La creadora de “Un día sin mexicanos” va por la segunda parte, ahora en el contexto de Trump

En plena era Trump, la artista vuelve a la frontera donde el arte se convierte en denuncia y la sátira revela lo invisible: la vida de los latinos en Estados Unidos.

Yareli Arizmendi, creadora de “Un día sin mexicanos” . | Foto: Araceli López
Ciudad de México /

Yareli Arizmendi ha vivido siempre en la frontera de dos mundos. No la frontera geográfica —que también—, sino la frontera invisible donde se cruzan el arte y la denuncia, la actuación y la lucha social, México y Estados Unidos.

Ahí, justo en ese filo, ha construido su vida. Nació el 24 de abril de 1964 en la Ciudad de México, pero creció en Estados Unidos. Muy pronto entendió que pertenecer a dos países también significa cargar con dos miradas. A los 14 años, en un internado de Kansas, descubrió el peso de los estereotipos.

¿En la Ciudad de México andan en burro? —le preguntaban. La pregunta no era inocente. Era un síntoma. Desde entonces, Yareli aprendió a hacer lo que marcaría toda su carrera: traducir realidades culturales que otros no veían… o no querían ver.

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El público la recuerda por dos personajes que parecen venir de universos distintos, pero que en realidad nacen de la misma raíz.

Rosaura, en "Como agua para chocolate", el clásico dirigido por Alfonso Arau y escrito por Laura Esquivel, una película que arrasó: nominación al BAFTA, nominación al Globo de Oro y diez premios Ariel. Y Lila Rodríguez en "Un día sin mexicanos", la sátira que no solo protagonizó: la escribió y coprodujo junto a su esposo, Sergio Arau.

Pero para entender esa película, "Un día sin mexicanos" hay que volver a una escena íntima. Una ventana. California afuera. Y una pregunta que lo cambió todo. —¿Cómo haces visible lo invisible? —le preguntó ella a Sergio. —Lo desapareces —se respondió.

En 1992 se casaron Sergio y Yareli. Ella llama a esa unión “un ejército de dos”. La historia de amor también fue migración: Yareli “importó” a Sergio desde la Ciudad de México hasta San Diego. Él no hablaba inglés. Venía de ser reconocido en México con Botellita de Jerez. En Estados Unidos, de pronto, era invisible, porque el arte mexicano que conectaba con California era el ancestral.

“Porque para el chicano, lo que les gustaba de México, era el de las pirámides, de los aztecas, de los danzantes. Ese México que les recordaba a sus abuelos, el de los mariachis, pero no el contemporáneo, no el rock de los ochenta”, asegura Yareli en en el podcast Pioneras de MILENIO, conducido por las periodistas Claudia Solera, Janet Mérida y Cinthya Sánchez.

Sergio estaba muy deprimido. Yareli sintió que la idea de cruzar la frontera —la suya— sentía que lo había empujado al vacío. Entonces miró alrededor. Y entendió algo más grande que su propia casa: los latinos llevaban décadas siendo ignorados, despreciados, malinterpretados. Luego vino el golpe político. En California, el gobernador Pete Wilson impulsó la Proposición 187, la iniciativa que buscaba negar servicios de salud y educación a inmigrantes indocumentados y obligar a maestros y médicos a denunciarlos.

El número no era inocente: 187 es también el código penal de California para homicidio. El mensaje era claro. El miedo también.

De esa mezcla —depresión en casa, hostilidad en las calles— nació la idea.

¿Cómo haces visible lo invisible? —le preguntó Yareli a su marido— y ella respondió: –lo desapareces–.


Primero fue un cortometraje, "Un día sin mexicanos" de 28 minutos en 1998 con ayuda de amigos, a quienes les pagaron un dólar. Luego, la obsesión. Cuando lo enviaban a festivales, siempre regresaba la misma carta: “Nuestro festival no cuenta con una sección en español”. Ni siquiera habían visto la película. No la habían abierto. Solo habían leído la palabra “Mexicanos”. Así que hicieron algo tan irónico como brillante: reenviaron el corto con una etiqueta en la portada. “100% Spanish Free” y funcionó.

Los festivales empezaron a aceptarla. El público aplaudía de pie. Los premios del público se acumulaban. El dinero para el largometraje comenzó a juntarse… peso por peso.

En 2004 llegó "Un día sin mexicanos".

La premisa era simple y demoledora: un día, todos los mexicanos desaparecen de California. De los campos. De las casas. De los estacionamientos. De la vida cotidiana.

Si por un día perdieran toda la mano de obra latina, morirían —recuerda haberle dicho Yareli a su esposo.

Yareli Arizmendi en el podcast 'Pioneras' de MILENIO. | Foto: Araceli López

La película costó alrededor de 1.5 millones de dólares. Recaudó más de 10 millones en taquilla mundial. Pero lo más inquietante vino después. “La vida imita al arte”, dijo ella. Y el tiempo —otra vez— le dio la razón.

Hoy, a sus 61 años, Yareli Arizmendi vuelve a ese territorio incómodo donde el arte se mete con la política.

Produce la secuela: “Otro día sin mexicanos”, impulsada por el clima migratorio y el discurso endurecido que marcó la era de Donald Trump.

El guion lo escribieron en 2020, en plena pandemia. Mucho de lo que imaginaron… ya está ocurriendo. Otra vez les dicen que es una locura. Otra vez los estudios dudan. Otra vez están en esa zona que Yareli conoce demasiado bien: Ni de aquí. Ni de allá. Exactamente en medio. Porque esa ha sido siempre su trinchera.

Hoy regresa con una secuela aún más incómoda. ¿Lo más atrevido? Que ahora dos mexicanos les explican a los estadounidenses cómo es un gringo. En un país que exporta opiniones sobre el mundo entero, pero que rara vez tolera la crítica.

"Su falta de humildad frente a la ignorancia", dice Yarell, recordando la anécdota de si en la Ciudad de México andamos en burro.

La ironía, el racismo disfrazado de desconocimiento, el poder de contar la historia desde el otro lado.

“Ha sido un camino muy solitario”, admite.

Su familia elegida —su madre Aralia López González –una cubana literata– y Sergio, sus cómplices creativos— han sido el sostén.

Porque la lucha, dice, no se gana una vez. Se pelea todos los días. Y por eso Yareli Arizmendi sigue ahí, en la frontera donde casi nadie quiere pararse, haciendo la misma pregunta que la ha acompañado desde joven: ¿Cómo haces visible lo invisible? Ella ya eligió su respuesta. Desaparecerlo… para que el mundo, por fin, lo vea.

CHZ

  • Claudia Solera
  • Periodista de investigaciones especiales desde hace 16 años en medios nacionales e internacionales. Premio Roche 2020 de Periodismo en Salud. Periodista por la Universidad de los Andes de Colombia.

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