funcionales están en demarcaciones de ingresos medios y altos, mientras que alcaldías como Gustavo A. Madero, Venustiano Carranza o Iztacalco tienen pocos árboles. Esta última es la que menos árboles tiene, de ahí que Brugada hiciera su conferencia en esa localidad.

Tener acceso a parques y calles arboladas es un privilegio que no es sólo visual. Está demostrado que los espacios verdes actúan contra las altas temperaturas, aportan sombra y biodiversidad. Sin embargo, es en las zonas más arboladas donde ahora es más notorio el problema del muérdago.

“La Roma, a pesar de ser de las colonias con más atractivo turístico, con más historia y poder económico, está repleta de muérdago. Lo mismo la Condesa. La Santa María la Ribera, en un proceso de gentrificación, se ha puesto un poco más el ojo ahí y ahora es notoria la afectación de los árboles. Siento que la mejorcita tal vez sea la Miguel Hidalgo, sobre todo en las zonas donde hay más dinero y más interés en conservarlas bien”, dice Arjona.
“A la alcaldía Cuauhtémoc nunca le ha interesado quitar el muérdago. Es notorio que colonias como la Agrícola Oriental no tienen tantos árboles y parques, pero justo eso obliga a que se ponga más atención en los que hay”, agrega.
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Diana Marchal acepta que para poder terminar con la plaga hace falta presupuesto y personal, pero este combo suele atender con urgencia cuestiones más de riesgo inmediato o intereses políticos.

Pagar la poda por muérdago en un árbol es variable. Depende de la altura, de la facilidad de subir con escalera o de si es preciso colgarse o si hay ramas secas… es todo un juego de factores, pero en un servicio profesional puede rondar los 10 mil pesos. Se han hecho intentos de acabar la plaga sin podar. Marchal tuvo la oportunidad de ver unos disparadores tipo rifle con cápsulas que se lanzan para matar a la planta. “El problema es que sólo se mueren las hojas, no muere el haustorio, el hongo-raíz, entonces de todas formas hay que subirse y quitarlo porque volverá a salir”.

Es difícil encontrar un árbol muerto y saber exactamente de qué murió. Cuando se ve uno completamente seco, la muerte suele deberse a varios factores, pero la estadística actual nos indica que el muérdago está abonando en gran medida.

Hay un siguiente enemigo que avanza lentamente entre las plagas de la Ciudad de México. Es el Cuscuta corymbosa, parecen serpentinas amarillas, son plantas totalmente parásitas y pueden ser más terribles con los árboles que el muérdago. Se tienen que podar y no dejar ni un milímetro de la planta. Ha llegado igualmente de la zona boscosa pero ya comienzan a verse ejemplares afectados.

La historia de una ciudad puede contarse por medio de sus árboles. La capital del país ya está viviendo el fin de las palmeras que habitaron por cerca de un siglo. La reforestación próxima es un paso adelante pero nunca será sólido si los árboles existentes siguen muriendo de a poco a causa del muérdago.

GSC


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