El Cuarto de Máquinas presenta Souvenirs, una exposición colaborativa entre los artistas mexicanos Floria González (Monterrey, 1980) y Napoleón Habeica (Ciudad de México, 1981), con la que la galería inaugura oficialmente su nueva sede en La Privada Roja, un inmueble porfiriano de 1907 recién recuperado en Serapio Rendón 61, colonia San Rafael.
La muestra, abierta hastal 6 de noviembre, reúne pintura, escultura, textil y una pieza de video realizada a cuatro manos, y propone leer el souvenir no como un objeto nostálgico sino como un vestigio arqueológico —real o fabricado— desde el cual organizar aquello que la razón no logra explicar.
Ambos artistas conversaron con MILENIO sobre el proceso detrás de la exposición.
—¿Qué te empujó hacia el volumen en esta muestra y qué logra la escultura que la imagen fija no te permitía?
Napoleón Habeica: Tres esculturas y un par de instalaciones y videos, y varias pinturas de todos tamaños y técnicas. En la mitad de mis exhibiciones siempre ha sido así, pero la mayoría de la gente me relaciona más con la fotografía porque es lo que más se publica en redes. En mi trabajo fotográfico trato de documentar la parte divertida de mi vida, pero eso siempre resulta limitante porque solo retrato el mundo tal cual es. Fuera de la fotografía puedes manipular mucho más la realidad y llegar hasta donde quieras, hay menos límites. Eso me parece, a veces, mucho más divertido de hacer y de ver exhibido.
—El comunicado habla del souvenir como un vestigio arqueológico "real o fabricado". ¿Cómo los diferencias?
Floria González: Los personajes nacieron poco a poco en diálogo con Napoleón, a partir de los monstruos, el miedo, los deseos, el tiempo y la muerte. Mis pinturas son una combinación de tiempos que se superponen, tomando un mito para alterarlo y hacerlo mío. Para el Cuarto Rojo, por ejemplo, llegué a la historia de Pan y Siringa: en lugar de que ella se convierta en cañas al ser perseguida, decidí que aceptara a Pan y sucumbiera a su deseo. Son recuerdos e historias inventadas que se funden en una sola cosa.
—El núcleo de la muestra es un video hecho en colaboración. ¿Cómo resolvieron la fricción entre lo construido y lo registrado dentro de una misma pieza?
Napoleón Habeica: Animatronic —así se llama la pieza— habla un poco del famoso "he said, she said". Fue muy divertido de hacer, porque justamente nos llevó a los dos a un diálogo donde convergemos en sexualidad, estética y filosofía.
Floria González: Cuando nos vimos por primera vez para platicar sobre la exposición, Napoleón me habló de un video que quería hacer desde hacía tiempo, de un monstruo tipo animatrónico teniendo sexo con una mujer. Le enseñé una serie de fotografías que hice hace años, My Monster, donde una mujer aparece en distintas escenas con un monstruo. Ahí nació la primera idea para la exposición.
—¿La historia del edificio influyó en la instalación de la obra?
Floria González: Sí. La exposición estaba planeada primero para un hotel; pensamos convertirlo en un motel como los que retrata Napoleón. Pero cuando cambió la sede y vimos esta casa, la idea mutó de un motel actual a un inn viejo, donde los tiempos se difuminan y conviven. La escalera de madera rechinante, el domo y el techo de doble altura nos llevaron a pensar en estos personajes mitológicos colgados como pinturas decorativas en un hotel viejo, cerca del mar o en un bosque.
Napoleón Habeica: Cuando empezamos el proyecto no sabíamos todavía que este sería el espacio de la exhibición, así que fue mutando de lo que pudo haber sido en un cubo blanco a incorporarse a la historia del lugar. El principal reto fue que no pareciera simplemente intervenir una casa: la obra habla por sí misma también fuera de este contexto.
—¿Qué mito o mitología colectiva atraviesa la muestra?
Floria González: Pensamos en Melusina, la criatura medieval, porque tanto Napoleón como yo llevamos años haciendo imágenes del mar, los barcos, las tormentas, los faros y las mujeres. Me gustó que esta serie tuviera un eje central pero se partiera en dos versiones, masculina y femenina. Pintando, iba disectando mis deseos, fantasías y miedos ancestrales que seguimos compartiendo en el presente, que solo cambian de disfraz.
Napoleón Habeica: De lo que trata es de la percepción, individual o colectiva, y puede aplicar en cualquier ámbito de la vida. ¿Cuánta gente tiene que pensar lo mismo para que algo se convierta en realidad? ¿Cuántas veces se tiene que repetir una mentira para que se transforme en verdad? Si no encuentro una explicación, lo más fácil es que una religión o una leyenda haga ese trabajo. Y en esta exhibición tratamos de explorar eso a base de metáforas ilustradas muy a nuestra manera.
PCL