DOMINGA.– Raúl Hernández entró a México en agosto de 2025 con la misma ropa que llevaba puesta seis meses antes, cuando lo arrestaron en Miami, Florida, y con un papel que le notificaba su deportación. No tenía nada más. Llevaba una semana sin bañarse y era la primera vez en veintidós años que, en vez de entrar con gafas de sol de turista, llegaba sucio, medio muerto de hambre y con la certeza de que no regresaría a Estados Unidos, donde creció. Menos a Cuba, donde nació.
El autobús los dejó en el Instituto Nacional de Migración (INM) de Tabasco, a él y a otra docena de cubanos. Llegaban a un lugar que nunca habían visto, a casi 700 kilómetros de la Ciudad de México. Raúl pidió un teléfono porque ni siquiera traía el suyo. Llamó a su padre, en Cancún, y éste le mandó dinero para encontrarse allí.
Apenas al llegar abrió TikTok. I just wanted to document my experience, dijo, acostado en una hamaca con la barba recortada y una gorra. Aquel video tuvo miles de vistas.
Un par de horas después ya estaba conversando con un paisano, que habían deportado luego de 35 años en Miami. Una entrevista espontánea en la calle. Tuvo cientos de vistas. Desde entonces no falla ni una noche. Todos los días, de siete a ocho, en vivo, actualiza información sobre las deportaciones y explica cómo funcionan las estafas a los migrantes, dónde conseguir trabajo, qué hacer con los trámites del asilo, las dudas básicas de los recién llegados.
Y los recién llegados se lo agradecen porque es difícil encontrarse a alguien que hable tu slang y te detalle las cosas para que las entiendas. También se lo agradece mucha gente que sigue en Estados Unidos, escondida de ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas) sin saber bien ni qué hacer.
Las políticas migratorias de la Casa Blanca tienen a millones de gente asustada. Aunque ahora, rumbo a las elecciones intermedias del próximo 3 de noviembre, las encuestas muestran cada vez más rechazo a estas medidas. Un estudio de la Universidad Quinnipiac, publicado en julio, señaló que 60% de los votantes registrados desaprobaba el trabajo de ICE: 94% de los demócratas y 67% de los independientes. Frente a 78% de los republicanos que aseguró respaldarlo. Mientras tanto, otros sondeos recientes coinciden en que alrededor de dos tercios de los latinos consideran que la agenda migratoria del presidente Trump ha ido demasiado lejos.
Raúl tiene más de 29 mil seguidores. Se llama @cubanodeportado. Antes era @DadeCountyRaul pero qué sentido tenía un nombre en inglés cuando hablas para migrantes que nacieron donde naciste, que vienen de donde vienes y que tampoco tienen ni idea de qué va a pasar con ellos…
La primera vez que conversé con él eran las cuatro de la tarde de un viernes, a finales de julio. Nos conectamos por WhatsApp, sin cámara, mientras buscaba quién lo llevara a la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar) de Cancún a reportarse, como tiene que hacer cada dos semanas. Le faltaban tres horas para su live y todavía no sabía de qué hablar. Ni le preocupaba. “Ahorita cualquiera me cuenta algo que le pasó y me da una idea”, dijo. Pero sí estaba al tanto de las noticias y estuvimos un rato discutiéndolas. “La comunidad no te deja mentir. Si dices algo que no tiene sentido, la gente te dice: Oye, eso no es verdad”.
Los mensajes le llegan sin parar. Alguien que fue detenido en una cita. Alguien que acaba de aterrizar en Cancún y necesita trabajo. Otro que lleva semanas sin saber de un primo detenido en Arizona. Raúl verifica lo que puede y lo demás lo contrasta con la misma comunidad migrante.
Estados Unidos ha deportado ciudadanos cubanos a México
Según un informe de Human Rights Watch publicado en mayo pasado, Estados Unidos había enviado a México a 4 mil 353 cubanos entre enero de 2025 y marzo de 2026, la cifra más alta entre los nacionales de terceros países deportados durante ese periodo. Gente que llega a lo desconocido con una mano delante y la otra atrás. “Nos abandonan aquí a morir”, se llama el reporte. La frase la dijo un hombre de 58 años que los investigadores encontraron tirado como un mendigo en la calle, en Villahermosa, Tabasco.
Entre ese lapso de tiempo, la administración Trump envió unos 13 mil ciudadanos de terceros países a México, es decir, personas que no tienen documentos legales ni aquí ni en México. Los cubanos eran el grupo más grande.
¿Por qué México y no Cuba? Porque el gobierno de la isla se negó durante años a aceptar vuelos de repatriación, sobre todo si transportaban a personas con antecedentes penales. Si La Habana rechazaba a un deportado, las autoridades estadounidenses solían dejarlo en libertad bajo supervisión, obligado a reportarse regularmente. Y bueno, la orden de deportación podían enmarcarla al lado del televisor como un souvenir burocrático.
Esa política empezó a cambiar en 2026. En febrero, la isla recibió el primer vuelo de deportación del año, con 170 migrantes, algunos de ellos con antecedentes penales. Eso no significa que La Habana haya reconsiderado su postura. La decisión de a quién sí y a quién no sigue siendo, cuanto menos, discrecional.
En marzo, un juez federal de Boston, William Young, estaba revisando el caso de Jorge Juan Navarro, un cubano detenido por ICE en febrero después de vivir más de treinta años en Estados Unidos. Los abogados del gobierno le dijeron a Young en una audiencia que existía un acuerdo con México para aceptar a deportados cubanos. El juez pidió ver ese acuerdo por escrito. Le contestaron que no había ninguno. “¿Qué? ¿Esto puede ser cierto?”, escribió Young en una orden judicial. “¿Hay un acuerdo no escrito entre dos naciones soberanas mediante el cual ya han mandado a 6 mil ciudadanos cubanos para México?”.
El país que gobierna Claudia Sheinbaum, sin embargo, no ha reconocido la existencia de un acuerdo de ese tipo. Desde que empezó el segundo mandato de Trump, conseguir datos sobre arrestos y deportaciones de ICE se ha vuelto cada vez más difícil, reconoce Human Rights Watch. En tanto, Sheinbaum ha insistido en que México no es un “tercer país seguro”.
Episodios violentos y hacinamiento en el penal de Krome, Florida
Raúl, @cubanodeportado, todos los días conoce a gente que la está pasando mal, expulsados de un país al que no pueden volver y estancados en otro, sin nada. Esa comunidad, formada por los propios deportados, los detenidos y sus familias, se ha conectado gracias a él. Le cuentan lo que pasa antes de que salga en los medios.
Raúl salió de Cuba con seis años, con su madre y su hermana. Vivió unos meses de tránsito en México y llegó a Estados Unidos en diciembre de 2003. Aprendió inglés como un nativo, obtuvo su green card. Con trece años murió su mamá y se descolocó. Trastabilló durante la adolescencia hasta que a los dieciséis lo arrestaron por primera vez. Drogas, robos menores, manejar sin licencia. Con un récord así, nunca le aprobaron la ciudadanía. Lo cuenta con una franqueza brutal, como si ya hubiera hecho las paces con eso.
En 2019 cumplió diez meses por posesión de cocaína. Peleó el caso pero lo que ganó fue una orden de deportación. “Me la gané con honores”, bromea. Y salió a seguir su vida en Miami con esa orden pendiente, como tantos. Hasta que lo paró la policía de nuevo manejando sin licencia, en mayo de 2025. Salía de visitar a su hermana y recuerda que hasta tenía boletos para un concierto esa noche. Él, que vivió entrando y saliendo de prisión, pensó que aquello iba a ser otro tour de rutina pero el tour que le tocó fue uno por el centro de detención de Krome, Florida. “Eso sí fue candela. Nunca había visto situaciones tan malas como las que vi esa vez”.
Organizaciones han denunciado que, tras la segunda llegada de Trump a la Casa Blanca, la población penal en Krome aumentó drásticamente. “Metían hasta cuarenta personas en un lugar donde caben diez”, dice Raúl, que estuvo ahí. Los reportes mencionan hacinamiento, acceso limitado a la atención médica, frío extremo, poca comida, episodios violentos con los guardias.
“Bro, he estado preso desde chamaco. Y te repito, nunca había visto situaciones tan malas. Todo el mundo decía lo mismo”.
Así hasta que lo montaron en un ómnibus, esposado de pies y manos, y lo soltaron en el Adelanto ICE Proccesing Center, en California, otro centro atestado y tan cochino que hasta el agua de las llaves sale turbia. Ahí fue donde Raúl se dio cuenta de que la desinformación es peor que el hambre.
“Nadie sabía nada. Los deportadores, que son los que gestionan los casos, llegaban una vez a la semana y no podían decir nada concreto porque tampoco lo sabían. Uno dijo que a los cubanos los iban a soltar, máximo, en seis meses. Otro que nos iban a mandar para África y, si no queríamos, nos mandaban para la luna. Literal, se creen que es cómico”.
Y en medio de eso, los rumores: que en Texas soltaron a no sé quién, que fulano ya está en su casa en Kentucky. Los días pasando y nadie sabía si saldría la semana que viene o en veinte años. Pasaron tres meses hasta que le dieron ese papel que todavía resguarda, en el que le informaban que el Departamento de Seguridad Nacional pretendía mandarlo a México. “Parece una hoja de escuela. Dos oraciones y una firma”, asegura. “Y donde va mi firma dice refused”.
Apenas tres de los entrevistados por Human Rights Watch aceptaron ser deportados a México. Raúl no firmó, aunque sabía que su mejor opción era mudarse a Cancún, con su padre. La organización documentó al menos tres casos de personas que alegaron tener miedo a ser enviadas a México. Dos de ellas aseguraron que familiares suyos habían sido secuestrados o asesinados en su país. A ninguna le concedieron una audiencia para examinar sus solicitudes de protección.
El autobús que llevaba a Raúl cruzó por Nogales. Del otro lado, le quitaron las esposas. “Ya están libres”, les dijeron. Mentira. No volvieron a bajar hasta Tabasco. Frente al INM encontraron un puesto de tacos donde, de favor, les dieron comida y una palangana para asearse.
“Estoy durmiendo en la calle, como un perro”
Los deportados no tienen un estatus migratorio claro en México. A los que llegaron con Raúl, las autoridades les notificaron que tenían un permiso limitado para permanecer en el país, aunque muchos de esos permisos sólo duraban diez días. Les recomendaron empezar un proceso ante la Comar. El problema es que el refugio se volvió todavía más inaccesible. La capacidad de la Comisión se ha visto afectada desde inicios de 2025, en parte debido a los recortes de financiamiento a la Agencia de la ONU para los Refugiados.
Bajo la legislación mexicana, quienes inician una solicitud de refugio deben permanecer en el estado donde la presentan durante el tiempo que el trámite esté pendiente. Mientras esperan a la burocracia, no les queda de otra que deambular por ciudades incluso peligrosas de donde, encima, no pueden salir.
“Nos dejaron en un autobús a las once de la noche, podrían haberme matado”, contó Emiliano, de 47 años, a Human Rights Watch.
“Estoy durmiendo en la calle, como un perro”, agregó Javier, de 62.
De acuerdo con el informe, 26% de los cubanos deportados no tenía antecedentes penales; 16% tenía como condena más grave un delito violento o potencialmente violento; y el resto perdió la residencia por infracciones menores, como manejar sin licencia o depositar cheques sin fondos.
Por otro lado, más de la cuarta parte de los entrevistados no había cometido otro “delito” que entrar a Estados Unidos con un formulario I-220A, una orden de liberación bajo palabra que no cuenta como admisión legal y que, en la práctica, impide aplicar a la residencia mediante la Ley de Ajuste Cubano.
“Esa es la gente que me parte el corazón. Los que nunca hicieron absolutamente nada mal allá y ahora están aquí”, dice Raúl al respecto.
“Tuve una multa por pescar sin licencia, pero la mayoría de los que sí hacen las cosas mal siguen sueltos. Eso es difícil de asimilar”, escribió alguien en un grupo de WhatsApp de cubanos que creó Raúl en septiembre de 2025 para “compartir experiencias, recursos e información” y ya tiene más de 200 miembros.
“Yo me quejaba porque era I-220A sin récord, pero sabiendo cómo están las cosas mejor uno se calla y agradece que no lo manden pa’ Cuba”, escribió alguien más.
Con la crisis en Cuba y el hostigamiento que le lanza Estados Unidos, Cuba dejó de ser opción para ellos con esos apagones de hasta dos días y ocho colapsos totales del sistema eléctrico nacional en lo que va del año, es decir, en diez meses, ocho veces en que el país entero se ha apagado de una punta a la otra.
“El gobierno de Trump está utilizando a México como un depósito”
La primera vez que conversé con él, los mensajes le llegaban sin parar, lo mismo en privado que en el grupo de WhatsApp. Alguien que fue detenido en una cita. Alguien que acaba de aterrizar en Cancún y necesita trabajo. Otro que lleva semanas sin saber de un primo detenido en Arizona. Raúl verifica lo que puede y lo demás lo contrasta.
Me contó, por ejemplo, de un cubano que tenía su cita migratoria en Miramar, Florida. Raúl sabía por otros migrantes que en esos días, en ese centro, estaban arrestando a todo el mundo. Le dijo que no fuera. El cubano aun así fue. “A mí ya me da lo mismo”, le escribió antes de entrar. Meses más tarde apareció en México: “Tenías razón, bro”, dijo resignado.
“Aquí lo que ayudo es a buscar trabajo de seguridad”, me explica. “En los residenciales casi siempre están contratando gente sin papeles. Es un trabajo laborioso que no paga mucho, pero es el que más sale. Lo que pasa es el desconocimiento. La gente se queda meses sin trabajar hasta que les dice: ve allá y pregunta si hay trabajo. Van y lo consiguen. Pero si no lo saben, no lo pueden hacer”.
Mientras tanto, él también está tratando de resolver su propia situación. Presentó una solicitud de asilo. Por eso es que firma dos veces al mes en la Comar, mientras espera respuesta. Por ahora, ese trámite le permite quedarse legalmente.
Por cierto, los cubanos no son los únicos que están llegando. Human Rights Watch también entrevistó a migrantes de Venezuela, Haití, Honduras, El Salvador y Nicaragua; y documentó que los hondureños, salvadoreños y guatemaltecos no se quedan en México, son procesados rápidamente y terminan deportados de nuevo, hacia Guatemala o directo a sus países.
El caso más crudo que reveló la organización es el de una mujer trans hondureña de 34 años, Andrea, a quien un tribunal estadounidense le había otorgado protección en 2024, bajo la Convención contra la Tortura. En noviembre de 2025 la deportaron de todas maneras, vía México, hasta Honduras.
A miles de cubanos no les pasa eso porque no tienen a dónde mandarlos. Cuba no los acepta y eso los salva de la oscuridad de la isla, pero los condena a quedarse en el limbo. En junio pasado, México dejó de ser el único tercer destino posible. Ese mes, Estados Unidos empezó a enviar migrantes de terceros países a la República Centroafricana. Dos vuelos llegaron a Bangui, en junio y agosto, con deportados de varias nacionalidades, incluidos cubanos. Algunos dijeron que nunca les informaron que serían enviados a África hasta poco antes del vuelo.
Además, la estrategia estadounidense se ha ampliado a otros destinos. Recientemente, Washington ha negociado acuerdos para enviar deportados a países de África, el Caribe y América Latina. México sigue siendo el principal destino de este tipo de expulsiones pero no el único.
“El gobierno de Trump está utilizando a México como un depósito de deportados que no puede enviar de regreso a sus países, incluidos muchos cubanos que han vivido en Estados Unidos durante décadas”, escribió Alcira Silva Hava, investigadora de Human Rights Watch. Me llama la atención la palabra “depósito”. Un país entero siendo utilizado como un almacén de trastes que se guardan mientras se decide qué hacer con ellos.
Mientras hablamos, Raúl ya consiguió un carro y va en camino a firmar su trámite. “Yo estoy bien pero imagínate cómo estarán las personas que no tienen la situación privilegiada que yo tengo”. Repite mucho la palabra privilegio. Se refiere al hecho de tener, al menos, dónde quedarse. Eso es lo que quiere, por ahora. En Cancún vive su padre, de 76 años, y Raúl quiere pasar con él “sus años de oro” y construir algo mientras tanto: un negocio, una casa. Regresar a Cuba “no, para nada”.
Me lee un mensaje que escribió un cubano en WhatsApp: “A mí en lo personal, donde me suelten con un teléfono, una caja de cigarros y una fosforera, en menos de una semana levanto cabeza”, dice. Nos reímos. Suena triste y difícil, pero en esencia es la filosofía que se maneja en el grupo.
A las siete, Raúl prende la cámara. Terminamos de hablar hace un par de horas. Lo veo por TikTok. Lleva meses sin faltar ni una noche. Mientras Cuba siga sin aceptar a sus deportados y México siga sin ofrecerles más que un permiso rápido y una cita con la Comar, le queda tema para rato.
GSC / MMM