• El río Pánuco ha sido frontera, ruta militar, campo de batalla y, casi dos siglos después, objeto de una disputa por el agua

El afluente que divide al norte de Veracruz del sur de Tamaulipas fue testigo de la batalla que frenó la reconquista de México.

Tamaulipas /
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M+.- Un capítulo glorioso de la historia de México corre por el río Pánuco. El afluente que divide al norte de Veracruz del sur de Tamaulipas fue testigo del fracaso en el último intento de la Corona española por reconquistar nuestro país.

Esas páginas decisivas en la historia de México se escribieron en cinco municipios de esta región geográfica. Y el Pánuco fue parte del campo de batalla.

Por sus aguas y sus márgenes se movieron las tropas mexicanas y españolas durante 45 días de combate. Sus pasos, fortines y poblaciones quedaron atrapados en la campaña que terminó con la capitulación (acuerdo de rendición) del general Isidro Barradas.

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Desembarcan en Cabo Rojo

La historia comienza en Cabo Rojo, municipio de Tampico Alto, Veracruz. En esas costas desembarcó la expedición española encabezada por el brigadier Isidro Barradas, enviada desde Cuba con la intención de recuperar para la Corona el territorio que España había perdido tras la Independencia de México.

“Eran más de 3 mil hombres los que llegaron el 26 de julio de 1829 y comenzaron a avanzar hacia el río Pánuco, convencidos de que el país podía ser reconquistado. Pretendían sumar simpatizantes del antiguo régimen y esperar refuerzos que permitieran avanzar tierra adentro”, cuenta a MILENIO el cronista de Pueblo Viejo, Veracruz, Martín Pérez San Martín.

Pero desde el principio el territorio comenzó a jugar en contra de los invasores. El calor, la falta de agua potable, las enfermedades y las largas marchas por terrenos arenosos empezaron a desgastar a las tropas. El ejército español comenzaba a pagar el precio de haber desembarcado en una región que no conocía.

Y frente a ellos estaba el Pánuco. El río no era todavía la trampa que terminaría siendo semanas después. Era, en cambio, la frontera natural que los españoles tenían que superar para consolidar su avance.

Batalla de Tampico, representación. | Yazmín Sánchez

Pueblo Viejo, el cuartel y la resistencia

Para llegar a Tampico, la expedición tuvo que moverse por una región atravesada por el río y sus pasos. Los españoles ocuparon posiciones en ambas márgenes y tomaron puntos estratégicos, entre ellos el fortín de La Barra, relata, por su parte, el historiador Francisco Ramos Alcocer.

“Del lado veracruzano, Pueblo Viejo adquirió una importancia que con el paso de los días sería decisiva. Fue aquí donde las fuerzas mexicanas encontraron un punto de apoyo para organizar la defensa y desde donde Antonio López de Santa Anna condujo parte fundamental de las operaciones contra los invasores”, subraya Pérez San Martín.

La documentación de la capitulación del 11 de septiembre confirma que el cuartel general mexicano estaba establecido en Pueblo Viejo de Tampico, añade.

“Mientras tanto, las fuerzas mexicanas comenzaron a organizar un cerco que dependía, en buena medida, del control de los caminos, los pasos y las comunicaciones alrededor del Pánuco”.

El río se convirtió así en una línea de separación, pero también en una vía de movimiento para tropas, pertrechos y comunicaciones.

La expedición había llegado por mar. Para mantenerse, necesitaba controlar tierra firme. Y ahí comenzó a perder ventaja.

La Barra, punto de defensa

La Barra era uno de los puntos clave de la defensa española. El fortín controlaba uno de los accesos estratégicos al área de Tampico y permitía a los invasores mantener comunicación y protección en la zona del río.

Pero conforme avanzó la campaña, esa posición terminó convertida en uno de los principales puntos de presión sobre los españoles.

“El 3 de septiembre, las fuerzas mexicanas capturaron una embarcación española, en un episodio que contribuyó a cortar comunicaciones y abastecimientos de los invasores. Para entonces, el ejército de Barradas comenzaba a padecer la falta de víveres y el desgaste provocado por los combates y las enfermedades”, refiere Ramos Alcocer.

El río se convierte en trampa

El Pánuco dejó de ser frontera y se convirtió en trampa.

De un lado estaban los españoles atrincherados en Tampico y La Barra. Del otro, las fuerzas mexicanas que habían conseguido establecer posiciones alrededor de los accesos y caminos.

La geografía comenzó a pesar tanto como las armas.

“Barradas podía mantener posiciones, pero cada vez tenía menos margen para moverse. Las fuerzas mexicanas podían presionar desde distintos puntos y, sobre todo, podían aprovechar el conocimiento del terreno”, expone.

El río, que al principio había servido como obstáculo para los defensores mexicanos, terminó ayudándoles a cerrar el espacio de maniobra del enemigo.

Río Pánuco. | Yazmín Sánchez

Tampico, la ciudad vacía

El 7 de agosto, las fuerzas españolas ocuparon Tampico. Pero la ciudad que encontraron no era la que esperaban.

“La población había abandonado buena parte del lugar y se había desplazado hacia zonas como Altamira. Los españoles podían ocupar las calles, pero eso no significaba que hubieran conquistado el territorio que las rodeaba”, narra Francisco Ramos.

La escena resulta difícil de imaginar casi dos siglos después: un ejército extranjero entrando en una ciudad portuaria que necesitaba alimentos, agua y apoyo local, y encontrando una población que se había marchado.

“La ciudad podía estar en manos españolas, pero los caminos, los pobladores y buena parte de los recursos estaban fuera de su alcance. Ese sería uno de los grandes problemas de la expedición”.

Barradas había conseguido llegar a Tampico, pero ahora tenía que sostener allí a miles de hombres. Y el territorio comenzó a negarle lo que necesitaba para hacerlo.

Altamira, sin comida ni agua

El siguiente movimiento llevó a los españoles hacia Altamira.

“El 20 de agosto, las fuerzas invasoras llegaron a la población en busca de suministros. Pero nuevamente encontraron una localidad afectada por el desplazamiento de sus habitantes y una región que no ofrecía las condiciones que el ejército necesitaba para mantenerse”, subraya el cronista de Altamira, Francisco Castellanos Saucedo.

Altamira era mucho más que otro punto en el mapa. Era una de las rutas naturales para comunicarse con el interior y un espacio fundamental para el movimiento de las fuerzas mexicanas.

Manuel Mier y Terán desempeñó un papel importante en las operaciones militares de la zona. Las fuerzas mexicanas buscaban impedir que los españoles pudieran consolidar su avance y, al mismo tiempo, mantenerlos alejados de los recursos que necesitaban.

“La estrategia comenzó a tener un efecto acumulativo. Los españoles avanzaban, pero cada avance los alejaba de sus fuentes de abastecimiento. Ocupaban poblaciones, pero no necesariamente controlaban el territorio”.

Ganaban terreno, pero perdían hombres. Y mientras tanto, Santa Anna reunía fuerzas para regresar sobre Tampico.

Santa Anna cierra el cerco

La campaña entró entonces en su fase decisiva. Con el grueso de las fuerzas españolas desplazado hacia Altamira, Santa Anna aprovechó la oportunidad para presionar sobre Tampico.

“El ejército invasor comenzaba a quedar dividido. Barradas había llegado a México con la intención de avanzar hacia el interior. Ahora tenía que regresar sobre sus propios pasos para sostener las posiciones que había ocupado. La situación se había invertido”, comenta el cronista de Pueblo Viejo.

Añade que los españoles habían cruzado el Pánuco para avanzar. Ahora tenían que volver hacia él para intentar no quedar aislados.

El cerco mexicano se fue estrechando durante los primeros días de septiembre. Las posiciones españolas estaban sometidas a una presión creciente y la falta de víveres agravaba la situación.

“Para el 8 de septiembre, Santa Anna ya había enviado a Barradas un ultimátum desde su cuartel general en Pueblo Viejo. La respuesta española no podía cambiar una realidad cada vez más evidente: la expedición había quedado atrapada en la región que pretendía conquistar”.
Antonio López de Santa Ana. | Archivo

El último combate

La noche del 10 de septiembre volvió a poner al Pánuco en el centro de la guerra.

“Santa Anna se desplazó desde Pueblo Viejo hacia La Barra con cerca de mil hombres y ordenó el ataque contra las posiciones españolas. El combate se prolongó durante la noche y las primeras horas del 11 de septiembre”, apunta Martín Pérez San Martín.

Era el último gran enfrentamiento de la campaña. Las tropas mexicanas atacaban las posiciones españolas mientras los extranjeros intentaban mantener el fortín.

El río estaba nuevamente en medio. A esas alturas, los españoles ya no combatían para avanzar, sino para sostener la última posición que les permitía mantener una salida.

Pero a la presión del combate se sumó otro enemigo: el mal tiempo. Un huracán azotó la costa y terminó por agravar las condiciones en que se encontraban las tropas españolas, debilitadas, enfermas y cada vez más aisladas.

La situación hacía todavía más difícil sostener la posición y continuar la resistencia. El combate terminó por inclinar definitivamente la balanza.

Al amanecer del 11 de septiembre, los españoles solicitaron el alto al fuego.

Barradas había llegado a las costas mexicanas con un ejército de miles de hombres. Ahora necesitaba negociar su salida.

La capitulación en Pueblo Viejo

La capitulación se firmó el 11 de septiembre de 1829 en el cuartel general de Pueblo Viejo de Tampico.

“El documento histórico es contundente sobre el lugar: allí se reunieron los representantes de Santa Anna y de Barradas para establecer las condiciones de la capitulación”, afirma el cronista norveracruzano.

El acuerdo establecía, entre otras condiciones, la evacuación del fortín de La Barra y la entrega de armas y municiones a las fuerzas mexicanas. También contemplaba que las tropas españolas abandonaran Tampico y que la expedición no volviera a tomar las armas contra México.

Barradas había sido derrotado. La expedición que pretendía reconquistar México terminaba así en las márgenes del Pánuco.

“Y el lugar donde quedó formalizada la capitulación no fue Tampico. Fue Pueblo Viejo. Eso explica por qué, casi dos siglos después, la memoria de aquella victoria sigue siendo muy importante para este municipio veracruzano”, dice el cronista de aquella ciudad.

Sostiene que se habla de la victoria de Tampico, pero en realidad el escenario fue mucho más amplio. Comenzó en Cabo Rojo (Tampico Alto), pasó por Pueblo Viejo, donde se planeó la defensa del territorio nacional, y tuvo en La Barra (hoy Ciudad Madero) uno de sus principales campos de batalla. Llegó a Tampico y avanzó hasta Altamira, para terminar nuevamente en Pueblo Viejo.

Un río, dos estados, cinco municipios y una misma batalla. Todos tienen algo que contar sobre aquellos 45 días.

“En 1829 las fronteras administrativas y las ciudades no tenían exactamente la configuración que hoy conocemos. El territorio era otro y los nombres de los lugares también podían variar en los documentos de la época”, advierte Francisco Ramos.

La victoria que corre por el Pánuco y la nueva disputa

La derrota de Barradas fue mucho más que la expulsión de una expedición militar. Fue el fracaso del último intento español de reconquistar México mediante una operación armada.

La independencia mexicana había sido proclamada ocho años antes, pero España todavía no la reconocía formalmente.

El calendario nacional la llama la Victoria de Tampico.

Pero sus huellas siguen el curso del río que, en 1829, dejó de ser una frontera entre dos estados para convertirse en el escenario de una de las páginas decisivas de la historia militar de México.

Casi dos siglos después, el Pánuco vuelve a estar en el centro de una disputa, esta vez no por el territorio, sino por el agua.

Ya no hay soldados cruzando el río. Ahora hay proyectos hidráulicos, intereses estatales y una discusión sobre quién puede aprovechar el agua de la cuenca.

Nuevo León busca reactivar el viejo proyecto de conducir su agua hasta Monterrey, mientras Tamaulipas impulsa su propia estrategia para aprovechar el caudal y atender sus necesidades hídricas.


  • Cristina Gómez
  • Con más de tres décadas en el periodismo, escribir es mi pasión. Buscadora de verdades ocultas, de convertir cifras en relatos y de tejer reportajes que dejen huella en la memoria colectiva, porque todo dato encierra un rostro, una vida, una historia. Orgullosamente panuquense y tampiqueña por adopción.

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