Subir el Cerro de la Silla no es una tarea fácil y a sus 69 años Gilberto Valle lo hace para mantenerse saludable y solventar sus gastos a través de la venta de naranjas muy cerca del Mirador “El Teleférico”.
Desde hace casi 40 años, Cachito, como lo conocen los senderistas de la zona, recorre 2.5 kilómetros cuesta arriba para llegar a su punto de venta ubicado a 100 metros de la reconocida explanada ubicada en la parte media de la montaña emblemática de Monterrey.
En entrevista para MILENIO, el regiomontano indicó que los días martes, jueves, sábado y domingo comienza a subir el cerro en punto de las 03:30 horas, con alrededor de 40 kilos de naranjas, además de al menos una docena de botellas de agua en sus brazos.
Su hora de llegada al conocido mirador es entre las 04:30 y 05:00 horas, con una caja en la que pone las naranjas y un bote para las botellas de agua, Cachito se instala para recibir a sus primeros clientes del día.
“A las 03:30 de la mañana empiezo a subir y más o menos antes de las 5:00 ya estoy aquí”, detalló Gilberto.
El gusto por el senderismo para el regiomontano comenzó cuando estaba en la primaria, en donde comenzó a acudir a carreras y subir montañas, sin saber que años más tarde se convertiría en su sustento y lo que lo ha mantenido activo hasta su adultez.
Cachito señaló que inició a vender en el Cerro de la Silla hace 37 años, incluso anteriormente subía todos los días y con jugos de naranja, sin embargo, con el tiempo creyó que era mejor vender las propias naranjas partidas a la mitad.
“En la primaria empecé con las carreras primero y ya tengo 37 años de subir el cerro”, relató el vendedor.
Actualmente, Gilberto ofrece la fruta a un precio de 20 pesos por pieza o dos naranjas por 30 pesos. Aunque podría resultar algo costoso para algunos visitantes, la realidad es que después de recorrer 2.5 kilómetros hasta el Teleférico esa naranja puede ser de gran ayuda si te encuentras deshidratado o cansado.
Con una sonrisa y una gran actitud, Cachito disfruta sus mañanas saludando a los senderistas que pasan enfrente de su pequeño puesto y dándoles una palabra de ánimo para alcanzar su meta, ya sea llegar al mirador del Teleférico o hasta Las Antenas, que es más del doble de recorrido.
Gilberto señaló que su jornada en el cerro concluye alrededor del mediodía y que en ocasiones para esa hora, ya vendió todas las naranjas.
Es así como a sus casi 70 años, el regiomontano se mantiene activo y con un gran condición física, además encontrar una fuente de sustento al hacer lo que le gusta y estar conectado con la naturaleza.
grt