Irving Rhamsés, originario del municipio de Nezahualcóyotl, Estado de México, conoció a su pareja a finales de 2023 a través de redes sociales.
En ese momento creyó haber encontrado al hombre ideal, sin imaginar que sería víctima de violencia verbal, psicológica, física y sexual.
Cuenta que, como suele ocurrir al inicio de una relación amorosa, hubo mucha atención de ambas partes. Con el tiempo, comenzó a convivir con la familia de su pareja y la relación se formalizó luego de que su novio sufrió una grave lesión en el cuello, en febrero de 2024.
“Él se empezó a recuperar. Fue algo… vamos a llamarlo milagroso, porque la herida que tenía en el cuello era muy profunda; los doctores no le daban esperanza de vida. A partir de ahí, la relación se formalizó. Seguimos teniendo esta etapa del ‘bombardeo de amor’, donde yo empiezo a ir a su casa, a convivir con la familia. Obviamente, formalizamos frente a sus padres”, comenta.
La violencia que comienza de manera silenciosa
Con el paso del tiempo y la convivencia, comenzó la violencia verbal, principalmente a través de descalificaciones hacia las labores domésticas que Irving realizaba en el domicilio de su pareja, a quien nombra el “monstruo de los ojos marrones”.
El patrón de agresiones no es distinto al que viven parejas heterosexuales: celos, coerción, aislamiento, insultos y humillaciones, hasta que todo deriva en violencia que puede tener consecuencias fatales.
Organismos como el Instituto Politécnico Nacional han analizado este fenómeno y, con el objetivo de advertir sobre la escalada de agresiones, han desarrollado el llamado “violentómetro”.
Este instrumento asemeja un semáforo que clasifica los distintos grados de violencia y permite identificar cómo las primeras etapas suelen normalizarse socialmente, al confundirse con muestras de afecto o cariño.
El objetivo es visibilizar y detectar las distintas manifestaciones de violencia —psicológica, física y sexual— que ocurren en la vida cotidiana, especialmente en las relaciones de pareja, como revisar o “stalkear” redes sociales por celos o afán de control, hasta llegar a los últimos estadios, que incluyen lesiones graves y homicidio. La violencia, advierten especialistas, no distingue género ni orientación sexual.
El infierno que se intensifica con la convivencia
Irving Rhamsés detalla que, en su caso, la violencia no apareció de forma abrupta, sino progresiva.
“La violencia no la vivimos de tajo, así de golpe, sino que avanzó sutilmente. Empiezo a vivir esta devaluación, con comentarios como ‘no sabes lavar un traste, no sabes ni planchar, no sabes hacer absolutamente nada en la casa’. A pesar de que yo no vivía ahí ni iba constantemente a su departamento, que compartía con otros roomies, yo trataba de apoyar en lo que más se podía”, relata.
En entrevista con MILENIO, el hombre de 33 años, maestro de profesión y subdirector en una escuela secundaria, narra que la violencia escaló hasta agredirlo verbalmente frente a amigos.
“Estábamos conviviendo, tomando. De repente, ellos —los amigos de mi pareja— se levantan la playera para enseñar el pecho, y yo, en tono de broma, le digo: ‘ese pecho es mío’. Automáticamente su semblante cambió y me empezó a gritar enfrente de todos, a decirme que yo no lo iba a controlar y que no tenía derecho a decirle qué hacer”, recuerda.
Ese día también fue ridiculizado públicamente, cuando su pareja mostró una fotografía de su Facebook y sugirió que Irving se ofrecía en redes sociales.
“Su patrón era coercitivo. Empezaba a querer controlar lo que yo decía, cómo me comportaba, qué debía decir y qué debía hacer frente a sus familiares”, señala.
Los insultos y ofensas se volvieron cada vez más frecuentes en entornos sociales y familiares, hasta que, eventualmente, la violencia escaló a la agresión sexual.
“En un viaje me obligó a tener relaciones. Yo no quería porque me sentía mal del estómago. Estaba en la habitación del hotel; él estaba tomando y llegó, me preguntó cómo seguía y le respondí que me sentía mal. Me dijo: ‘no importa, bájate los pantalones’”, contó.
Un sector amplio y en condición de vulnerabilidad
El Estado de México concentra la mayor cantidad de población LGBTI+ en el país, con 490 mil personas, de acuerdo con la más reciente Encuesta Nacional sobre Diversidad Sexual y de Género (Endiseg) 2021.
Las cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) señalan que en segundo lugar se encuentra la Ciudad de México, con 311 mil personas; le siguen Veracruz, con 308 mil; Jalisco, con 298 mil, y Nuevo León, con 286 mil.
A nivel nacional, la población diversa asciende a casi 5 millones de personas, lo que representa 5.1 por ciento de la población de 15 años y más, es decir, una de cada 20 personas se identifica como LGBTI+.
Del total, 4.6 millones corresponden a personas gays, lesbianas, bisexuales o de otra orientación sexual, equivalente a 4.8 por ciento de la población de 15 años y más. En tanto, 909 mil personas se identifican como transgénero, transexual o con una identidad de género distinta al sexo asignado al nacer, lo que representa 0.9 por ciento.
Aislamiento y control: la verdadera cara del agresor
Irving recuerda que el “monstruo de los ojos marrones” intentó aislarlo de su círculo cercano.
“Él trató de aislarme en todo momento, desde mis amigos y mi familia. Me gritaba que ellos solo me buscaban para sacarme dinero o para que les comprara cosas”, comenta.
Finalmente, tras sufrir diversas agresiones físicas, verbales y sexuales, Irving decidió terminar la relación durante la Marcha del Orgullo LGBT en la Ciudad de México.
Posteriormente, descubrió que no había sido la única víctima. En la relación anterior de su agresor, la otra persona habría sufrido violencia similar.
“El monstruo de los ojos marrones lo violó. Esa otra víctima me lo dijo personalmente. Me contó que, durante la agresión sexual, llorando le pedía que se detuviera y él seguía. Para defenderse, decidió apuñalarlo y terminó en la cárcel”, narró. Fue esa agresión la que dejó al “monstruo” con una grave herida en el cuello.
La cifra oculta de la violencia intragénero
Aunque en México la violencia intragénero no está reconocida legalmente, se define como la conducta violenta que ocurre entre personas del mismo sexo. Por vergüenza y estigmas sociales, se denuncia muy poco, lo que genera una cifra negra elevada, ausencia de estadísticas oficiales y escasez de redes de apoyo para las víctimas.
En 2022, la asociación civil Fuera del Clóset atendió en el Estado de México 88 casos de violencia en personas de la comunidad LGBT+, ya sea mediante acompañamiento a víctimas o asesoría jurídica, psicológica y médica.
Los sectores que más requirieron apoyo fueron hombres gays, mujeres trans y mujeres lesbianas, con 45, 17 y 11 casos, respectivamente. En cuanto a la edad, los jóvenes representaron casi 60 por ciento de los casos atendidos.
Violencias específicas en parejas del mismo sexo
Edson Jesús Flores Morales, psicólogo de Calli —el primer centro comunitario enfocado en la población de la diversidad sexual en el Valle de Toluca— explicó que este tipo de violencia es más recurrente en parejas homosexuales conformadas por hombres.
“Es más común que se empiece con violencia psicológica y vaya escalando a violencia física, como pellizcos o golpes. También es frecuente la violencia patrimonial y la violencia sexual, que inicia con manipulación o chantaje psicológico, bajo la idea de que son pareja exclusiva y ‘no pasa nada’”, señaló.
El especialista indicó que, al igual que en parejas heterosexuales, el aislamiento es una estrategia clave para ejercer control.
“Se aísla a la víctima de sus redes de apoyo, de amistades y familia. Hay que recordar que no todas las personas LGBT cuentan con respaldo familiar, lo que las vuelve más vulnerables, ya que con frecuencia terminan viviendo con su agresor”, explicó.
Otra forma de violencia común es forzar a la pareja a “salir del clóset”, es decir, revelar su orientación sexual o identidad de género sin consentimiento.
“También ocurre el llamado outing, que consiste en revelar sin autorización las preferencias sexuales o incluso el estado serológico, como vivir con VIH, frente a familiares o terceros”, añadió.
Un tema que aún permanece como tabú
Jesús Flores subrayó que la violencia intragénero sigue siendo un tema poco explorado y sin respaldo suficiente por parte de las instituciones gubernamentales, por lo que la atención recae principalmente en organizaciones civiles como Fuera del Clóset.
Recordó que en 2023 dicha asociación ganó un amparo que obligó al gobierno estatal a etiquetar recursos para la atención de la población diversa.
“Es fundamental continuar con la visibilización, la sensibilización y la capacitación en estos temas. Ninguna persona está exenta de padecer o ejercer violencia, pero se requieren herramientas especializadas para la prevención, atención y seguimiento. Aunque la violencia intragénero no esté reconocida legalmente en México, eso no implica que no deba ser abordada”, concluyó.
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