¿Por qué hay personas que no disfrutan los abrazos? La psicología revela la verdadera razón

No siempre se trata de frialdad o desinterés. La ciencia ha encontrado que la forma en que el cerebro procesa el contacto físico influye más de lo que imaginas.

¿Por qué algunas personas no disfrutan los abrazos? | IA DISCOVER
Ciudad de México /
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A muchas personas les encanta recibir abrazos de familiares, amigos o su pareja. Sin embargo, también hay quienes se sienten incómodos cuando alguien invade su espacio personal, incluso si el gesto proviene de alguien cercano. 

Durante años, esta reacción se interpretó como una señal de frialdad, falta de afecto o desinterés, pero la psicología y la neurociencia cuentan una historia muy distinta.

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Diversas investigaciones coinciden en que no disfrutar de los abrazos no significa necesariamente que una persona sea menos cariñosa, sino que puede responder a diferencias individuales en la forma en que el cerebro procesa el contacto físico y los estímulos sensoriales.

El tacto no se percibe igual en todas las personas

Aunque un abrazo suele asociarse con bienestar, calma y cercanía emocional, no todos lo experimentan de la misma manera.

De acuerdo con los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH), el contacto físico agradable activa circuitos específicos del sistema nervioso encargados de procesar el llamado "tacto afectivo", un tipo de estímulo que fortalece los vínculos sociales y puede reducir el estrés. Sin embargo, la intensidad con la que ese contacto se percibe varía entre individuos.

Eso significa que un abrazo que para una persona resulta reconfortante, para otra puede sentirse demasiado intenso, inesperado o incluso abrumador.

Especialistas en psicología han estudiado durante años un rasgo conocido como sensibilidad al procesamiento sensorial, que describe a personas cuyo sistema nervioso procesa con mayor intensidad distintos estímulos del entorno, incluidos sonidos, luces, olores y también el contacto físico.

Quienes presentan este rasgo suelen notar con mayor facilidad pequeños cambios en su ambiente y pueden sentirse sobreestimulados en situaciones que para la mayoría pasan desapercibidas. Esa mayor sensibilidad también puede hacer que un abrazo prolongado o inesperado resulte incómodo, aun cuando exista cariño hacia la otra persona.

No es falta de cariño

Uno de los errores más comunes es pensar que alguien que evita los abrazos no quiere a quienes lo rodean.

La evidencia científica muestra que la respuesta emocional al tacto depende tanto del contexto como de la persona que lo ofrece. Factores como la confianza, la relación con quien abraza, el estado emocional e incluso experiencias previas pueden cambiar completamente la manera en que ese contacto es interpretado por el cerebro.

Por esa razón, alguien puede sentirse cómodo abrazando a su pareja o a un familiar cercano, pero rechazar el mismo gesto cuando proviene de un conocido o de una persona con la que no tiene suficiente confianza.

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¿Los abrazos siempre generan bienestar?

Existe abundante evidencia de que el contacto físico afectuoso puede aportar beneficios cuando es bien recibido.

Una revisión publicada en Frontiers in Psychology, elaborada por investigadores del Karolinska Institutet y de la Universidad Sueca de Ciencias Agrícolas, explica que las caricias y los abrazos pueden favorecer la liberación de oxitocina, una hormona relacionada con la sensación de calma, el fortalecimiento de los vínculos sociales y la reducción de la respuesta al estrés.

Pero los propios investigadores subrayan que estos efectos dependen de factores como la intensidad del contacto, el contexto y la disposición de quien lo recibe. En otras palabras, un abrazo solo resulta placentero cuando la persona desea recibirlo.

Respetar los límites también es una forma de afecto

La psicología insiste en que cada persona tiene una manera distinta de expresar y recibir cariño.

Mientras algunos encuentran en un abrazo una forma natural de conectar con los demás, otros prefieren demostrar afecto mediante palabras, actos de apoyo o simplemente compartiendo tiempo juntos.

Por eso, evitar los abrazos no convierte automáticamente a alguien en una persona fría, distante o poco empática. En muchos casos, simplemente refleja una mayor sensibilidad al contacto físico o una forma diferente de relacionarse con los demás, una diferencia que la ciencia considera parte de la diversidad con la que funciona el cerebro humano.

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JCM

  • Javier Chávez M
  • javier.chavez@milenio.com
  • Editor de Milenio como parte de la Unidad de Tráfico. Mi pasión es la cultura pop y los temas que están en tendencia a nivel nacional e internacional de famosos, virales y científicos. Egresado de la UNAM por la FES Aragón, mi pasión por el periodismo me impulsa a llegar a cientos de personas con historias que contar.

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