M+ Durante medio siglo, México tuvo una consigna demográfica: “La familia pequeña vive mejor”.
Funcionó tan bien que hoy los demógrafos se enfrentan a una pregunta inesperada: ¿cuál será el nuevo eslogan?
La respuesta no puede ser simplemente “hay que tener más hijos”.
Después de décadas de avances en derechos sexuales y reproductivos, el desafío es entender qué está ocurriendo sin convertir la maternidad en una obligación ni responsabilizar a las mujeres por un fenómeno que tiene múltiples causas.
Porque aquella familia que durante décadas se imaginó con 2.1 hijos por mujer —la pareja, dos hijos y un futuro predecible— parece haber dejado de ser el modelo generalizado.
Y ahí está la paradoja: la política que consiguió reducir de manera extraordinaria la fecundidad mexicana ayudó a llevar al país a un territorio demográfico que nadie había previsto con esta velocidad.
La historia comenzó, paradójicamente, como uno de los grandes éxitos de la política pública mexicana.
En los años setenta, México vivía exactamente el fenómeno contrario al actual. La población crecía a un ritmo de 3.5 por ciento anual y se duplicaba aproximadamente cada dos décadas.
En su Tercer Informe de Gobierno, el entonces presidente Luis Echeverría habló de una “realidad demográfica impresionante”. El Banco Mundial, además, presionaba a los países en desarrollo para contener el crecimiento poblacional.
En 1974 nació el Consejo Nacional de Población (CONAPO). Y con él llegó una de las campañas de comunicación más recordadas de la historia del país.
Detrás de aquella transformación también hubo mujeres que abrieron camino en la administración pública. Entre ellas, Luisa María Leal Duk, primera secretaria general del CONAPO y una de las primeras mexicanas en dirigir un organismo público nacional.
La conversación sobre la reproducción comenzó a cambiar.
En las escuelas entraron temas que antes eran tabú: educación sexual, anticonceptivos, pubertad, planificación familiar y prevención de infecciones de transmisión sexual.
La campaña “La familia pequeña vive mejor”, realizada por el Consejo Nacional de Publicidad, fue una de las 49 campañas impulsadas por el organismo y la número 23 de esa serie.
La consigna se instaló en la vida cotidiana. Y México cambió.
De familias que hace medio siglo tenían, en promedio, alrededor de siete hijos, el país llegó a una fecundidad de 1.2 hijos por mujer, según la Encuesta Intercensal 2025 del INEGI.
“La reducción de la natalidad fue producto de una política pública muy exitosa”, resume el demógrafo Víctor Manuel García Guerrero, investigador de El Colegio de México.
Pero ahora el éxito tiene una segunda parte.
Los nacimientos empezaron a desplomarse.
Las primeras señales aparecieron en los hospitales públicos.
En 2017, los nacimientos comenzaron a caer tanto en el IMSS como en el ISSSTE. Y no lo hicieron lentamente.
En el ISSSTE pasaron de 36 mil 52 nacimientos en 2017 a 18 mil 691 en 2025: 17 mil 361 bebés menos en ocho años, una reducción de 48.2 por ciento.
En el IMSS pasaron de 425 mil 516 a 271 mil 955. Son más de 153 mil nacimientos menos, una caída superior a 36 por ciento.
Los datos forman parte de una investigación realizada por MILENIO y Martín Szyszlican, de Abrimos.info.
Después aparecieron otras señales. En las estancias infantiles del ISSSTE también hay menos niñas y niños: la atención cayó 27 por ciento.
La Encuesta Intercensal 2025 del INEGI muestra que la tasa de fecundidad pasó de 1.9 a 1.2 hijos por mujer en apenas cinco años: una reducción de 36.8 por ciento.
La Ciudad de México registra el nivel más bajo del país: 0.8 hijos por mujer.
Pero hay un dato de la nueva encuesta que, para Nathaly Llanes, investigadora de El Colegio de México, merece especial atención: el descenso está ocurriendo más rápido y en más lugares de los que se esperaba.
Guerrero y Oaxaca, entidades históricamente asociadas con niveles más altos de fecundidad, también muestran ahora cifras por debajo de dos hijos por mujer.
En entidades del centro del país y de la frontera norte aparecen niveles cercanos a uno.
La caída, además, atraviesa grupos sociales. Las mujeres con mayor escolaridad fueron las primeras en postergar la maternidad. Pero ahora la tendencia aparece también entre mujeres de distintos niveles educativos y grupos socioeconómicos.
Las mujeres con menor escolaridad siguen teniendo, en promedio, más hijos, pero la brecha ya no es tan amplia.
No existe, por eso, una sola explicación. No es solamente el dinero. La vivienda es cara. Los cuidados recaen de manera desigual. El trabajo y la maternidad siguen siendo difíciles de conciliar.
Pero reducirlo todo a la economía sería insuficiente.
La presidenta Claudia Sheinbaum indicó que el gobierno Federal ya analiza la baja tasa de natalidad reportada INEGI, al señalar que se debe entender el fenómeno de manera sociológica para poder emprender acciones.
También están el deseo de libertad, la individualización, la autorrealización y la posibilidad —cada vez más concreta— de decidir si se quiere tener hijos, cuándo y cuántos. Los factores se cruzan.
Y existe, además, una particularidad mexicana: para muchas mujeres, la maternidad sigue estando fuertemente vinculada a la existencia de una pareja.
Por eso, advierte Nathaly Llanes, hay que tener cuidado con el mensaje.
No se trata simplemente de que las mujeres no quieran ser madres, no se encuentran las condiciones para hacerlo.
Un país que tendrá que volver a hacer sus cuentas
La velocidad del descenso también obliga a revisar las cuentas.
Cada nuevo indicador debe contrastarse con otras fuentes: censos, encuestas, registros de nacimientos y estadísticas vitales. Los demógrafos deben conciliar esos datos antes de utilizarlos para construir nuevas proyecciones en 2028.
Y eso es precisamente lo que está ocurriendo.
Víctor Manuel García Guerrero ya trabaja en CONAPO en una nueva conciliación demográfica que permitirá recalcular las cifras históricas y, posteriormente, construir nuevas proyecciones.
Las estimaciones anteriores contemplaban que la población mexicana comenzaría a disminuir alrededor de 2052 y alcanzaría un máximo cercano a 148 millones de habitantes.
Ahora ese escenario podría cambiar. La población máxima podría llegar antes y ser alrededor de tres millones menor, de acuerdo con las estimaciones preliminares citadas por el investigador.
Pero hay algo que ya cambió: las proyecciones con las que México imaginaba su futuro apenas en 2020, antes de la pandemia, están quedando viejas.
Ya no se trata de volver a los 2.1 hijos
Durante buena parte del siglo XX, el gran desafío demográfico fue reducir la fecundidad. Ahora el escenario es otro.
La pregunta ya no es cómo convencer a las familias de tener menos hijos. Es cómo construir una sociedad capaz de vivir con una fecundidad mucho más baja.
Nathaly Llanes lo plantea con claridad: no parece realista pensar que México simplemente regresará a los 2.1 hijos por mujer.
La experiencia internacional muestra que incluso los países que han desplegado políticas para elevar la fecundidad han fracasado en poder regresar a esos niveles.
Por eso, el objetivo podría ser otro: no intentar revertir la tendencia de los nacimientos, sino evitar que continúe cayendo.
Porque menos nacimientos significan, inevitablemente, una población que envejece.
Y eso tendrá consecuencias sobre el sistema de salud, los cuidados, las pensiones, el mercado laboral y la organización de las familias.
No significa abandonar la primera infancia.
Significa que habrá que invertir también en algo que México todavía tiene insuficientemente desarrollado: los cuidados para una población adulta mayor cada vez más numerosa.
En la Ciudad de México, por ejemplo, la oferta de establecimientos destinados al cuidado de adultos mayores no llegaba al 1 por ciento en algunas alcaldías de la CdMx, de acuerdo con Nathaly Llanes.
La fotografía demográfica está cambiando. Y con ella, las necesidades del país.
Víctor García Guerrero ve otra posibilidad.
México todavía tendrá durante los próximos años una mayoría de población en edades laborales. Y una menor población infantil puede significar una menor presión de cuidados sobre las familias.
Eso podría abrir una oportunidad para ampliar la participación económica de las mujeres.
Pero solamente si existen las condiciones para aprovecharla:
Salarios iguales, permisos de maternidad y paternidad más equilibrados, corresponsabilidad en los cuidados y conciliación entre trabajo y familia.
El descenso de los nacimientos no tendría por qué traducirse únicamente en un problema.
También puede obligar a replantear cómo se organiza una sociedad.
¿Cuál será el nuevo eslogan?
Quizá esa sea la pregunta que México todavía no sabe responder.
Durante medio siglo tuvimos una frase que sintetizó una política de Estado: “La familia pequeña vive mejor”. Hoy la realidad demográfica ya cambió en México y en el mundo.
Según un informe de la Oficina del Censo de Estados Unidos, por primera vez en el mundo los adultos mayores de 65 años superan en número a los niños de cinco años en el mundo.
CHZ