Abrir un cajón y encontrar una bolsa llena de otras bolsas de plástico es una escena familiar en millones de hogares. Para algunos es una forma de ahorrar dinero; para otros, una manera de evitar desperdicios o estar preparados para cualquier imprevisto.
Sin embargo, la psicología señala que este comportamiento también puede reflejar la relación que las personas establecen con sus pertenencias.
Eso no significa que quien guarda bolsas tenga un problema psicológico. De hecho, especialistas coinciden en que conservar objetos útiles es un comportamiento completamente normal. La diferencia está en las razones por las que se guardan y en el impacto que esa acumulación tiene en la vida diaria.
¿Por qué muchas personas nunca tiran las bolsas de plástico?
Las bolsas de plástico suelen tener una segunda vida. Se reutilizan para sacar la basura, transportar objetos, guardar ropa o hacer compras. En muchas familias, además, este hábito se transmite de generación en generación como una forma de aprovechar al máximo los recursos.
Pero la utilidad no siempre es el único motivo. El psiquiatra Randy O. Frost, uno de los principales investigadores del trastorno por acumulación, explica en un análisis publicado por la Asociación Americana de Psiquiatría (APA) que las personas pueden desarrollar vínculos con sus pertenencias porque les generan una sensación de seguridad, comodidad, identidad o responsabilidad. Incluso objetos cotidianos pueden adquirir un significado emocional cuando representan la posibilidad de ser útiles en el futuro. Psiquiatría
El apego a los objetos no siempre es negativo
Diversas investigaciones sobre el llamado apego a los objetos muestran que muchas personas conservan ciertas pertenencias porque las relacionan con recuerdos, experiencias o con la tranquilidad de estar preparadas para cualquier situación.
Un estudio publicado en la revista Journal of Behavioral Addictions encontró que este apego puede manifestarse de distintas formas, como considerar que un objeto representa parte de la identidad personal, funciona como un recordatorio de experiencias pasadas o brinda una sensación de confort y seguridad.
Los investigadores aclaran que estos rasgos existen en distintos grados y no implican, por sí mismos, un trastorno. PubMed Central (PMC)
En otras palabras, guardar un paquete de bolsas "por si algún día hacen falta" es un comportamiento frecuente que, en la mayoría de los casos, responde a una percepción de utilidad más que a un problema de salud mental.
¿Cuándo deja de ser un hábito saludable?
Los especialistas advierten que la situación cambia cuando la necesidad de conservar objetos impide desechar cosas que ya no tienen utilidad y la acumulación comienza a afectar la vida cotidiana.
Según la Asociación Americana de Psiquiatría, el trastorno por acumulación se caracteriza por la dificultad persistente para desprenderse de las pertenencias, independientemente de su valor real. Esto provoca que los espacios del hogar se saturen y dejen de cumplir su función, además de generar malestar significativo. Psiquiatría
La clave, por tanto, no está en guardar algunas bolsas de plástico, sino en la incapacidad de desechar cualquier objeto aun cuando ya no sea necesario.
También influyen el ahorro y la conciencia ambiental
El comportamiento no puede explicarse únicamente desde la psicología. Factores económicos, culturales y ambientales también desempeñan un papel importante.
En los últimos años, la creciente preocupación por reducir los residuos plásticos ha impulsado a muchas personas a reutilizar bolsas en lugar de desecharlas después de un solo uso. Investigaciones sobre hábitos de consumo muestran que las decisiones relacionadas con las bolsas reutilizables dependen de una combinación de valores personales, costumbres y contexto social.
Así, guardar bolsas puede responder al deseo de ahorrar, reducir el desperdicio o simplemente evitar comprar nuevas cada vez que se necesitan.
La próxima vez que encuentres una bolsa llena de otras bolsas en casa, probablemente no sea señal de que exista un problema psicológico. Para la mayoría de las personas, se trata de una conducta aprendida, práctica y útil.
La psicología, sin embargo, recuerda que incluso los objetos más cotidianos pueden tener un significado que va más allá de su función. Mientras esa costumbre no derive en una acumulación que afecte la vida diaria, conservar algunas bolsas de plástico forma parte de esos pequeños hábitos que hablan tanto de nuestra forma de consumir como de la manera en que damos valor a las cosas.
JCM