Lejos de perseguir tendencias efímeras, la Galería Arróniz apuesta por carreras artísticas a largo plazo. Con sede en la emblemática residencia que habitó la fotógrafa Kati Horna en la colonia Roma, el espacio celebra dos décadas de trayectoria con Habitar la abstracción, una exposición que reúne a 20 artistas fundamentales de su programa bajo la curaduría de Cecilia Fajardo-Hill.
La muestra no es sólo un recuento cronológico, sino una experiencia sensorial que entrelaza memoria, arquitectura y lenguaje abstracto en tres ejes temáticos: Habitar el interior, Ruina-paisaje y Adentro y afuera. “Entre instalaciones sonoras y obras que dialogan con la geometría modernista del inmueble de 1919, la exhibición invita al visitante a transitar el arte como un paisaje personal”, dice la historiadora del arte Cecilia Fajardo-Hill.
¿Cuál fue tu criterio de selección?
El principio rector de esta muestra de aniversario era establecer cómo estos 20 artistas reflejan la naturaleza singular y coherente del proyecto de Arróniz. La mayoría trabaja con el lenguaje de la abstracción o tiende a abstraer a partir de objetos encontrados y elementos existentes en el mundo.
Dialogan con la realidad y lo cotidiano, así como con el entorno urbano, social y natural, de manera crítica y poética. El título apunta a que la muestra representa una forma de habitar la abstracción en diálogo con la memoria, con nuestros cuerpos, con la cotidianidad y con el entorno. La muestra incluye tres instalaciones sonoras dentro de un campo que Arróniz ha venido desarrollando. El sonido no sólo dialoga con los materiales reciclados y las relaciones con la realidad de obras en la muestra.
La exhibición tiene tres espacios y temas que entrelazan el afuera y el adentro, la abstracción y la realidad, y la temporalidad y el espacio. De la misma manera que las obras dialogan entre ellas, se propone que el público pueda dialogar con el arte exhibido a partir de su propia experiencia y sensibilidad.
¿Cómo dialoga la sede con la muestra?
Kati Horna fue una de las grandes fotógrafas modernas de México, y el espacio arquitectónico de la galería nos recuerda de dónde venimos culturalmente, estableciendo una capa de significado e interlocución, entre lo moderno y lo contemporáneo, y entre la geometría del espacio y la abstracción de las obras.
Esto se enfatizó con la instalación que se comisionó a la artista Perla Krauze para que dialogara con una fotografía de la artista que recoge un fragmento del exterior de la casa. Horna marca un momento simbólico de la muestra, al igual que encuadra el espacio arquitectónico que ha acogido a Arróniz y las múltiples propuestas estéticas de estos artistas en el tiempo.
Arróniz ha sido semillero de artistas presentes en colecciones del MoMA, el Guggenheim o el MET. ¿Qué responsabilidad implica construir carreras a largo plazo?
Esta es una de las cosas que más respeto del proyecto Arróniz, su compromiso prolongado con los artistas con los que trabaja, en un acompañamiento mutuo de procesos de crecimiento y evolución en el tiempo. Ni el arte ni el trabajo con el arte son reducibles a una moda o un mercado superficial, sino que conllevan un trabajo constante y consistente. Claramente esto ha dado sus frutos porque estos artistas están en colecciones importantes y participan en exhibiciones en museos.
Nadie está restringido por esto, todo lo contrario. Y de la misma manera que algunos de estos artistas tienen una segunda galería, también Arróniz invita a otros artistas a participar, siempre manteniendo la representación de un núcleo de artistas que marcan la línea general de la galería. Los curadores y coleccionistas respetan este tipo de compromiso, en vez de verlo como algo restrictivo. El coleccionismo ideal no se limita a adquirir una sola obra de un artista, sino a adquirir en un futuro nuevas obras que surgen de otras exploraciones, y si estas ocurren en una misma galería, en el contexto de exhibiciones interesantes, esto es algo muy positivo.
La galería combina exposiciones de artistas representados con presentaciones en colaboración con curadores e instituciones internacionales. ¿Cómo ves el futuro de este modelo híbrido?
Esta muestra es un buen ejemplo de una red de colaboración internacional, donde el común denominador es que seguimos creyendo en la centralidad del arte y de los artistas, pero también de la experiencia vivencial del arte. Este proceso de producción alrededor del arte es extremadamente singular y no es genérico ni despersonalizado. Después de un gran boom de ferias internacionales, se está dando un proceso de evaluación en el cual lo que cuenta más son las relaciones, el valor del arte, la posibilidad de colaborar, socializar y seguir construyendo un mundo del arte y de la cultura alrededor del cual podemos seguir enriqueciéndonos, aprendiendo, inspirándonos.
Mi apuesta es que el arte es un antídoto contra la despersonalización del mundo digital y globalizado, y más bien nos invita a pausar, reflexionar e imaginar a través de la especificidad material, simbólica y conceptual única del arte y en cuerpo presente.
¿Qué mensaje darías al visitante que entra por primera vez a Arróniz?
Queremos invitar al público que se sienta llamado a una experiencia que le pertenece, personal y lúdica. La muestra da cuenta de cómo estos veinte artistas que usan la abstracción o abstraen objetos reconocibles, a lo largo de veinte años de Arróniz, han construido de forma consistente un imaginario dentro del arte contemporáneo que es único y que coexiste entre lo abstracto y lo figurativo, entre la realidad y lo imaginario, de maneras que nos ofrecen una mirada alternativa e imaginativa de nuestra existencia.
La exposición se encuentra en la galería ubicada en Tabasco 198, colonia Roma.