Antonio José Ponte (Matanzas, 1964) reconstruye en Desfila La Habana (Tusquets) la capital cubana que no conoció. El escritor nació cinco años después del triunfo de la Revolución, por eso volver a la isla significa contar una increíble historia ambientada en el fin del régimen del dictador Fulgencio Batista.
En entrevista con MILENIO, el poeta y narrador cuenta el universo que creó, donde se cruzan personajes como Norman Lewis, Ernest Hemingway, Ian Fleming, Ava Gardner y los capos Meyer Lansky y Santo Trafficante, en una obra con tintes de novela negra, en la que la ficción rumbea por todas partes.
“Salí de Cuba hace 20 años y es regresar a una Habana que no conocí, eso fue lo que me interesó. Regresar para no ser presa de la nostalgia, entre otras cosas. Yo nací cinco años después del triunfo de la Revolución pero la novela corre entre el final del batistato y el comienzo de la Revolución cubana, y fue volver gracias a un montón de testigos extranjeros. Eso me permitió cubrirme las espaldas, volver con la mirada de otros”, dice Ponte.
La inspiración de la novela fue el periodista Norman Lewis y sus textos sobre Cuba que, según el entrevistado, tenían un tono disparatado, maravilloso y loco.
“Me pareció como si Alicia en el País de las Maravillas estuviera en La Habana. Busqué sus biografías, publiqué una larga crónica en un periódico y un par de amigos me dijeron: ‘Ahí hay una novela’. Al principio no me lo pensé, pero un día dije sí. Todo esto me permitió ir armando una especie de red en la que entraba mucha gente, donde se juntaban Graham Greene, Hemingway y Ruby Hart Phillips, corresponsal de The New York Times desde los 30 hasta los 60, un personaje maravilloso que firmaba como R. Hart Phillips porque no aceptaban corresponsales mujeres”, agrega.
Esta periodista tenía una visión distinta sobre el futuro de la isla a la de su colega Herbert Matthews. “A ella la historia le dio la razón respecto a Fidel Castro. Tenía la intuición, el presentimiento o prejuicio de que aquello iba a ser comunismo. Matthews no lo veía por ningún lado y estaba perdidamente enamorado de la figura de Castro, al punto de decir que él lo había inventado. Con todos estos hilos tenía que tejer esto”, comenta el escritor.
Glamour, mafia y guerrilla
El comienzo de la novela es poderoso. Entre sus elementos está que “Ian Fleming, creador de James Bond, mandó a Norman Lewis a Cuba, a buscar a Fidel Castro y a Hemingway porque cree que se han visto entre ellos, cosa que no fue así pero todo eso ya era un gran arranque. Lo complicado era seguir a esa altura y la pensé como una novela de peripecias para divertirme y divertir al lector”.
Ponte explica que uno de los retos de escribir una novela histórica consiste en “ser cauteloso de no imponer tus deseos sobre la trama. Pero lo más curioso es cuando empiezas a conectar cosas y aparecen nuevos indicios que te dan la razón, es una sensación gloriosa para un escritor. Es como si la realidad estuviera legitimando lo que tú estás haciendo en la ficción. Es decir, la realidad admite ciertas deformaciones y es como si te estuviera legitimando lo que haces en la ficción”.
La historia transcurre en una Habana donde nadie sabe qué está pasando. Fidel Castro gana notoriedad desde la guerrilla, mientras la capital se convierte en punto de encuentro de estrellas de cine, periodistas, espías y mafiosos.
“Es una novela negra porque no está claro por qué mandaron a Lewis a hacer ese informe, lo que me daba margen para dar un perfume policiaco. Y luego estaba la mafia con Lansky y Trafficante, que son personajes sumamente literarios de antemano”, opina.
Para él, Desfila La Habana podría verse como una crítica a la idea de la inevitabilidad de la Revolución cubana.
“Todas las revoluciones triunfantes se sustentan sobre la necesidad histórica de que ocurrieran. La cubana no era históricamente necesaria; había que salir de la dictadura de Batista, pero se podía salir para entrar en un régimen constitucional”.
El escritor quiso regresar a ese momento sin la perspectiva que da conocer el desenlace. “Amigos y familia que vivieron esos años no pensaron en que Fidel Castro triunfaría. Batista se iba a salir de un modo u otro, no tenía que ser sólo por la lucha armada. Me interesaba la idea de contar desde un lugar donde todas las fuerzas están pujando y todavía no se sabe quién va a ser Fidel Castro. Yo jugué a no saberlo cuando escribía la novela, para no volcar mis juicios 40 años después. Un momento histórico hay que contarlo con las incertidumbres de ese momento, no con las seguridades póstumas; me interesaba la inseguridad y todo ese tipo de perspectivas posibles y meterlas en la novela”.
El escritor comenta que en Desfila La Habana también buscó una narración cercana a los personajes, que las descripciones de la ciudad fueran sucintas para no perder tiempo.
“Quería que la ‘cámara’, estuviera lo más cerca posible de los personajes, un plano lo más cerrado posible. En La Habana de esos años convive el glamour del cine, la mafia y la guerrilla. Me divertí mucho, fue una gran excursión histórica”.
BSMM