Personas con discapacidad enfrentan barreras cotidianas por falta de empatía y cultura vial

El caso abrió preguntas sobre protocolos y atención a personas con discapacidad o necesidades médicas especiales.

En México viven más de 6 millones de personas con discapacidad. (Foto: Ariana Pérez)
Angela Molina
Ciudad de México /

La discusión sobre accesibilidad volvió a colocarse en el centro de la conversación después de que Samara Martínez, una mujer con insuficiencia renal terminal, denunciara que una aerolínea mexicana le negó abordar un vuelo con la máquina de diálisis que necesita para mantenerse con vida.

El caso abrió preguntas sobre protocolos y atención a personas con discapacidad o necesidades médicas especiales. Pero también volvió a evidenciar otra problemática que personas con discapacidad enfrentan diariamente: la falta de empatía y conciencia social incluso cuando ya existe infraestructura diseñada para facilitar su movilidad.

“Todos los lugares a donde yo vaya tengo que investigar previamente si básicamente yo soy bienvenido en esos lugares”, cuenta Daniel Esponda, creador de contenido de 31 años que utiliza silla de ruedas tras sufrir una lesión medular derivada de un asalto.

Aunque reconoce que existen espacios adaptados y servicios que han mejorado con el tiempo, explica que muchas veces el problema aparece cuando la gente no respeta esos espacios o desconoce para qué sirven.

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Rampas bloqueadas y espacios invadidos


Daniel relata que incluso en el edificio donde vive tuvo que insistir durante casi dos años para que colocaran una pequeña rampa que le permitiera llegar a los elevadores de manera segura. Sin embargo, cuando finalmente fue instalada, algunos vecinos se molestaron porque la obra “estorbaba”.

“Todavía falta mucha conciencia, falta mucha empatía”, afirma.

Para él, muchas personas no actúan necesariamente desde la mala intención, sino desde el desconocimiento.

“La gente no habla para ofendernos (…) simplemente hablan desde su ignorancia, porque no han convivido con una persona que necesite una silla de ruedas”, explica.

Martha, integrante del Movimiento de Personas con Discapacidad y usuaria de silla de ruedas desde 1999, coincide en que el principal obstáculo muchas veces no es la infraestructura en sí, sino cómo se usa —o se invade— cotidianamente.

“Yo creo que la barrera social, eso definitivo”, asegura.
Las barreras sociales también aparecen en comentarios o actitudes cotidianas.(Foto: Jorge Carballo)

Habla de rampas obstruidas por autos estacionados, puestos ambulantes colocados sobre guías podotáctiles y espacios exclusivos que frecuentemente son ignorados.

“Hay gente que ni siquiera sabe para qué sirve eso, solamente lo ven como un caminito amarillo”, dice sobre las guías diseñadas para personas con discapacidad visual.

"¿Tú qué haces aquí?"

Las barreras sociales también aparecen en comentarios o actitudes cotidianas.

Martha recuerda que incluso le han dicho directamente que “estorba” en la vía pública.

“Sí alguna vez me han dicho: ‘tú qué haces aquí, deberías estar en tu casa, no en la calle estorbando’”, relata.

También cuenta que en una ocasión le impidieron abordar el Metrobús junto con su esposo porque el espacio estaba destinado “solo para señoritas”.

“Yo les dije: ‘¿y yo qué soy?’”, recuerda.

Daniel asegura que situaciones similares terminan generando miedo o desgaste emocional, al grado de preferir quedarse en casa antes que enfrentarse a obstáculos constantes.

“Mi vida social se acabó por un largo tiempo”, cuenta.

Y añade que para ella “sería mucho más fácil no tener que salir. Mi casa es mi espacio seguro”.

La capacitación también importa

Ambos coinciden en que la accesibilidad no depende únicamente de construir infraestructura, sino también de generar cultura, capacitación y mantenimiento.

Daniel recuerda que durante un vuelo su silla de ruedas terminó dañada tras ser enviada a la banda de equipaje.

“Prefieren mil veces pagar por sus errores que empezar a capacitar al personal sobre cómo manejar una silla de ruedas”, señala.

Mientras que Martha considera que muchas situaciones podrían mejorar si existiera más sensibilización hacia las necesidades de las personas con discapacidad.

“Ser empáticos es lo que pediría”, dice.

Y añade que también hace falta mantenimiento y capacitación para quienes brindan servicios de movilidad.

Muchas personas no actúan necesariamente desde la mala intención. (Foto: Araceli López)

El reto rumbo al Mundial

La conversación ocurre además en un momento clave para la Ciudad de México rumbo al Mundial 2026, un evento que traerá millones de visitantes y pondrá atención internacional sobre temas como movilidad y accesibilidad.

De acuerdo con datos del INEGI, en México viven más de 6 millones de personas con discapacidad. Para organizaciones y activistas, el reto no pasa únicamente por construir más infraestructura, sino por lograr que los espacios accesibles realmente puedan usarse y respetarse.

Porque una rampa bloqueada, una guía invadida o un espacio exclusivo ocupado pueden convertir un trayecto cotidiano en una barrera.

“Las personas con discapacidad tenemos mucho que aportar a la sociedad siempre y cuando tengamos la accesibilidad correcta y las herramientas correctas para poder desempeñarnos”, sostiene Daniel.
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HCM

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