Hay canciones que escuchamos tantas veces que sabemos exactamente cuándo comienza el coro, qué instrumento aparecerá después o incluso cuánto falta para que terminen. Y, aun así, volvemos a ponerlas.
La explicación puede estar, en parte, en algo tan sencillo como la familiaridad. Cuando una canción ya forma parte de nuestra memoria, escucharla no implica enfrentarnos a una experiencia completamente nueva. Sabemos qué viene y podemos anticipar buena parte de lo que ocurrirá.
La psicología y la neurociencia han estudiado precisamente qué sucede cuando una pieza musical deja de ser desconocida y se convierte en algo familiar.
Estas son algunas razones por las que vuelves a escuchar las mismas canciones
Ya sabes qué esperar. Una canción conocida permite anticipar su melodía, ritmo, cambios y letra. Esa previsibilidad forma parte de la experiencia placentera de escuchar música.
La repetición puede aumentar el gusto. La exposición repetida puede hacer que una canción resulte más familiar y, al menos durante cierto tiempo, aumentar el agrado que produce.
La música puede acompañar una emoción. Las personas no siempre eligen canciones al azar: también pueden recurrir a determinadas piezas según cómo se sienten o cómo quieren sentirse.
Una canción puede estar ligada a recuerdos. La familiaridad no solamente proviene de haber escuchado muchas veces una melodía; también puede construirse alrededor de experiencias, personas o etapas de la vida asociadas con ella.
El cerebro aprende la canción antes de que termine
Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en Frontiers in Neuroscience analizó estudios de neuroimagen sobre música familiar y desconocida.
Los investigadores encontraron diferencias en la actividad cerebral asociada con ambos tipos de escucha y señalaron que las canciones conocidas pueden activar procesos relacionados con la anticipación de elementos musicales.
Esto ayuda a explicar una sensación muy común: cuando conocemos una canción, nuestro cerebro parece adelantarse a lo que está por suceder. Sabemos cuándo llegará determinada parte de la melodía y podemos incluso anticipar mentalmente una letra antes de escucharla.
La familiaridad también puede influir en cuánto nos gusta una canción. Un estudio publicado en la misma revista expuso a participantes a distintas piezas musicales en repetidas ocasiones durante aproximadamente cuatro semanas. Las canciones fueron escuchadas hasta 28 veces y, en general, las valoraciones de agrado aumentaron con las repeticiones.
Eso no significa que escuchar cualquier canción cientos de veces vaya a hacer que nos guste para siempre. La propia investigación sobre familiaridad señala que el efecto puede cambiar cuando la repetición se vuelve excesiva.
También elegimos música según cómo nos sentimos
La relación con las emociones es otro elemento importante. Un estudio publicado en Cognition and Emotion examinó cómo las personas utilizan la música en situaciones cotidianas para regular sus estados emocionales. Los resultados mostraron una tendencia a elegir música emocionalmente congruente con la situación que estaban viviendo.
Eso puede explicar por qué, dependiendo del momento, buscamos canciones diferentes. Una melodía puede acompañar la tristeza, otra ayudarnos a recuperar energía y otra transportarnos a un recuerdo particularmente agradable.
Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2024 en Psychology of Music también encontró evidencia de un efecto positivo de las actividades musicales sobre la regulación emocional.
Sin embargo, los autores analizaron distintas formas de hacer música, no solamente escuchar canciones, por lo que no se puede concluir que repetir una canción sea por sí mismo una terapia psicológica.
JCM