• #8M: Ocho mujeres que han marcado la historia de México

La historia del país no se puede resumir en tan sólo ocho mujeres, pero en conmemoración al Día Internacional, hablaremos de algunas cuyo papel ha sido fundamental en México.

Humberto Cruz González y
México /

El 8 de marzo de cada año se conmemora el Día Internacional de la Mujer, una fecha reconocida oficialmente por la Organización de las Naciones Unidas (ONU). 

En México, organizaciones de la sociedad civil, colectivos y miles de mujeres acostumbran a salir a marchar para exigir justicia y mayor igualdad de género. Aunque aún existen áreas de oportunidad, cada año se logran avances significativos para la comunidad. 

Millones de mujeres, desde sus trincheras, contribuyen a la construcción de un mejor país, más libre y seguro para todas y todos, pero algunas han abierto camino para que muchas más no encuentren limitantes en la construcción de sus proyectos y sueños personales.

Es por eso que MILENIO hace un recuento de ocho mujeres mexicanas que han contribuido a enaltecer la figura femenina en el país y en el mundo. 

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1. Claudia Sheinbaum Pardo: la primera mujer presidenta

En 2024, México alcanzó un hito histórico, ya que por primera vez —en más de dos siglos de vida republicana— una mujer asumió el Poder Ejecutivo Federal.

Claudia Sheinbaum Pardo se convirtió en la primera mujer presidenta de México, poniendo fin a la racha de dirigentes varones desde el inicio de la República. 

Su elección representó un punto de inflexión en la historia política nacional, al consolidarse como un referente para las mexicanas y fortalecer la presencia femenina en los más altos cargos públicos.

Las elecciones de 2024 no solo resultaron trascendentales por su resultado, sino también porque se registró una alta participación de votantes mujeres, lo cual reflejó un creciente involucramiento del sector femenino en la vida democrática nacional.

Este contexto de liderazgo, también se vio reforzado en otros poderes de la Unión: durante su investidura, figuras femeninas encabezaron ceremonias protocolares que en el pasado habían estado dominadas por hombres.

Claudia Sheinbaum tomó posesión de la presidencia en octubre de 2024, luego de una contienda electoral en la que obtuvo un amplio respaldo ciudadano.

Uno de los actos más emblemáticos del calendario político y cultural de México es la ceremonia del Grito de Independencia, realizada cada 15 de septiembre desde el balcón del Palacio Nacional.

En 2025, Sheinbaum hizo historia nuevamente al convertirse en la primera mujer en encabezar este evento centenario. Durante la ceremonia, pronunció las arengas tradicionales y rindió homenaje no solo a los héroes de la Independencia, sino también a las heroínas y a las mujeres que han sido parte fundamental de la construcción de la patria.

Su primer grito fue distinto en varios sentidos: incluyó referencias explícitas a mujeres insurgentes como Gertrudis Bocanegra y Manuela Medina, y también enfatizó la presencia de heroínas anónimas, indígenas y migrantes, lo que amplió la narrativa tradicional de la celebración hacia una visión más inclusiva de la historia nacional.

Antes de 2025, en más de dos siglos de independencia, ninguna mujer había encabezado el Grito de Independencia desde el balcón presidencial. El acto de Sheinbaum no solo rompió un patrón histórico, sino que también colocó a las mujeres en el centro de una tradición nacional que simboliza la libertad y la soberanía de México.

Claudia Sheinbaum es el ejemplo de que las mujeres pueden involucrarse en la vida política del paí | Ariana Pérez.

2. Leona Vicario: una figura esencial de la Independencia de México

Leona Vicario, cuyo nombre completo fue María de la Soledad Leona Camila Vicario Fernández de San Salvador, nació el 10 de abril de 1789 en la Ciudad de México y se convirtió en una de las figuras más destacadas de la Independencia.

Desde joven, Vicario desafió los roles tradicionales que se asignaban a las mujeres de su tiempo. Gracias a su educación en Bellas Artes y Ciencias, desarrolló un agudo sentido crítico y se dedicó al periodismo, actividad poco común para una mujer en esa época.

A través de sus publicaciones en periódicos como El Semanario Patriótico Americano, El Federalista y El Ilustrador Americano, Vicario no solo destacó por su pluma, sino que también estableció vínculos con miembros del movimiento insurgente.

Cuando estalló la Guerra de Independencia, decidió sumarse activamente al movimiento insurgente. Desde la Ciudad de México apoyó la causa proporcionando información estratégica, recursos económicos y bienes para fortalecer a los rebeldes.

Su participación fue tan intensa que en 1813 la señalaron por conspiración, por lo cual fue encarcelada por las autoridades virreinales. Sin embargo, logró escapar y continuar luchando al lado de figuras como José María Morelos y Pavón.

Al igual que a muchos otros insurgentes, a Vicario y a su esposo, el también independentista Andrés Quintana Roo, se les ofreció el indulto a cambio de abandonar la causa; sin embargo, rechazaron la propuesta y siguieron comprometidos con la lucha.

Tras la consumación de la Independencia, el gobierno reconoció su valentía y compromiso con la libertad. Fue declarada Benemérita y Dulcísima Madre de la Patria, distinción oficial que subraya su importancia en la historia nacional.

La presidenta Claudia Sheinbaum mencionó a Leona Vicario durante la ceremonia del Grito de Independencia del 15 de septiembre de 2025, destacándola como una heroína fundamental del movimiento independentista.

Cabe mencionar que el retrato de Vicario fue colocado por primera vez en la galería principal del Palacio Nacional, lo cual significó un nuevo símbolo de reconocimiento a su legado.

Retrato de Leona Vicario llega por primera vez a galería de Palacio Nacional

3. Frida Kahlo: arte, identidad y ruptura

Nacida en 1907 en Coyoacán, Frida Kahlo se convirtió en una de las artistas mexicanas más influyentes del siglo XX. Su obra trascendió el lienzo y se consolidó como un símbolo cultural de México en el mundo. De acuerdo con la Secretaría de Educación Pública (SEP), su legado no solo es artístico, sino también profundamente social.

“Frida Kahlo proyectó la riqueza cultural mexicana a nivel internacional y se consolidó como referente de identidad nacional”, destaca la SEP.

Su pintura estuvo marcada por la introspección. A través de autorretratos y escenas cargadas de simbolismo, abordó temas como el dolor físico —tras el accidente que cambió su vida—, la maternidad frustrada, la identidad y la pertenencia. Pero más allá de lo personal, su obra situó en el centro la experiencia femenina, algo inusual en el arte de su tiempo.

La Universidad de Sevilla la ubica como una figura clave dentro de una visión feminista del arte. Esta consideración responde a la manera en que Kahlo desafió los estereotipos de género, representó su cuerpo sin idealizaciones, cuestionó los roles tradicionales impuestos a la mujer y defendió su autonomía creativa en un entorno dominado por hombres.

Además, su vida personal rompió con las normas sociales de su época. Un análisis publicado por la Universidad Nacional Autónoma de México aborda su identidad bisexual, su postura política revolucionaria y su confrontación abierta con la heteronorma de su tiempo. A lo largo de su vida, Frida asumió públicamente su libertad afectiva y sexual, integrándola también en su narrativa artística.

Su figura, por lo tanto, no solo representa a una pintora de renombre, sino a una mujer que convirtió su existencia en una declaración política. Desde el arte, enalteció el rol femenino y abrió espacios de representación que siguen vigentes en el debate contemporáneo sobre género e identidad.

Su imagen y su obra continúan recorriendo museos y exposiciones internacionales, consolidándola como un símbolo de resistencia cultural, autenticidad y emancipación femenina.

La vida de Frida Kahlo, pintora mexicana reconocida internacionalmente por su estilo único

​4. Josefa Ortiz: la voz decisiva de la Independencia

En la antesala del 16 de septiembre de 1810, una advertencia oportuna cambió el curso de la historia: Josefa Ortiz, corregidora de Querétaro, envió un mensaje crucial a los insurgentes para informar que la conspiración había sido descubierta, lo que permitió adelantar el levantamiento.

La Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) la reconoce como heroína del movimiento de Independencia de México por su intervención decisiva en ese momento crítico. A pesar de encontrarse bajo vigilancia y posteriormente ser encerrada en su propia casa por órdenes de las autoridades virreinales, logró hacer llegar el aviso que detonó el inicio de la lucha armada.

Su participación no fue accidental. Josefa formaba parte activa de las reuniones conspirativas en Querétaro, donde se discutía la ruptura con el dominio español. Su papel evidenció que las mujeres no solo acompañaron el movimiento, sino que influyeron directamente en sus decisiones estratégicas.

De acuerdo con información difundida por el gobierno de México, tras el estallido de la insurgencia enfrentó represalias y prisión, pero mantuvo firme su postura en favor de la causa independentista.

Con el paso de los años, su figura se consolidó como símbolo de determinación y valentía. Su legado histórico representa a las mujeres que, desde espacios políticos y domésticos, incidieron de manera directa en el destino del país.

Su historia confirma que la Independencia no solo se libró en los campos de batalla, sino también en decisiones estratégicas tomadas en momentos clave. Una decisión suya, transmitida a tiempo, permitió encender el movimiento que transformaría a la nación.

Josefa Ortiz jugó un papel importante en la independencia de México. | Especial Discover MILENIO

5. Hermila Galindo Acosta: pionera feminista y la voz de los derechos de las mujeres

Hermila Galindo Acosta nació el 2 de junio de 1886 en Durango, pero quedó huérfana de madre a los tres días de su nacimiento. A los 16 años también vio fallecer a su padre, por lo que quedó al cuidado de su tía paterna, Ángela Galindo.

La mujer se convirtió en una de las figuras más destacadas del feminismo durante los años de la Revolución mexicana, una etapa en la que las mujeres estaban prácticamente excluidas de la vida política del país.

Estudió taquigrafía, mecanografía, dramática española y telegrafía, disciplinas que posteriormente impartió en colegios de Torreón. Su primer trabajo fue como secretaria en un bufete de abogados en Durango y Torreón.

La preocupación de Hermila Galindo por la realidad política del país y, en particular, por la situación de las mujeres la llevó, en 1906, a integrarse al grupo Admiradoras de Juárez

Tres años después su vida tomó un nuevo rumbo al asistir a un mitin en Torreón, donde escuchó al abogado Francisco Martínez Ortiz pronunciar un discurso contra el régimen porfirista y en defensa del legado de Benito Juárez.

Ese momento resultó decisivo para Galindo, quien comprendió la importancia de involucrarse en la vida pública y de impulsar la presencia de las mujeres en los asuntos políticos.

En 1911 se trasladó a la Ciudad de México, donde se desempeñó como profesora y como secretaria particular de un general cercano al entonces presidente Francisco I. Madero. Durante esta etapa se integró al Club Abraham González, espacio en el cual entró en contacto con corrientes de pensamiento que defendían la emancipación femenina.

Las ideas de autores como August Bebel, Clara Zetkin, Flora Tristán y Alexandra Kollontai influyeron en su visión sobre la “mujer moderna”, una figura que debía liberarse de la dependencia y del papel subordinado frente al hombre.

Tras el asesinato de Francisco I. Madero y José María Pino Suárez, y la llegada de Victoriano Huerta al poder, Hermila Galindo intensificó su actividad política en el Club Abraham González, donde destacó por su oratoria y su escritura.

En 1914 pronunció un discurso que llamó la atención de Venustiano Carranza, quien la invitó a ser su secretaria particular. Desde entonces, y hasta 1920, recorrió el país difundiendo el feminismo, el constitucionalismo y la educación de las mujeres como camino hacia su libertad.

Uno de sus aportes más importantes fue su participación en el debate feminista que comenzaba a tomar fuerza en el país.

En 1916 presentó su postura en el Primer Congreso Feminista celebrado en Yucatán, donde defendió la necesidad de transformar la educación de las mujeres y propuso la inclusión de la educación sexual en los planes educativos, una idea polémica para su época.

Galindo también llevó su lucha al terreno político. Envió al Congreso Constituyente una iniciativa para solicitar el derecho al voto femenino, argumentando que las mujeres debían ser reconocidas como ciudadanas con derechos políticos plenos.

Aunque la propuesta fue rechazada, su iniciativa representó uno de los primeros intentos formales por reconocer la participación política de las mujeres en México.

También fue la primera mujer en contender por una diputación federal en México, al postularse por un distrito del entonces Distrito Federal. Aunque no obtuvo el cargo, su candidatura marcó un precedente importante en la lucha por el derecho de las mujeres a votar y ser votadas.

Con información de la Secretaría de Gobernación, tras años de intensa actividad política, su vida pública disminuyó después de 1920. Sin embargo, su trayectoria fue reconocida con el paso del tiempo y su lucha se reflejó en avances históricos como el voto femenino en 1953.

Un año después, el 19 de agosto de 1954, Hermila Galindo falleció en la Ciudad de México.

Hermila Galindo se consolidó como una de las principales exponentes del feminismo en México, utilizando la escritura y el debate público para promover la igualdad entre hombres y mujeres en los ámbitos político, social y educativo.

Su pensamiento y activismo ayudaron a sembrar las bases de un movimiento que décadas más tarde lograría el reconocimiento del sufragio femenino en México.

Google ya le dedicó un doodle a Hermila Galindo Acosta.

6. Rosario Castellanos: dar voz a quienes no la tienen

La vida y obra de Rosario Castellanos marcaron un antes y un después en la literatura mexicana y en la defensa de los derechos de las mujeres.

Nacida el 25 de mayo de 1925 en la Ciudad de México, con el paso del tiempo se convirtió en una de las escritoras más reconocidas del país, no solo por su producción literaria, sino también por su compromiso con las causas sociales y la visibilización de sectores históricamente marginados.

Estudió en la Universidad Nacional Autónoma de México, donde en 1950 se graduó como maestra en Filosofía. Posteriormente, amplió su formación en la Universidad de Madrid, donde tomó cursos de estética y estilística, una preparación que influiría en la profundidad crítica de su obra.

Su carrera literaria abarcó prácticamente todos los géneros: poesía, ensayo, cuento, novela y teatro. Aunque comenzó escribiendo poesía, su primera gran obra narrativa fue la novela Balún Canán, que junto con Ciudad Real y Oficio de tinieblas conforma una de las trilogías indigenistas más importantes de la narrativa mexicana.

Estas obras reflejan su interés por retratar las desigualdades sociales y las relaciones de poder presentes en la sociedad mexicana.

Sin embargo, más allá de su producción literaria, Rosario Castellanos destacó por abordar temas que en su época eran poco tratados en la literatura, como la discriminación social, la desigualdad de género y las injusticias hacia los pueblos indígenas.

A través de su escritura buscó dar voz a quienes no la tenían, especialmente a las mujeres y a las comunidades marginadas.

En sus ensayos y textos reflexivos, Castellanos analizó con claridad la condición femenina en una sociedad dominada por estructuras machistas. Su pensamiento cuestionó la idea de la inferioridad de la mujer y defendió la necesidad de reconocer su capacidad intelectual y su derecho a participar plenamente en la vida cultural y social.

A lo largo de su trayectoria, Castellanos también desarrolló una carrera como docente, periodista y promotora cultural. Su influencia se extendió a nuevas generaciones de escritoras, a quienes abrió camino en un ámbito literario que hasta entonces había estado dominado por voces masculinas.

En 1971 fue nombrada embajadora de México en Israel, cargo que desempeñó hasta su muerte en 1974. A pesar de su fallecimiento a los 49 años, su legado permanece vigente y su obra continúa siendo una referencia en la literatura latinoamericana y en la reflexión sobre la condición de las mujeres.

Rosario Castellanos fue de las escritoras mexicanas más importantes del siglo XX (Gobierno CDMX)

7. Rosario Ibarra: de madre buscadora a política defensora de derechos humanos

Originaria de Saltillo, Coahuila, Rosario Ibarra de Piedra se convirtió en una de las primeras activistas y fundadoras de organizaciones de madres, padres y familiares de personas desaparecidas en México.

Su lucha comenzó el 19 de abril de 1975, cuando su hijo, Jesús Piedra Ibarra, fue acusado de pertenecer a la Liga Comunista 23 de Septiembre, un grupo guerrillero. El joven fue detenido y posteriormente desaparecido.

El gobierno de México resalta que la activista reunió a cientos de 'solidarios' —mote con el cual se conoce a las personas que se suman a las jornadas de búsqueda— para presionar a las autoridades en los casos de desaparición forzada.

“Tras dos años de intensas manifestaciones, en 1977, Rosario Ibarra de Piedra fundó el Comité Pro-Defensa de Presos, Perseguidos, Desaparecidos y Exiliados Políticos, conocido como el Comité ¡Eureka!”, menciona un artículo de la Secretaría de Gobernación.

En vida, y bajo la consigna “¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!”, su colectivo logró encontrar casi 150 personas desaparecidas con vida y presionó para evitar la impunidad en sus casos, principalmente durante los sexenios de Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría.

Su lucha siempre estuvo basada en exigir respeto y protección de los derechos humanos, así como en defender las libertades políticas y sociales, además de respaldar al sector campesino y obrero.

Gracias a su activismo, el Congreso de la Unión aprobó y promulgó la Ley de Amnistía, la cual garantizó la libertad para los presos políticos, el regreso de exiliados al país y la cancelación de órdenes de aprehensión.

La labor de Rosario Ibarra de Piedra también la llevó a incursionar en la política electoral. Fue la primera mujer candidata a la Presidencia de la República en 1982, postulada por el extinto Partido Revolucionario de los Trabajadores.

A lo largo de su trayectoria también participó en protestas contra el fraude electoral y fue nominada al Premio Nobel de la Paz por su defensa de los derechos humanos.

Las autoridades mexicanas destacan su papel en la búsqueda de personas desaparecidas, ya que, como mujer en esa época, no era común que se permitiera el liderazgo femenino en movimientos sociales de esta naturaleza. Su causa también recibió el respaldo de diversos sectores sociales, incluida la comunidad LGBTQ+.

Rosario Ibarra murió el 16 de abril de 2022 sin poder encontrar a su hijo, pero dejando un legado profundo en la defensa de los derechos humanos.

Antes de su fallecimiento, la madre buscadora dejó una misión al entonces presidente Andrés Manuel López Obrador al recibir la Medalla Belisario Domínguez y entregársela:

“No quiero que mi lucha quede inconclusa. Es por eso que dejo en tus manos la custodia de tan preciado reconocimiento y te pido que me la devuelvas junto con la verdad sobre el paradero de nuestros queridos y añorados hijos y familiares”.

En un perfil elaborado por la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, se destaca que Rosario Ibarra de Piedra también fue diputada, senadora y asesora política, cargos desde los cuales continuó impulsando la defensa de los derechos humanos y la búsqueda de personas desaparecidas.

Rosario Ibarra, una de las primeras madres buscadoras de México | Cuartoscuro

​8. Elvia Carrillo Puerto: Una feminista en épocas del porfiriato

Elvia Carrillo Puerto nació el 30 de enero de 1881 en Motul, Yucatán, donde creció junto a 13 hermanos y hermanas, pero eso no fue pretexto para estudiar. 

La mujer estuvo en el Liceo de Niñas de Motul, pero continuó sus estudios con el párroco local, Serafín García.

"Elvia creció en una región caracterizada por una gran actividad comercial basada en la producción del henequén, un elemento sustancial en la economía yucateca de la época que generaba grandes riquezas a los propietarios y comerciantes, a costa de la explotación de los trabajadores campesinos", destaca un artículo del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM). 

Según el informe, esta condición social fue la que llevó a Elvia Carrillo a criticar la desigualdad social en el país. 

Para 1910, se involucró en la política y se pronunció en contra del gobierno de Porfirio Díaz. Ésto la llevó a ganarse la confianza del general Salvador Alvarado, quien, como gobernador de Yucatán, convocó al primer congreso feminista en 1916 e impulsó una agenda política en favor de los derechos de las mujeres. 

Ese mismo año se realizó un segundo congreso y en ambos Elvia destacó por sus planteamientos sobre los derechos ciudadanos, sexuales y reproductivos de las mujeres.

Según el gobierno de México, Elvia formó parte de un grupo de mujeres que participaron activamente en la vida política del país, durante y después de la revolución mexicana, razón por la que fue conocida como: La monja roja del Mayab. 

Destacó por llevar al debate público nacional temas como el sufragio femenino, el control de la natalidad y la educación mixta, laica e igualitaria entre los sexos.

Cabe señalar que una de sus mentoras fue Rita Cetina Gutiérrez, precursora del feminismo en Yucatán y fundadora de una organización de mujeres y la revista La Siempreviva, donde se exponían ideas propias de la organización y textos clásicos del feminismo de la época.

Elvia Carrillo murió el 18 de abril de 1965 en la ciudad de México no sin antes ver capitalizado el voto femenino en 1953 y haber luchado por los derechos de las mujeres en distintas regiones del país. 

Elvia Carrillo Puerto, activista para lograr el voto femenino, el control de la natalidad, la libertad sexual y el divorcio. | Foto: INAH

RM

  • Rafael Mejía Fernández de Lara
  • Hoy editor de noticias, algún día presentador de TV. La vida me puso en la sección de policía, pero yo decidí entre ser el periodista bueno o malo. Fan de los deportes

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