Lo que comenzó como un sueño terminó convirtiéndose en una obra que tardó casi 11 años en tomar forma.
Entre madera, herramientas y el trabajo de toda una familia, Humberto Santiesteban Uviña dio vida a un Cristo de más de 11 metros de altura, que ahora enfrenta un nuevo reto: sobrevivir al deterioro y encontrar un espacio digno para ser preservado.
Casi 11 años de trabajo fueron necesarios para transformar aquella imagen que Santiesteban veía constantemente en sus sueños en una escultura que hoy forma parte de las piezas más particulares de Montemorelos.
“Esto surgió en base a unos sueños que yo tenía desde hace muchos años, yo veía en mis sueños a un Cristo Gigante y yo decía ‘algún día quiero tener uno, voy a iniciarlo, no sé cómo le voy a hacer’, en el año 2003 lo inicié junto con mis tres hijos y lo venimos terminando en el 2015, es de pura madera de Sabino y Oyamel”.
Ubicado a unos 80 kilómetros al sur de Monterrey, en la colonia Zambrano, de Montemorelos, esta monumental escultura mide 11 metros con 66 centímetros y pesa aproximadamente 3.5 toneladas.
La pasión de Humberto por la talla comenzó desde los 10 años, cuando aprendió el oficio en Guadalajara.
Desde entonces, ha dedicado gran parte de su vida a trabajar la madera, aunque también ha incorporado piedra y acero a sus creaciones.
Pero detrás de esta monumental obra existe actualmente una preocupación.
El lugar donde permanece resguardado ha sufrido inundaciones recurrentes, una situación que representa un riesgo para la conservación de la madera.
Por ello, Santiesteban busca el apoyo económico y logístico de las autoridades para encontrar una alternativa que permita proteger el Cristo gigante.
“Aquí se me está cayendo a pedazos, realmente estoy buscando a alguien que realmente valore esta obra y que nos apoyen, ya sea para arreglar la sala donde se ubica el Cristo ya que con las lluvias se me inunda, o bien, que nos ayuden a gestionar alguna exposición para que todo el mundo conozca esta bella obra de arte”.
En su domicilio, que ha sido adecuado como museo, cuenta con diferentes salas con más de 300 piezas hechas en madera, por lo que el recorrido es una prueba del valor artístico que aporta don Humberto.
Es por ello que el deseo de don Humberto es que el Cristo gigante pueda ser admirado por miles de personas en un espacio seguro y digno, donde esta pieza irrepetible pueda conservarse para las próximas generaciones.
mrg