'Azul Bosques'

Teatro

Para un Estado opresor (¿alguno no lo es, en distintos grados?) el control sexual se ha vuelto en el arma que, normalizada entre la población, hace creer a esta que puede ser feliz con cinco “descargas” anuales que se anhelan como al Santo Grial

David Gaitán protagoniza 'Azul Bosques'. (Foto: Especial)
Jaime Chabaud Magnus
Ciudad de México /
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Instalar mundos distópicos en una ficción teatral presume un grado de dificultad que suele ser difícil de sortear. Buena parte de los intentos se desbarrancan en la propia instalación de los códigos que pretenden darle coherencia interna y/o en el abuso informativo que pretende hacer comprender al espectador los mismos; ya no hablemos de las puestas en escena y su producción que pueden terminar en una ilustración pueril o kitsch. David Gaitán Rossi lleva por lo menos dos éxitos (que yo haya visto) en la incursión en la ciencia ficción o construcción de distopías para el teatro: La velocidad del zoom del horizonte, que dirigiera magistralmente Martín Acosta hace algunos años, y ahora nos entrega Azul Bosques, en donde ejerce los tres roles: dramaturgia, dirección y actuación. En este nuevo trabajo se acompaña por los creativos Anna Adrià Reventós en el diseño de escenografía e iluminación, la gran Jerildy Bosch en el diseño de vestuario, Andrés Motta en la composición musical y diseño sonoro (fundamentales) y, entre otros, Mario Zarazúa en un maquillaje que también es dramáticamente crucial.

Para un Estado opresor (¿alguno no lo es, en distintos grados?) el control sexual se ha vuelto en el arma que, normalizada entre la población, hace creer a esta que puede ser feliz con cinco “descargas” anuales que se anhelan como al Santo Grial. Tales cinco encuentros eróticos se dan en dispensarios donde el que “descarga” no puede ver nunca el rostro del que “facilita” en un intercambio que depende del azar y puede ser glorioso o nauseabundo pero irrepetible. No hay afecto y mucho menos ternura. Para el personaje Azul Bosques, que se convertirá en la anomalía del sistema, la búsqueda de algo más para sentirse vivo ha de transgredir el sistema y se volverá, sin pretenderlo, cabecilla de una rebelión. Las consecuencias, las de siempre: sublevación seguida de la muerte del líder “moral” e involuntario, y reinstalación del miedo y el control. No le recomiendo, lector, perderse este suceso teatral por ningún motivo.


Traspunte

Última función

Escasa es la presencia en nuestros escenarios de puestas en escena futuristas o de ciencia ficción. Azul Bosques es un bellísimo y divertido trabajo escénico de David Gaitán y equipo que puede ver el próximo miércoles 29 de julio, que será su última función, en el Teatro La Capilla.


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