Luis Barragán, el plácido murmullo del silencio de sus casas en Guadalajara

Casa Cristo y Casa González Luna resguardan la concepción de la arquitectura del maestro mexicano.

El trabajo de Barragán en Guadalajara conectó influencias de distintos lugares y tiempos. | Especial
Guadalajara /

La arquitectura de Luis Barragán en Guadalajara trasciende la mera construcción para convertirse en una experiencia espiritual y emocional. El uso de elementos propios de la región, como ladrillos, tejas y herraduras, forman parte esencial de la escuela tapatía de arquitectura.

Esta escuela no solo utiliza materiales locales, sino que integra un sentido profundo de lugar y cultura, asegura el guía de turistas Gustavo Meléndez durante un recorrido del programa de la Oficina de Visitantes y Convenciones de Guadalajara (OFVC).

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Luis Barragán (Guadalajara 1909- Ciudad de México 1988) describió su obra con una visión muy íntima y poética en sus textos. En una carta que refleja su filosofía, escribió:

“Solo en íntima comunión con la soledad puede el hombre hallarse a sí mismo. Es buena compañera, y mi arquitectura no es para quien la tema y la rehúya. En mis jardines, en mis casas, siempre he procurado que prive el plácido murmullo del silencio, y en mis fuentes canta el silencio”, dijo en su discurso de aceptación del Premio Pritzker en 1980.

Esta idea de la soledad y el silencio es clave para entender el uso de la luz y de los espacios abiertos dentro de sus casas, como Casa Cristo y Casa Rébora, donde buscaba crear ecos de tranquilidad y espiritualidad. Barragán también manifestó con claridad su intención de que la arquitectura transmitiera alegría y emoción, detalla Meléndez, quien cuenta con más de un cuarto de siglo de ejercicio profesional.

El trabajo de Barragán en Guadalajara conectó influencias de distintos lugares y tiempos. En particular, la jardinería de sus casas refleja su aprendizaje durante los viajes a Estados Unidos, donde convivió con arquitectos como Frank Lloyd Wright, a quienes admiraba por su integración de la naturaleza con la arquitectura.

“El uso de la jardinería por Barragán proviene de esos viajes y de su trabajo en Chicago con Frank Lloyd Wright”, considera Meléndez.

Barragán también destacó la importancia de la belleza en la vida y en la arquitectura. Sus obras se nutren de la arquitectura popular mexicana y de la tradición morisca, traída desde España, mezcladas con elementos de la arquitectura conventual colonial.

Esta síntesis cultural es el corazón de la escuela tapatía que Barragán ayudó a consolidar en Guadalajara, haciendo de cada casa una obra que dialoga con la historia, la naturaleza y el alma humana.

Casa Cristo | Especial

Juego de color

Meléndez dice que, en 1929, Gustavo R. Cristo, presidente municipal de Guadalajara, le pidió a Barragán, que estaba en Europa, el diseño de su casa. Es por ello que Casa Cristo, actualmente sede del Colegio de Arquitectos de Jalisco, está inspirada en los diferentes viajes que hizo el arquitecto por ese continente.

La arquitectura está marcada por la combinación de estilos de Marruecos y Europa. La casa tiene diferentes espacios, los del señor, los de la señora y los personal del servicio.

A la muerte de los dueños, la casa se la quedó una sobrina, quien le hizo cambios y adecuaciones a su gusto. Para recuperarla, el Colegio de Arquitectos de Jalisco la compró y restauró a partir de una investigación profunda para conocer su estado original, por ejemplo, los colores que tuvo cuando se construyó.

Casa Cristo es la quinta obra de Luis Barragán, y desde la primera piedra se empezó a hacer la mezcla de los tonos que tuvo. En toda la casa se pueden ver arcos elípticos con fondo rojo mientras llueve en un impresionante juego de color.

Casa Cristo | Especial

Lo más íntimo

La Clavijero, antes conocida como Casa González Luna, es mucho más que una residencia: es un poema arquitectónico de emociones y recuerdos creado por el maestro Barragán.

Esta joya en Guadalajara es un organismo vivo donde cada detalle cuenta una historia: Barragán, tras sus viajes por Francia, España y Marruecos, plasmó en esta casa un diálogo íntimo con esas tierras lejanas, reflejando en sus fuentes y acabados la serenidad y el misterio de aquellos mundos, explica Fernanda Ordañana, guía del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (Iteso) Clavijero.

El inmueble fue un encargo de Efraín González Luna, fundador del Partido Acción Nacional, quien buscaba privacidad y un refugio de calma en medio de la ciudad, detalla Ana Claudia Rendón, otra guía del Iteso: “Una casa donde las ventanas no miran al exterior, sino que resguardan lo más íntimo”.

El lugar está dividido en espacios familiares y áreas de trabajo, donde Barragán jugó con texturas, colores y materiales que invitan a recordar la tierra y la infancia. La herrería y carpintería, diseñadas por él mismo, convierten cada rincón en un tesoro.

Cada paso en esta casa es un viaje emocional; la luz modela espacios que susurran, la fuente baja el ruido de la ciudad, dando paso a la introspección. Aquí la tradición mudéjar se funde con un lenguaje moderno y único, creando así una experiencia que trasciende el tiempo y el lugar. La Casa Clavijero no solo se habita, se siente y se recuerda profundamente”, concluye Claudia Rendón.
Casa Clavijero. | Especial


hc

  • Leticia Sánchez Medel
  • letymedel@yahoo.com.mx
  • Reportera cultural, cursó la maestría en Periodismo Político, es autora de tres libros sobre la historia inédita del Cervantino.

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