Hay personas que llegan a casa y se quitan los zapatos de inmediato, mientras que otras pasan buena parte del día con ellos puestos y hasta los llevan a la cama. Sin embargo, las suelas pueden acumular mucho más que polvo y suciedad visible durante una jornada normal.
La Secretaría de Salud de la Ciudad de México (Sedesa) llamó la atención sobre este hábito y recomendó no subir los zapatos a la cama, debido a que el calzado puede transportar distintos microorganismos y sustancias que se encuentran en las superficies del exterior.
La razón es sencilla: las suelas están en contacto constante con calles, banquetas, pisos, estacionamientos, jardines y otros lugares donde pueden adherirse partículas que después terminan dentro de la vivienda.
¿Qué puede llevar una suela?
Una suela puede recoger bacterias, polvo y restos de diferentes materiales presentes en el entorno. La Sedesa advierte que entre aquello que puede adherirse al calzado se encuentran restos fecales, pesticidas, sustancias químicas y metales pesados, además de microorganismos.
Esto no significa que todas las suelas estén contaminadas con cada uno de estos elementos, pero sí que el calzado puede convertirse en un vehículo para trasladar contaminantes de un sitio a otro.
La evidencia científica respalda parte de esta preocupación. Una revisión publicada en Journal of Applied Microbiology analizó diferentes investigaciones sobre los microorganismos encontrados en las suelas y concluyó que el calzado puede funcionar como un posible vehículo para transportar agentes infecciosos.
Entre los microorganismos identificados en distintos estudios aparecen bacterias como Staphylococcus aureus, Clostridioides difficile y algunas bacterias gramnegativas.
En una investigación realizada en hogares de Australia, científicos encontraron Clostridioides difficile en muestras tomadas de suelas de zapatos. La bacteria es capaz de producir toxinas y puede encontrarse en ambientes contaminados.
El problema no termina con las bacterias
La suciedad que entra a una casa en las suelas tampoco se limita a microorganismos.
La Universidad Nacional Autónoma de México ha advertido sobre la presencia de metales pesados en suelos y polvo urbano y ha señalado que estos contaminantes pueden ingresar a los hogares a través del calzado.
El polvo también puede acumular sustancias procedentes del tráfico, actividades industriales, pesticidas y otros elementos presentes en el ambiente. Al caminar por distintas superficies, algunas de estas partículas pueden quedar adheridas a las suelas.
Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) también explican que determinadas sustancias químicas pueden ser transportadas al hogar en los zapatos y la ropa después de una exposición en el exterior.
Por eso, cuando alguien camina con el mismo calzado por la calle y posteriormente se sube a la cama, no solamente está llevando tierra o polvo: también puede estar trasladando partículas y microorganismos que no son visibles.
¿Eso significa que te vas a enfermar por subir los zapatos a la cama? No necesariamente.
Que una suela pueda transportar microorganismos o contaminantes no significa que cada contacto vaya a provocar una enfermedad. Para que exista un riesgo real intervienen factores como el tipo de microorganismo, la cantidad presente, la vía de exposición y las condiciones de cada persona.
La propia investigación científica sobre las suelas como posibles vehículos de patógenos señala que todavía se necesitan más estudios para establecer con precisión qué tan importante es el calzado en la transmisión de enfermedades dentro de los hogares.
Por ello, la recomendación de Sedesa debe entenderse principalmente como una medida preventiva de higiene: reducir la cantidad de suciedad, microorganismos y contaminantes que entran a los espacios interiores.
¿Qué hacer con los zapatos al llegar a casa?
La medida más sencilla es establecer una zona para dejar el calzado cerca de la entrada y utilizar otro par exclusivamente dentro de casa.
También conviene limpiar con regularidad los pisos y otras superficies, especialmente en hogares donde hay niños pequeños, mascotas o personas que pasan mucho tiempo en contacto con el suelo.
Los CDC señalan que la limpieza habitual permite retirar suciedad y microorganismos de las superficies y que, en la mayoría de las situaciones cotidianas, limpiar con agua y jabón es suficiente. La desinfección tiene un papel adicional cuando existen circunstancias específicas, como la presencia de una persona enferma.
Así que la próxima vez que tengas la tentación de subirte a la cama con los zapatos puestos, vale la pena pensar en dónde estuvieron esas suelas durante el día.
Quizá a simple vista parezcan limpias, pero lo que llevan adherido no siempre puede verse.
JCM