¿Pides perdón aunque no hayas hecho nada malo? ¿Dices “perdón por molestarte”, “perdón por preguntar” o incluso “perdón” antes de expresar una opinión? Aunque estas expresiones pueden parecer una muestra de educación, cuando aparecen de manera constante pueden revelar una forma aprendida de relacionarse con los demás. ¿Qué hay detrás de este comportamiento?
La explicación no es única. La psicología señala que las experiencias durante la infancia pueden influir en la manera en que una persona enfrenta el conflicto, busca aprobación y expresa sus propias necesidades.
Esto no significa que todos los adultos que se disculpan constantemente hayan vivido la misma experiencia, pero sí permite entender por qué algunas personas convierten el “perdón” en una respuesta casi automática.
Cuando pedir perdón se vuelve una costumbre
Una disculpa tiene una función importante: reconocer que se causó un daño y contribuir a reparar una relación. De hecho, investigaciones sobre desarrollo infantil han encontrado que las disculpas pueden ayudar a recuperar la confianza después de una transgresión.
Un estudio publicado en el Journal of Experimental Child Psychology analizó cómo las disculpas de los padres pueden influir en las necesidades psicológicas de los adolescentes. La investigación, realizada con 347 jóvenes, encontró mejores resultados cuando las disculpas estaban centradas en el daño provocado y contenían menos elementos defensivos.
El problema, por tanto, no está en disculparse. Está en sentir que hay que pedir perdón por existir, preguntar, necesitar algo o tomar una decisión personal.
¿Qué tiene que ver la infancia?
Desde pequeños, los niños aprenden cuándo y por qué deben disculparse. Una investigación publicada en Social Development, que incluyó a 483 padres de niños de entre 3 y 10 años, encontró que los adultos suelen considerar importante que sus hijos se disculpen después de causar tanto daños intencionales como accidentales.
Aprender a reconocer una falta puede ser positivo. Sin embargo, la forma en que se enseña también importa. Si un menor aprende que cualquier desacuerdo, error o decisión propia puede provocar rechazo, enojo o una exigencia inmediata de justificarse, podría acostumbrarse a anticipar la desaprobación de los demás.
Eso puede ayudar a explicar por qué algunas personas llegan a la adultez disculpándose antes incluso de saber si hicieron algo que requiera una disculpa.
No todo “perdón” significa lo mismo
La investigación también muestra que existe una diferencia entre una disculpa voluntaria y una obtenida mediante presión. Un estudio publicado en Psychology, Crime & Law encontró que las personas reaccionaban de manera distinta según la forma en que se había producido la disculpa.
Por eso, enseñar a un niño a decir “perdón” no necesariamente es el problema. Lo importante es que comprenda qué ocurrió, a quién afectó y por qué es necesario reparar el daño, en lugar de aprender simplemente a disculparse para evitar una reacción negativa.
La próxima vez que alguien diga “perdón” antes de pedir ayuda, expresar una opinión o tomar una decisión, quizá no se trate únicamente de educación. Puede ser un hábito construido con los años. Y reconocerlo es el primer paso para preguntarse algo más importante: ¿realmente hice algo por lo que debo disculparme o simplemente aprendí a sentir que debía hacerlo?
JCM