El uso de celulares en el salón de clases puede convertirse en una herramienta pedagógica adecuada, siempre y cuando se implemente bajo reglas claras, límites estrictos y un manejo responsable por parte de docentes y estudiantes, sostuvo la Máster en Educación, Adriana Urdiain.
Durante entrevista, la especialista detalló que en los niveles de preescolar y los primeros tres años de primaria, el uso del dispositivo no debe ser personal, sino exclusivo del docente mediante proyectores para abordar los contenidos del plan académico.
Explicó que en esta etapa el desarrollo neurológico, cognitivo y sociomoral de las infancias requiere priorizar la interacción cara a cara y la socialización en primera persona.
"En estas edades tienen muy pocas habilidades para protegerse de alguna persona que quiera ponerse en contacto con ellos. Sabemos por sus procesos de desarrollo que es fundamental que sociabilicen en primera persona y vean las reacciones de sus compañeros", afirmó Urdiain, señalando además el riesgo de sobreestimulación cognitiva que generan las pantallas.
A partir de cuarto año de primaria, así como en quinta, sexta y secundaria, propuso una transición gradual orientada exclusivamente a fines educativos.
Para prevenir distracciones, sugirió implementar dinámicas como resguardar los dispositivos en lockers o cajas bajo custodia del docente hasta el momento exacto de la actividad académica.
Por otro lado, la especialista reconoció que las autoridades educativas evalúan aspectos logísticos centrales, como el riesgo por pérdida de equipos de alto valor comercial y la brecha digital entre alumnos que cuentan o no con un teléfono inteligente.
Finalmente, Urdiain hizo un llamado a involucrar a las familias, destacando que los principales riesgos para la salud física y mental asociados al uso excesivo de pantallas ocurren en el hogar.
Por ello, instó a las autoridades a incluir capacitaciones obligatorias para padres de familia como parte de la estrategia integral de regulación digital.
rahp