Al menos tres microsismos de 1.3, 1.7 y 2.3 grados se registraron en menos de 12 horas en Naucalpan, teniendo su epicentro en el perímetro en la zona comprendida entre El Molinito, Río Hondo, Loma Linda y Los Remedios, sin que causara daños a la población, ni a las edificaciones asentadas en ese lugar.
Los microsismos que fueron perceptibles en esa zona de Naucalpan, se registraron, uno de 1.3 grados Richter a las 13:54 del 14 de febrero de 2026; otro de 1.7 grados a las 23:38 del 14 de febrero y el más reciente ocurrió este domingo a las 8:32 de una magnitud de 1.3 grados Richter.
En esa misma zona de Naucalpan en anteriores fechas se han registrado otros episodios de microsismos, sin causar daños a la salud de las personas, ni a la infraestructura urbana, casas, edificios, calles o avenidas.
El 20 de noviembre de 2025 se registraron tres microsismos, el 1 de diciembre de ese mismo año ocurrieron otros dos de baja intensidad, los cuales fueron registrados también por el Instituto de Investigaciones Geológicas y Atmosféricas, que fueron detectados por medio de sus sismógrafos, los cuales se encuentran instalados en el Cerro El Boludo de Praderas de San Mateo.
Los mismos sismógrafos del IIGEA detectaron, desde la instalación de sus sismógrafos hace dos años, más de 224 microsismos con epicentro en Praderas de San Mateo, no obstante, en junio y agosto detectaron otros movimientos de suelos en la zona de El Molinito, Río Hondo, Loma Linda y Los Remedios.
Según los expertos de la FES Acatlán, los microsismos ocurridos en Praderas de San Mateo ocurrieron por movimientos de fallas geológicas, como la que va de la Presa Madín a Praderas, y otras de Jilotzingo a Praderas.
Mientras que la que ocasiona los movimientos del subsuelo en el área de El Molinito, Río Hondo, Loma Colorada y Los Remedios, como Río Hondo, El Molinito, Loma Colorada y Los Remedios, obedecen a un entramado de fallas geológicas que cruzan en distintas direcciones y que, en sus intersecciones, generan movimientos telúricos constantes.
Ello ocurre en la llamada Formación Tarango, conformada por materiales blandos y poco resistentes, y que corresponde a la falla de la Sierra de las Cruces, como se ha dado a conocer en diversas ocasiones por parte de la académica de Acatlán, Reina Irina Castro.
Los movimientos de suelos o microsismos se dan con epicentro a una profundidad de entre 500 a 1 kilómetros de profundidad y no han causado, hasta ahora, daños a personas o infraestructura urbana.