• Día de Muertos en Pomuch. El pueblo donde los vivos limpian los huesos de sus muertos

Cada año, en Pomuch, Campeche, las familias limpian los huesos de sus difuntos para recibirlos durante el Hanal Pixán. Pero el turismo cada vez amenaza más la intimidad de esta tradición maya.

Paul Antoine Matos
Pomuch, Campeche /
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DOMINGA.– Diana Yam pensaba que lo que ocurría en el cementerio de Pomuch era algo que se replicaba en el mundo: tomar los huesos de los familiares fallecidos y pasarles una brocha para sacarles el polvo acumulado, algo que ha visto ocurrir con naturalidad toda su vida. Una vez limpios, los depositan de vuelta en los osarios, recipientes que yacen sobre las tumbas. Los restos se van sacando para liberar espacio e integrarse a una tradición singular en este municipio de Campeche.

–Pero resulta que conforme uno se va preparando, pasan los años y vas teniendo un poco del contexto social actual, te das cuenta de que solamente lo hacen aquí y en los pueblos vecinos. En la ciudad ya es una vida distinta.
La tradición de la limpia de huesos en Pomuch, en Campeche, también es conocida como 'Choo Ba'ak' | Especial


Después de ocho años vuelvo a Pomuch, un pueblo maya caluroso y de casas de concreto en el Camino Real, la vía del ferrocarril que conectaba a Mérida y Campeche. La primera vez que estuve aquí eran las vísperas del Hanal Pixán de 2017 –el Día de Muertos en la península de Yucatán–, acudí intrigado por aquella tradición que me recordaba a Hamlet, de Shakespeare, de cuando los vivos dialogan con los muertos. Ser o no ser parecen decir los habitantes, con el cráneo en una mano y en la otra, una sola brocha. Había visto un puñado de fotografías y notas de prensa que me parecía que no le hacían justicia. Así que llegué al cementerio principal, en la carretera que enlaza a Pomuch con otros municipios del Camino Real. Ahí, luego de tres años, los restos son exhumados como parte de un rito. El Cho’o Bak, la Limpia de los Santos Restos, merecía una crónica: la de los embellecedores de huesos.

La tradición del Choo Ba'ak atrae a cientos de turistas al año a Pomuch, Campeche | Especial


En este rincón de la península, el Cho’o Bak es una tradición sin un origen definido en el tiempo en la que los habitantes sacan el polvo de los huesos de sus difuntos. Entonces acababa de ser nombrada Patrimonio Cultural Inmaterial del estado de Campeche, bajo los lineamientos de la Unesco. Incluso un incipiente festival crecía poco a poco, atrayendo a los turistas, en especial extranjeros, y a los medios de comunicación. Esta tradición ha convertido al pueblo de Pomuch en uno de los lugares más visitados y documentados en las fiestas del Día de Muertos.

Pomuch contaba entonces con seis mil habitantes, hoy se acerca a los 10 mil. Inmediatamente noto el cambio. La barda del cementerio tiene pintado un mural con cráneos y motivos de Hanal Pixán que no recuerdo que estuviera antes. Una pareja italiana se detiene para observar las tumbas y los osarios con los huesos adentro. La localidad está en la guía turística Lonely Planet por su tradición y el pan de pichón, relleno de jamón, queso y chile jalapeño. Compraron varios en La Huachita, su panadería más famosa, antes de emprender camino rumbo a la ciudad de Campeche.

–Pero sentí que en un punto se salió de control. Ya no hay mucha privacidad cuando vas a estar en contacto con tu familiar [en el cementerio]. Es como platicaba un tío hace unos días, cuando llegan esas fechas, dice: me entrevistan y me entrevistan y no puedo platicar con mi pariente porque va a llegar alguien para entrevistar.

El turismo llega el 31 de octubre, el 1 y el 2 de noviembre. Los medios buscan a las familias para reportear la tradición, una que incluye preparar y cocinar el famoso tamal, crujiente por fuera, suave por dentro, envuelto en hoja de plátano que se hornea enterrado, conocido como mucbipollo y en Campeche, pibipollo. Muk es una palabra maya que significa “bajo tierra”. Es el platillo principal que acompaña los altares de la península y los difuntos que regresan absorben su aroma.

–Es una comida que se realiza en familia, pero a veces ya hay medios agendando en qué momento vas a hacer tu pibipollo para que estén. No es malo, porque hay familias que se prestan para eso, pero hay familias que te dicen: Bueno, pues es cada año. Entonces sí llega un punto en el que quieren hacerlo ahora ya como en secreto, más íntimo. Porque la parte familiar es un punto muy importante.

Cuando llegan reporteros, fotógrafos y camarógrafos, los periodistas dan indicaciones a las familias sobre dónde ubicarse para aparecer en la toma. “Muévanse un poco más, por acá”. El tío de Diana se ha quejado de eso, tiene prisa para terminar el mucbipollo justo a tiempo para la hora del almuerzo, pues la creencia es que las almas bajan y tienen que llegar a comer. Aunque Diana agrega:

–Llega un punto en que dice mi tío ‘ya no quiero, ya no quiero’.
Así es la tradición de la Limpia de los Santos Restos


Los huesos deben embellecerse para el arribo de los fieles difuntos en los próximos días.
Sus familiares vivos los sacan de sus osarios de madera, resguardados en una caja de concreto en el cementerio desde el último Hanal Pixán. Colocan un mantel nuevo, inmaculado, con bordado de flores o las iniciales del fallecido. A cada hueso le pasan una brocha para sacarle el polvo acumulado en el último año y lo pasan al mantel. Es un proceso que puede tardar varios minutos, según la paciencia y el empeño que los vivos le pongan. Los devuelven al osario y a la construcción de concreto.

Tras limpiar los huesos, las familias colocan un mantel blanco con el nombre de su familiar bordado | Especial


Diana aprendió la tradición desde su infancia, esa naturalidad que le hizo chocar con el mundo que no limpia los huesos de sus muertos. Su punto de reunión era la casa de la abuela, al lado de la casa de su padre, y entre los adultos se organizaban para llevar a las niñas y niños al cementerio en triciclos. Llevaban flores, veladoras, cubetas con agua, brochas, escobas, trapos.

La Limpia de los Santos Restos no sólo se realiza para Hanal Pixán, también se hace en el cabo de año o aniversario luctuoso; o tres años después del entierro, cuando toca exhumar al familiar y pasarlo a los osarios; o en ocasiones especiales, como el Día del Niño. Diana se acuerda de un primo fallecido a los tres años, por un rayo seco, una tormenta eléctrica sin lluvia. Santos Yam Balam, el padre de Diana, lo recuerda con un osario y una virgen en el patio de su casa.

–Mi papá lo que hace aquí en la casa es limpiar y en la mesa pone su comida. Admiro la creencia que tiene, para él, si ese día no hay nadie aquí en la casa, el alma de la persona que llega se va a poner triste porque no va a haber nadie.

Hace unos cinco días fue el cabo de año de la abuela. La familia organizó una comida en otro lado, pero su padre no quiso ir porque, dijo, iba a llegar su mamá y no lo iba a encontrar. “Tengo muy arraigado cómo lo vive mi papá, es la cultura que ellos tienen, que las almas vienen a visitarte en los momentos que ellos consideran oportunos”. Sin embargo, ante los cambios generacionales, el Cho’o Bak vive desafíos que ponen en riesgo la continuidad de la Limpia de los Santos Restos.

–Es una tristeza que la gente ya casi no se dedica a realizar los manteles y llega un punto en que ya no se pueden sacar los pedidos.

Los familiares reemplazan los manteles cada año y las cajas de madera cada tres o cuatro años, pues al estar al aire libre se deterioran. Un mantel está en 300 pesos y un cambio de osario en 500 o 600 pesos.

–Cada vez aumenta más el precio porque son escasos, es muy difícil conseguir madera que pueda soportar tres años más de vida. En lo que es la parte de los domicilios no hay ni cedro ni caoba porque hay sobrepoblación y la gente se dedica a cortar, a cortar, y a veces no se dan cuenta que es un árbol de madera que puede servir para futuro. Y en el caso de gente que se va lejísimos, ya entra al monte para conseguir ese tipo de árboles, hay mucha tala y no hacen la reforestación.
La producción de manteles para el Choo Ba'ak ha disminuido con el paso de los años | Especial


Los cuerpos pueden momificarse. En el cementerio, laberíntico, entre tumbas y osarios de colores, pasillos angostos, hay osarios que muestran cadáveres secos, acartonados, con la piel intacta, en lugar de huesos. A veces los cráneos tienen cabellos. A los tres años de la inhumación se retira el cuerpo de la fosa, en medio de rezos y cantos. Tres años es lo que dura la degradación de la piel para dejar únicamente los huesos. Pero pueden encontrarse la sorpresa de las momias.

–En el caso de mi difunto abuelo, salió prácticamente completo. El sepulturero tampoco tuvo la dedicación. Con machete lo cortó para que pudiera entrar en el osario. Para mí es una escena horrorosa y triste.

En Pomuch hay quien cree que esto de las momias es brujería.

–Antes la gente se cuidaba de manera muy orgánica, todo su alimento era de traspatio y directo a la mesa. En cambio, ahorita es más con conservadores.

La limpia de los huesos no sólo se lleva a cabo en Día de Muertos, también en aniversarios luctuosos | Especial
También se roban los huesos de los difuntos o se los llevan los perros


Los turistas llegan a Pomuch para conocer la Limpia de los Santos Restos, que ocurre en las últimas semanas de octubre. En los días cercanos al Hanal Pixán, desde hace más de una década se realiza el festival Pomuch para el mundo. En 2024, recibió más de 10 mil visitantes, dicen los organizadores, quienes ya cuentan con apoyo del ayuntamiento de Hecelchakán y del gobierno del estado de Campeche. Esas son las fechas más importantes del año por la cantidad de dinero que se derrama. Las panaderías agotan sus panes, se venden souvenirs, hay excursiones por el cementerio y hasta a la iglesia “ya le dan su manita de gato” con pintura, reconoce Diana.

En octubre de 2025, se viralizó en redes sociales que el ayuntamiento de Hecelchakán quería cobrar treinta pesos por ingresar al cementerio. Las publicaciones fueron retiradas de las cuentas oficiales, después de que las personas de Pomuch se escandalizaran por la afrenta a sus tradiciones. Desde hace un par de años hay una estación del Tren Maya a veinticinco minutos de Pomuch; sin embargo, La gran guía publicada en 2023 omite mencionar la Limpia de los Santos Restos.

En Pomuch pasaba el primer ferrocarril que conectó la península de Yucatán con el resto del país. Santos Yam, padre de Diana y fotógrafo, habla sobre el antiguo tren de pasajeros en el que viajaba. En cada parada subían vendedores de panuchos, salbutes y otros antojitos peninsulares. “Lo que sí me acuerdo es que sí mucha gente viajaba para Mérida y Campeche”, me dice. En su casa montó el estudio fotográfico. En la pared cuelgan las instantáneas, se aprecian sus padres junto al hueco en el que entierran el mucbipollo, los huesos a la intemperie y vistas del pueblo de Pomuch.

–Acá en la familia todos lo hacen –dice Santos–. En el cementerio está mi papá, está mi mamá, están mis abuelos, está mi hermana, tengo un sobrino y más todavía, mis tíos.

–¿Usted participaba de niño?

–Pues sí porque antiguamente nosotros, cuando éramos más niños, mi abuelo y mi abuelita andaban haciendo rezo. Y la cuestión de Pomuch es que cuando andan haciendo rezo de casa en casa hay como diez hasta veinte niños con la rezadora. Cuando llegan a una casa, hay naranja china, mandarina, todo de pan, comida. Y los niños que van después del rezo, reparten lo que está en la mesa. Y van a otra casa.

Santos Yam dice que hay quienes cuentan los huesos y al año siguiente vuelven a contarlos. “Se habla mucho de Pomuch, muchísimo, qué bueno que nos vengan a visitar de otros países”.

Como medida preventiva, algunas familias llevan la cuenta de los huesos que limpian año con año | Especial


Durante mi visita, el sepulturero no aparece por ningún lado en el cementerio. Me quedo solo entre los muertos. Sus huesos se asoman de los osarios de madera protegidos, algunos por rejas y candados para evitar robos. Algunos ya muestran los primeros signos de su desaparición, el polvo en que nos convertiremos. Hace ocho años no me dieron tanto escalofríos como ahora. Pienso en los restos momificados por brujería o medicina o conservadores en los alimentos. Muchas de las tumbas cuentan con rejas y candado. En 2017, una madre que perdió a su bebé me contó que su cuerpo desapareció, piensa en que se lo robaron o se lo llevaron los perros. Hay quien dice que los roban para hacer conjuros.

Cuando sea Hanal Pixán otra vez, este lugar estará brotando de vida, con turistas, cámaras de televisión y, buscando un espacio para la Limpia de los Santos Restos, los familiares de los habitantes eternos de la necrópolis de Pomuch. Mientras tanto, aquí me encuentro. En un laberinto de colores, carente de vida.

Es el silencio entre la muerte.

GSC/ASG



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