M+.- Emma Victoria Vázquez Castillo llegó al mundo a las 27 semanas de gestación, pesando apenas 800 gramos y midiendo 35 centímetros: alrededor de 15 centímetros menos y menos de la tercera parte del peso de un bebé nacido a término. Pasó 75 días hospitalizada, desarrolló una retinopatía del prematuro que le provocó discapacidad visual y hubo momentos en los que su familia tuvo que despedirse de ella.
Once años después, aquella niña que luchó por sobrevivir necesitó menos de cinco minutos para resolver correctamente 70 operaciones matemáticas y convertirse en Grand Champion de una competencia internacional.
Lo consiguió en el Campeonato Internacional de Aritmética Mental, realizado en el Convention Center de Panamá, donde participaron alrededor de 920 niños provenientes de 20 países.
Pero antes de los números, las medallas, el ábaco y el atletismo, hubo una batalla por la vida.
Su madre, Sandra del Castillo, recuerda los primeros días de Emma, quien nació como una bebé prematura extrema.
“Hubo muchos momentos que tuvimos que despedirnos de ella, estaba tan mal la situación”, dice a MILENIO.
Fueron días de esperanza, fe y mucha oración, acompañados por una amplia red de apoyo y por sus familias, que nunca las han dejado solas.
Después llegó otro golpe: el diagnóstico de retinopatía del prematuro y discapacidad visual.
“Después del diagnóstico fue algo muy duro para nosotros, del diagnóstico de ceguera, desarrollando una retinopatía del prematuro, pero no nos dimos por vencidos, estamos luchando. Llevamos a Emma a Los Ángeles, Estados Unidos, a que le hicieran una operación para poder darle un poco más de ayuda para su visión”.
Emma puede percibir luces, algo que le permite distinguir el día de la noche. Puede realizar sus actividades en plena oscuridad y su condición no se lo impide, pero para ella representa una ayuda saber cuándo se enciende o apaga una luz o incluso percibir si el día está nublado.
Las escuelas que dijeron que no
Después del diagnóstico vinieron años de terapia de rehabilitación física y de lenguaje. Emma ingresó al kínder y, al momento de dar el salto a la primaria, sus padres enfrentaron otro desafío: encontrar una escuela dispuesta a recibirla.
Tocaron varias puertas. La respuesta fue no. El argumento, recuerda su madre, era que nunca habían tenido una alumna con esa condición.
Hasta que llegaron al colegio KB.
“Cuando llegamos al colegio KB, la maestra Laura nos abrió las puertas, luego y luego dijo que sí; apostó por nosotros y por Emma. Incluso, algunas maestras empezaron a estudiar Braille para apoyarla y ayudarla, y fue ahí donde su maestra Arely empezó a enseñarle cómo utilizar el ábaco japonés; le enseñó lo básico, a sumar, a restar y cómo se utilizaban las cuentas. Emma tenía un ábaco desde pequeña y ese ábaco lo utilizan también las personas ciegas, que para ellos se llama ábaco Cranmer”.
Lo que comenzó como una herramienta para aprender matemáticas terminaría años después llevándola a competir fuera de México.
Antes, Emma pasó seis años en el colegio, donde encontró lo que su madre describe como una familia extendida. Sus compañeros aprendieron a convivir con ella y Emma con ellos.
“Hicieron una muy bonita amistad que, pues, ahorita que acaban de salir de la primaria, queremos seguir cultivando; sus compañeros no la dejan, siempre están con ella, las mamás de los demás niños nos apoyan en la escuela”.
Un ábaco le abrió otra puerta
Al comenzar el ciclo escolar pasado, una de sus maestras propuso a Sandra que Emma probara el método Aloha para fortalecer sus habilidades antes de ingresar a secundaria y mejorar su dominio del ábaco, una herramienta que podría acompañarla durante su vida académica.
La familia acudió con la doctora Jackeline Salazar, de Aloha Mental Arithmetic Tampico.
Había un obstáculo: nunca habían trabajado con un caso como el de Emma.
Pero esta vez la respuesta no fue no.
“Fue ahí que recurrimos a la doctora Jackeline Salazar, en Aloha Mental Arithmetic Tampico, para exponer nuestro caso, nuestras inquietudes, nuestro querer pertenecer a este método para que Emma pudiera ayudarse y darle más herramientas para su vida futura. Ella nos comentó que nunca habían tenido un caso como Emma, pero nunca nos dijo que no; siempre estuvo abierta al diálogo, a ayudarnos”.
El caso escaló primero a los responsables nacionales de la franquicia y después al ámbito internacional, para buscar antecedentes de personas ciegas que hubieran utilizado el método.
“Se toparon con unos chicos de España, en la Fundación ONCE (organización sin fines de lucro dedicada a mejorar la calidad de vida, la inclusión social y la igualdad de oportunidades de personas con discapacidad), que habían llevado ya el método favorablemente y fue donde nos dijeron que pues para adelante, para que Emma ingresara al método Aloha. Eso fue en octubre de 2025”.
Apenas dos meses después llegaron los primeros resultados.
En diciembre de 2025, Emma participó en el campeonato estatal de Aloha Mental Arithmetic en Tampico y obtuvo el primer lugar de su nivel.
En marzo de 2026 viajó a Pachuca, Hidalgo, para participar en el campeonato nacional. Y en julio llegó el reto más grande: Panamá.
Setenta operaciones, menos de cinco minutos y ningún error
En el Campeonato Internacional de Aritmética Mental, Emma consiguió la Copa Grand Champion.
Para lograrla tuvo que resolver correctamente 70 operaciones en menos de cinco minutos.
No falló una.
“Significa que Emma pudo hacer las 70 operaciones en menos de cinco minutos y que obtuvo las 70 operaciones correctamente. Fue un evento donde compitieron niños de más de veinte países. En este caso, hubo niños de Rusia, China, Bangladesh, Indonesia, Panamá, Venezuela, Perú, España, Portugal y, pues, obviamente, niños de México. Fueron alrededor de novecientos niños los que estuvieron en esta competencia”.
En Panamá hubo otros participantes que alcanzaron ese reconocimiento en diferentes categorías, pero, de acuerdo con su familia, Emma se convirtió en la primera niña mexicana con discapacidad visual en representar al país y obtener este reconocimiento.
Y su historia ya comenzó a abrir camino para otros.
“Tenemos el conocimiento de que hay otro niño en el Estado de México que, al ver la historia de Emma, fue una inspiración de sus papás para poderlo inscribir también y, pues, vamos abriendo camino. Eso es lo que nosotros queremos al estar aquí: que las familias, los papás con niños con discapacidad sepan que no están solos, que hay una red de apoyo y que todo lo que los chicos quieran lo pueden conseguir”.
También corre, lanza y compite
Los números son sólo una parte de la historia.
Emma también practica deporte de alto rendimiento en el Club Lagartos, integrado por personas ciegas y con debilidad visual, en la Ciudad Deportiva de Tampico.
Ahí entrena con Israel Hernández, quien también tiene una limitación visual y se ha convertido en una figura fundamental para la familia.
“Él, pues, realmente ha sido una luz, familia, un guía que ahorita ya es un amigo, somos también familia; es parte de nuestra historia, es parte de lo que somos como familia y pues estamos muy contentos”.
Emma comenzará a competir el próximo año en eventos nacionales como atleta de alto rendimiento.
“Mínimo quedo en primer lugar”
Emma tiene 11 años y está próxima a cumplir 12. Es alegre, entusiasta y cariñosa. Su madre destaca, sobre todo, su valentía.
Cuando ella misma cuenta lo ocurrido en Panamá, la historia cambia de voz.
Antes de competir hizo sus propios cálculos. No precisamente los del campeonato, sino los de sus posibilidades de ganar.
“Cuando iba para el campeonato del mes de julio, pues yo decía: ‘Mínimo quedo en primer lugar’, porque yo cuando me veo nerviosa luego me equivoco en números o algo así; cuando estudiaba decía que… uno, dos, tres fallos, entonces hubo una que tuve como cuatro fallos, creo, y yo decía: ‘No, mínimo gano como el primer lugar o segundo lugar’. Yo pensaba eso y sí”.
Horas después comprobaría que sus cuentas habían salido bien.
Uno de los momentos más felices de su vida llegó cuando escuchó su nombre como ganadora. Antes hubo nervios. Muchos.
“Cuando fue la competencia me sentía nerviosa porque, pues, no íbamos a saber quiénes iban a ganar y quiénes iban a perder como hasta la noche, y pues mencionaban que la gente con E y con M, pues todos pensábamos que era yo y pues ya me nombraron. Yo me emocioné, mis papás se emocionaron, mi hermano se emocionó y yo le decía a mi mamá: ‘No me alientes porque estoy bien nerviosa, ahorita no es el momento’”.
Emma nunca imaginó llegar a otro país para competir en aritmética mental. De lo que sí estaba segura era de su preparación y del respaldo de sus maestros, padres y compañeros.
“Yo decía: ‘Cómo le voy a hacer’. Sé hacer cosas, pero irte a un campeonato a otro país. Cómo llegar a inscribirme, pues al campeonato, de irte a otro país nunca pensé eso. Fue muy bonito porque ahí nos daban como un tipo pasaporte que es para que anoten el teléfono; después hice amigos de otros países y, pues, segundo, yo me sentía nerviosa porque ya había unos que ya habían vivido campeonatos. Yo digo que ya se sentían como más, no tan seguros, pero sí con mucha seguridad, y pues eso me ponía muy nerviosa”.
Detrás de la copa hubo horas de práctica
La Copa Grand Champion representa para Emma mucho más que un primer lugar. Detrás hubo horas de entrenamiento, ejercicios y sacrificios cotidianos.
“Porque a veces me ponían a hacer cuatro prácticas dictadas o tres prácticas porque tienen que estar checando a otro niño, o una hora que teníamos que irnos como en la mañana para llegar temprano a la práctica y sí. Y aparte, en el nacional me tocaba comer en el carro y sí tomó mucho esfuerzo”.
Su llegada al atletismo ocurrió casi por casualidad y, entre risas, responsabiliza amorosamente a su papá.
“Empecé a practicar el atletismo, pero empecé por mi papá porque, pues, nos encontramos a Israel (entrenador) en la UNE y, pues, de repente hizo algo que le marcó por teléfono, empezaron a hablar y pues me metió al equipo y ya empecé a practicar la coordinación, cómo lanzar el disco, deportes que yo nunca había hecho y pues así me empecé. Yo no sabía que había muchos niños que no veían también”.
En su nombre lleva la Victoria.
Ahora corre, lanza y se prepara para representar a Tampico, Tamaulipas y México en su siguiente ciclo deportivo.
Emma también tiene un mensaje para niños y jóvenes que pasan buena parte de sus días frente a las pantallas.
“Yo les diría que si dejaran su celular, mínimo una o dos horas, pues sería bueno porque ya irían más o menos desarrollando su mente”.
Antes de despedirse, cuenta una última historia. Ocurrió durante uno de sus entrenamientos y refleja cómo ha aprendido a desplazarse en la pista.
“Estaba corriendo con una compañera de Lagartos, pero éramos como una pareja; teníamos que correr separadas y entonces a nosotros nos tienen que aplaudir para que sepamos a dónde ir, y entonces, cuando yo voy corriendo, como eran dos personas, hubo una en que no me fijé y pues yo me caí y no sé cómo le hizo este hueso que se dobló a la mitad y yo pensé que me había roto la pierna porque sí me caí feo”.
Emma se levantó.
Como lo ha hecho desde que pesaba apenas 800 gramos.
JETL