En el stand número 10 de la feria de arte BADA, Juan Manuel Guillén, el último gran representante de las artes plásticas y del muralismo en México, celebra un siglo de vida con la misma chispa que lo ha definido durante 85 años de carrera ininterrumpida.
Discípulo directo de Diego Rivera y Frida Kahlo y colaborador cercano de Jorge González Camarena, deslumbra con obras que van desde los años 50, hasta piezas recientes pintadas con la técnica del dadaísmo.
“¡100 años! Yo ni siquiera me lo esperaba”, confiesa el artista con una carcajada contagiosa. Sentado entre sus cuadros dice que “parecen hechos al aventón, pero están hechos con mucho cariño, con mucha visión y por gusto de seguir persiguiendo la espontaneidad”.
Con un siglo de vida, y sin ninguna exposición, homenaje o reconocimiento en puerta por parte del gobierno de México, Guillén recibe visitantes de Rusia, España, Francia, Alemania, Australia, Perú, Chile, Argentina, Guayaquil y de todo México que han venido a para conocerlo.
Es un artista que entró a La Esmeralda a los 15 años, donde destacó y se convirtió en el único mexicano que pintó carteles de Hollywood en las décadas de los 40, 50 y 60, retratando a estrellas como Burt Lancaster, Burt Reynolds, Jerry Lewis y Michael Caine.
En México firmó la mayoría de los afiches del Cine de Oro para Cantinflas, Tin Tan, Pedro Infante, Silvia Pinal, María Félix y Joaquín Pardavé. Su pincel capturó no sólo celebridades, sino murales monumentales en colaboración con González Camarena, en el Museo Nacional de Antropología, pintando además el plafón del Teatro de la Ciudad de México, el auditorio de la Universidad de Campeche, el edificio 5 de Mayo, el Castillo de Chapultepec (sala de la Revolución), y hasta la Universidad de Concepción en Chile, con el mural Presencia Latinoamérica. Esta última acaba de contactar a la Fundación Guillén para reconocerlo.
Ganador de bienales y premios, aunque no el Premio Nacional de Ciencias y Artes, Guillén pintó apenas el año pasado una pintura en memoria de Frida Kahlo, impulsado por un cariño entrañable. “La quise pintar sentada con el tubo que la lastimó y luego ella muestra una máscara con la muerte, pero ella misma la está rechazando con su mano; con la otra tiene la paleta y los pinceles para pintar”.
Teniendo como testigo el último cuadro que terminó hace un mes, Guillén bromea, reflexiona y vuelve a la charla. Aclara que pintó un gallo porque lo inspiró, aunque precisa que nunca ha asistido a peleas de gallos, debido a que no le parece divertido que se mate a los animales.
“Eso es precisamente lo que está sucediendo entre los mexicanos, se están matando unos a otros, lo que no sabemos y todavía no llegamos a comprender es que todos somos hermanos, porque tenemos, según Cristo, el mismo espíritu”.
A sus 100 años de vida, se le pregunta cómo ve en este momento el país. “No se imaginan la desgracia que padecemos al vivir en la ignorancia. La ignorancia nos tiene atrasados en este mundo dos siglos y medio, es decir, 250 años. La falta de cultura, de conocimiento, de valores y de consideración de lo que es el ser humano, nos lleva a que estos desgraciados se maten unos a otros, los imbéciles. No tienen cultura para nada, son chamacos de 14 años”, dice al tocar el tema de los sicarios y los narcos.
Menciona que “está mal dirigido el país con esta presidenta, con este gobierno que tenemos. Es un gobierno que, con el perdón de todos, parece ser de tontos. Es la verdad, solo se guían por la ambición ¡qué bárbaros!”.
Totalmente consciente de sus palabras, indica que le gustaría tener “la oportunidad de hablar por el micrófono en alguna estación de radio o en canales de televisión para ahondar más en este punto de vista. “Para concientizar un poquito más a la gente, porque, por Dios, estamos en un país que la verdad yo no me imaginaba que llegáramos a esto, a vivir esa cruda realidad”.
Fundación Guillén pide reconocimiento
La Fundación Guillén, presidida por Daniel Buchsbaum, impulsora de su legado, presenta en BADA más de 30 piezas, de las miles que ha producidos, incluyendo un acervo de 70 carteles de Hollywood en recuperación. “Su cuerpo de trabajo es demasiado grande, requiere de un documental, afirma un representante que cataloga y restaura sus obras.
El presidente de la Fundación Guillén lamenta la burocracia cultural mexicana: “Instituciones extranjeras valoran a nuestros artistas, ¿por qué aquí no se le reconoce con el Premio de Ciencias y Artes y una gran exposición en el Palacio de Bellas Artes?”.
“Él vendió mucha obra y en la fundación estamos tratando de hacer un trabajo de recuperación de todo este patrimonio cultural del maestro, para poderlo presentar al público. Nos hemos dedicado, en primer lugar, a cuidar al maestro para que tenga una vejez digna, y en segundo lugar, a manejar su legado y que se coloque en el lugar que se merece. Es injusto que, por indolencia, un artista con su trayectoria no reciba ayuda ni reconocimiento. Se merece que se le otorgue el Premio de Ciencias y Artes, y que la presidenta Claudia Sheinbaum y la jefa de gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada, le presten atención, pues todos los mexicanos tienen derecho a conocerlo y ver su obra”.
En BADA, que se desarrolla en Campo Marte, Guillén besa metafóricamente la mano del arte que lo ha llevado lejos. Su stand número 10 no es solo una venta, es un llamado a reconocer al último vínculo vivo con Rivera, Kahlo y Camarena, un patrimonio cultural para México y el mundo.
PCL