El Museo de Arte e Historia de Guanajuato en León presenta En busca de lo imposible, una exposición curada por Michel Blancsubé y Julien Cuisset —ambos franceses radicados en México desde inicios de 2000— que reúne más de 150 obras de 78 artistas de ese país, belgas, binacionales y mexicanos.
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La muestra forma parte de las conmemoraciones del Bicentenario de las relaciones diplomáticas entre México y Francia y se inserta en el marco del Festival Internacional Cervantino, del que Francia es el país invitado este año.
El título proviene de una carta que Antonin Artaud le escribió a su amigo pintor René Thomas, el 2 de abril de 1936, anunciándole su salida de Ciudad de México hacia el interior del país. Ese gesto —abandonar el centro para buscar algo más difícil de encontrar— funciona como eco de la decisión de los curadores de estrenar el proyecto en León y no en la capital.
La exposición no busca ser un recuento exhaustivo de la presencia francesa en México, sino, en palabras de sus curadores, "un ejercicio empírico": el resultado de un deambular orgánico por el ecosistema artístico local, hecho de encuentros fortuitos y decisiones curatoriales tomadas sobre la marcha.
El criterio central fue que la mayoría de las obras se produjeran en México por artistas franceses y francófonos, o en Francia por artistas mexicanos, entre 2000 y 2025. A esa columna vertebral se suman, como contrapunto histórico, fotografías de Désiré Charnay, Henri Cartier-Bresson, Man Ray y Étienne-Jules Marey, entre otros, que extienden el diálogo hasta el siglo XIX y permiten hablar, ahora sí, de dos siglos de relación cultural entre ambos países.
Entre las figuras consagradas que dialogan con creadores de trayectoria media y voces emergentes están Daniel Buren, Sophie Calle, Antoine d'Agata, Pierre Huyghe, Francis Alÿs, Carlos Amorales, Abraham Cruzvillegas y Jonathan Hernández. La muestra permanecerá abierta hasta el 4 de abril de 2027, con el respaldo de la Embajada de Francia en México y la Fundación AXA.
¿Cómo nace el proyecto?
Julien Cuisset: "A invitación de la Embajada de Francia en México, Michel Blancsubé y yo participamos en una mesa redonda de artes visuales en la Residencia de Francia, donde nos informaron que el presidente Macron preparaba una visita oficial para anunciar el bicentenario de las relaciones diplomáticas.
Radicados en México desde 2000 y 2001, con experiencias distintas y complementarias —Michel en la curaduría, yo en la diplomacia cultural y la gestión de una galería—, esa invitación terminó cristalizando en un proyecto curatorial dedicado a las artes visuales".
Michel Blancsubé: "Julien aceptó la invitación de la Embajada y me sumó en agosto de 2025. Decidimos rápido que no sería una exposición únicamente de artistas franceses, pensando que las relaciones diplomáticas entre dos países funcionan de manera reversible".
¿Desde dónde curan esta muestra Francia, México o el cruce?
MB: "Se entiende más un lugar cuando se vive en él y se participa de su vida laboral que cuando se piensa desde afuera. Armamos este proyecto desde México, nuestro lugar de residencia".
El título sale de una carta de Artaud a René Thomas en 1936. ¿Qué es "lo imposible" en esta exposición?
MB: "Antonin Artaud es, para mí, una de las figuras más importantes que vino de Francia a México. Dejó al final de su vida un relato fantástico de su estancia aquí en 1936. Las relaciones artísticas entre ambos países son tan extensas a lo largo de la historia que lo imposible del proyecto es ser exhaustivo: muchos artistas de ambas procedencias que podrían reivindicar su presencia en la muestra no están".
¿Hay obra producida especialmente para la exposición?
JC: "Sí, varias piezas fueron hechas exprofeso, como las de Elvia Teotski y Sébastien Dosantos Capouet, y los veinte dibujos de François Olislaeger que hacen deambular a Antonin Artaud en México en 2026. Otras fueron reescenificadas o recontextualizadas para la muestra, en colaboración estrecha con los artistas".
El comunicado habla de "Soma Incandescente" de Artaud. ¿A qué se refiere?
MB: "Artaud hace referencia al cuerpo a lo largo de toda su actividad literaria y pictográfica; vivió con intensidad el hecho de estar encarnado. Varias obras de la exposición prolongan esa inquietud explorando vidas marginales —pienso en Jean-Charles Hue o Antoine d'Agata— más allá de lo convencional. De cierto modo hemos avivado las brasas que dejó Artaud, y su espíritu resurge en varias piezas de la muestra".
Son 78 artistas y más de 150 obras. ¿En qué momento dejó de crecer la lista, y quién quedó fuera sin querer?
MB: "La lista se armó de manera evolutiva, con lo que cada uno había aprendido en 25 años viviendo en México, y dejó de crecer por razones museográficas: en cualquier espacio expositivo entra un número limitado de obra.
"Hubo un caso que me dolió: una artista con quien colaboré en 2017 tenía una pieza sensacional que quería incluir. En Europa existe una regla, muy válida, que obliga a las instituciones a pagar derechos de presentación.
"Queríamos mostrar la vitalidad de estos intercambios con muchas obras de muchos artistas, y el presupuesto no alcanzaba para pagarle a todos; pagarle a algunos y no a otros era incorrecto. Ella decidió no participar si no recibía ese pago, y tuvimos que renunciar a su presencia".
El corte temporal va de 2000 a 2025, pero el comunicado habla de dos siglos de diálogo. ¿Por qué esa amplitud?
JC: "Más que limitarnos a un concepto cerrado, dejamos que las obras revelaran su propia organicidad, ensamblando un diálogo intergeneracional entre figuras consagradas, creadores de trayectoria media y voces emergentes.
"A partir de una selección inicial de artistas franceses, la investigación abrió sus fronteras hacia creadores binacionales y francófilos, y hacia artistas mexicanos con trayectorias en Francia entre 2000 y 2025.
"Al final se sumaron artistas-cartógrafos de la mirada moderna —pioneros del registro expedicionario, alquimistas de la luz—, lo que nos permitió abarcar los dos siglos de la relación diplomática entre ambos países".
Una muestra curada por franceses sobre México puede caer en la mirada de afuera. ¿Cómo se cuidaron de eso?
JC: "En el siglo XIX, Europa tendía a exotizar el arte latinoamericano, mientras la región veía en París un centro de validación artística. Nuestra visión del intercambio actual es completamente distinta: disuelve cualquier jerarquía y pone a todos en el mismo escenario, en pie de igualdad discursiva.
"Desde el principio sentimos la necesidad de no limitarnos a la escena francesa en México, sino abrirnos también a los francófilos y ponerlos en diálogo con sus pares mexicanos. Vivir aquí desde hace tantos años nos da una lectura intuitiva y respetuosa del ecosistema, y nos ha permitido construir relaciones legítimas dentro de la comunidad".
¿Por qué mostrarla en León y no en la Ciudad de México?
JC: Francia es el país invitado del Cervantino y nos pareció interesante presentar la primera versión de la exposición fuera del epicentro cultural del país. De alguna manera le rendimos homenaje a Artaud, yéndonos también al interior, en busca de lo imposible, tal como él se lo escribió a René Thomas en 1936. Esperamos que la muestra tenga una segunda versión en la Ciudad de México próximamente.
¿Qué quieren que sienta alguien al salir de la sala?
JC: Que la muestra trasciende el formato expositivo convencional para convertirse en un territorio de ensayo y experimentación abierta. Un encuentro de miradas, geografía y microrrelatos que involucra a quien la visita en un proceso de co-creación donde la obra revive constantemente. El proyecto reafirma que toda cultura germina en el abrazo o la colisión del otro, y se transforma en un refugio frente a la incertidumbre de nuestro tiempo.
En busca de lo imposible se presenta como una apuesta ambiciosa: no un catálogo de la presencia francesa en México, sino un mapa vivo, hecho de cruces deliberados y azares productivos, que pone a dialogar veinticinco años de intercambio artístico reciente con dos siglos de historia compartida.
Que haya elegido León como punto de partida, y no la capital, es parte del gesto: salir del centro para encontrar, como Artaud, lo que sólo aparece cuando uno se aventura hacia otro lugar.