• La explosiva fe del Estado de México: truenan un cohete cada 13 segundos... para un total de 2.3 millones cada año

  • La entidad satisface aproximadamente 60% de la demanda nacional y cuenta con zonas de producción, almacenamiento y comercialización en 60 de sus 125 municipios.
Claudia Hidalgo
Toluca, Estado de México /
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M+.- Más de 2 millones 370 mil cohetes estallan cada año en el Estado de México para acompañar misas, procesiones, fiestas patronales y celebraciones religiosas. Son 45 detonaciones cada 10 minutos o uno cada 13 segundos, día y noche, durante todo un año.

Detrás de esa explosión de fe existe una industria artesanal que emplea a miles de familias, pero también un riesgo que las autoridades tienen identificado desde hace años: explosiones, incendios, quemaduras, intoxicaciones y accidentes.

En el Estado de México, la pirotecnia forma parte de la identidad de comunidades enteras. Se fabrica, se almacena, se vende y se quema en toda la entidad, mientras las iglesias recurren a los cohetones para anunciar la llegada de sus santos y acompañar sus celebraciones.

El problema es que la misma pólvora que convierte una fiesta religiosa en espectáculo también puede transformar un taller, un mercado o una calle en el escenario de una emergencia.

El Instituto Mexiquense de la Pirotecnia (Imepi) contabiliza 16 mil 460 gruesas de cohetes utilizados al año por las iglesias de la entidad. Una gruesa son doce docenas o 144 unidades. Es decir, un total de dos millones 370 mil 240 cohetes exactamente.

La cifra equivale a unas 10 gruesas por templo católico y coloca a la tradición religiosa frente a una dimensión que pocas veces se mira: millones de explosiones que forman parte de la vida cotidiana mexiquense.

Desde 2022, la pirotecnia forma parte del Atlas de Riesgo del Estado de México. Ahí están identificadas 60 localidades donde existe algún tipo de riesgo relacionado con esta actividad.

Tultepec, epicentro de la pirotecnia

De acuerdo con el Programa Preventivo de Artificios Pirotécnicos 2026, actualizado al 29 de julio de este año, Tultepec es considerado como la capital nacional de la pirotecnia, con una tradición artesanal de más de 200 años, donde alrededor de 65 por ciento de su población está involucrado en esta actividad.

A nivel nacional se produce pirotecnia en 22 estados, pero a menor escala, pues el Estado de México es quien satisface 60 por ciento de la demanda nacional e incluso para grandes festejos internacionales, donde ha hecho presencia.

Otros municipios en el Estado de México donde hay polvorines son Almoloya de Juárez, Amecameca, Axapusco, Ozumba, Texcoco, entre otros.

En total están en 60 de los 125 municipios, es decir, en 48 por ciento de la entidad existe algún tipo de riesgo por la producción de pirotecnia, pero en realidad en toda la entidad existe quema, ya sea en festividades religiosas, fuera de las iglesias o en las calles, o en algún otro tipo de evento, como son festejos del 15 de septiembre, entre otros, e incluso en diversas comunidades todavía existe la costumbre de desintegrar nubes o las llamadas “colas” con cohetones, para evitar que caiga una fuerte tromba o algún otro fenómeno meteorológico de grandes dimensiones.

Sin duda, la actividad es más relevante en los municipios de Tultepec, Zumpango y Chimalhuacán, donde además están ubicados los mercados formales que operan durante todo el año, con mayor venta entre los meses de agosto a diciembre.

Los mercados más famosos son: San Pablito, en Tultepec; Loma Chocoli, en Chimalhuacán; Talleres Familiares, en Almoloya de Juárez; El Diamante, en Zumpango; Santiago Tepetlaxco, en Naucalpan, y Talleres Pequeños, en Texcoco.

En todos ellos ya se opera con diversas medidas de seguridad, implementadas a partir de la tragedia de diciembre de 2016 en el mercado de San Pablito, en Tultepec, donde murieron 42 personas y decenas más resultaron heridas.

Ahora hay medidas especiales para establecer en cada puesto y en los lugares donde se fabrica o manipula pirotecnia no debe haber mujeres embarazadas, tampoco niñas y niños, por las sustancias químicas peligrosas que pueden afectar la gestación y el desarrollo de la niñez, entre otras medidas que no siempre se cumplen y por lo cual las explosiones en diversos sitios de la entidad han sido reiteradas.

El riesgo está en su origen

El origen de la pirotecnia en el país se da con la introducción de la pólvora durante el periodo virreinal. Fue adoptada de manera paulatina en celebraciones religiosas, festividades patronales, actos cívicos y expresiones populares.

El Estado de México es el principal referente nacional en la materia y concentra el mayor número de personas dedicadas a la fabricación, almacenamiento, distribución y comercialización de artificios pirotécnicos, que da empleos a miles de familias.

Su regulación corresponde a la Secretaría de la Defensa Nacional, que es quien autoriza la fabricación, almacenamiento, transporte, comercialización y consumo de artificios pirotécnicos, como lo establece la Ley Federal de Armas de Fuego y Explosivos y su Reglamento.

De forma complementaria, el Imepi lleva a cabo acciones de capacitación, asesoría técnica, fomento a la cultura de la prevención y fortalecimiento de las medidas de seguridad, en coordinación con autoridades federales, estatales y municipales.

A lo largo de la historia se han registrado diversas emergencias en talleres autorizados, polvorines, centros de almacenamiento, puntos de venta temporales y establecimientos clandestinos, donde Protección Civil reitera que es necesario fortalecer las acciones preventivas, incrementar la supervisión institucional y fomentar una cultura de la autoprotección.

El riesgo de la pirotecnia está en los materiales que la componen: pólvora negra para la explosión, combustibles y oxidantes para mantener la reacción química, además de sales metálicas para crear colores; el estroncio, por ejemplo, da el rojo y el cobre, el color azul.

Sin “procesos normalizados…” ni capacitación

La fabricación artesanal de pirotecnia representa también múltiples riesgos críticos —señala el documento— debido a su naturaleza química explosiva, la ausencia de procesos normalizados, seguridad ocupacional y regulación térmica. Los riesgos son explosiones, toxicidad por inhalación, ruido extremo, lesiones físicas y contaminación ambiental.

La etapa de mayor vulnerabilidad es la mezcla química, el embalaje, el almacenamiento y el transporte interno, donde “los fuegos artificiales son fenómenos químicos tecnológicos generados por reacciones violentas entre sustancias químicas que producen efectos luminosos, caloríficos. Se usa pólvora sin control estandarizado y esquemas de calidad y no tienen una producción normalizada porque las fórmulas se transmiten tradicionalmente y no se someten a pruebas formales, lo cual implica un riesgo inherente durante su manipulación, fabricación y almacenamiento”.

Los riesgos químicos y físicos principales son las explosiones e ignición accidental; la toxicidad e inhalación del polvo químico, la proyección de fragmentos y quemaduras, el riesgo ergonómico y mecánico, además del ruido extremo y daño auditivo.

Finalmente, en el Programa Especial de Festividades 2026 de la entidad se reconoce que la amplia diversidad cultural, histórica y religiosa que se manifiesta a través de diversas fiestas patronales, peregrinaciones religiosas, carnavales, ferias regionales, festivales culturales, celebraciones cívicas, eventos deportivos y actividades recreativas, requieren de una adecuada planeación y coordinación institucional para garantizar condiciones óptimas de seguridad.

En este documento se reconoce que la pirotecnia artesanal es una industria de alto riesgo con talleres irregulares donde más de 500 artesanos trabajan sin capacitación ni permisos adecuados, ocasionando múltiples accidentes.

Los del Estado de México representan 30 por ciento de los accidentes nacionales con pirotecnia, y se calcula que cuatro de cada 10 ocurren en talleres clandestinos y lugares no regulados.

LG

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