Los artistas visuales Darío Adanti y Eugenio Merino y la actriz y periodista Ana Alonso decidieron festejar hace un par de años con humor el aniversario 50 de la muerte del dictador fascista Francisco Franco, con la sátira escénica de memoria histórica Chistes contra Franco.
La pieza llega ahora a México, principal país de acogida en el mundo del exilio español, gracias al Centro Cultural de España en México (CCEMx).
“Reírse de los dictadores ha sido una forma de resistencia secreta y clandestina de aquellos que viven bajo las dictaduras”, sostiene Darío Adanti (Buenos Aires, 1971), también historietista y escritor argentino-español, fundador en 2012 con Eduardo Galán de la revista satírica Mongolia, que él edita.
Fanático de José Guadalupe Posada y sus calacas, Adanti conversa con MILENIO sobre este ménage à trois, donde Alonso expone a través de lecturas el contexto histórico de cada chiste sobre el dictador, la mayoría recopilados en 1978 después de su muerte en varios volúmenes por el valenciano P. García (José García Martínez Calín, 1932), escritor satírico y colaborador de la revista La codorniz.
“Empezamos en 2024 porque la broma era festejar un año antes que iba a morir Franco”, apunta Adanti sobre el stand-up histórico e histérico que tendrá una única presentación en el CCEMx el jueves 5 de noviembre, 19:30 horas, que el día 20 de cada mes se presenta en los escenarios de España.
El espectáculo contará también con tres talleres, como parte del programa del CCEMx 50+1 años de libertad: “Patrimonio disonante y antimonumentos, intervenciones del espacio público”, que impartirá Eugenio Merino; “Con tijera y a lo loco o cómo hacer una revista satírica”, a cargo de Darío Adanti, y “Ficción Sonora”, que dirigirá Ana Alonso, exconductora de Cadena SER.
Ataques de la derecha
Chistes contra Franco se estrenó en el Teatro del Barrio madrileño y le ha valido a sus autores censura, acoso y amenazas de neonazis, ultraderechistas y nostálgicos del fascismo y de una dictadura que dejó más de 140 mil muertos y desaparecidos desde el golpe militar a la República Española de 1936, acompañado por los tres años de Guerra Civil, hasta la muerte de Franco el 20 de noviembre de 1975.
Adanti explica que la mayoría de los chistes, anónimos, no fueron publicados en vida del dictador fascista, que murió impune por los crímenes que cometió durante cuatro décadas, sino que su transmisión fue oral, hasta que P. García los recopiló en publicaciones tres años después de que murió y circularon prácticamente sin censura durante los años de transición hacia la democracia.
Defensor y admirador de los memes como herramienta de transmisión actual del humor, el historietista subraya que la revista Mongolia también hizo su propia recopilación de chistes contra Franco en un libro.
“Pero en pleno siglo XXI, cuando han pasado 51 años de la muerte del dictador, estamos teniendo problemas en España para hacer el show, no por la parte institucional, sino por los partidos de ultraderecha y derecha, el PP (Partido Popular) y Vox, que se han quejado porque hicimos el show en universidades, como la de Granada. Han venido neonazis y hemos tenido que ser protegidos por la policía. Es increíble que con el resurgir del neofascismo sea más difícil contar como memoria histórica los chistes que rodean a un dictador que murió hace 51 años, que a los tres o cuatro años de muerto”, ironiza.
¿Qué tiene de chistoso Francisco Franco?
Hay que tener mucho cuidado con blanquear las figuras de asesinos de lesa humanidad, como los casos de Franco, de Adolf Hitler, de Benito Mussolini o de Jorge Rafael Videla, de mi país de origen. Pero sí creo que el reírse de los dictadores ha sido una forma de resistencia secreta y clandestina de aquellos que vivían bajo esas dictaduras, que en España sufrieron una dictadura de 40 años, sin apoyo internacional, porque la República Española fue abandonada por Inglaterra, Francia y Estados Unidos, no así por México, que dio asilo a todos los exiliados republicanos. Fue una dictadura atroz, todavía quedan 120 mil cadáveres sin reconocer de desaparecidos en las cuneas de España, un dato muy fuerte.
“Y queremos hacer una reivindicación de esa forma de resistencia secreta y clandestina que era una manera catártica de meterse con el dictador. Por otro lado, si uno se lo pone a pensar desde un costado, hay algo de gracioso en todos los dictadores, lo vio Charles Chaplin en El gran dictador. toda esta cosa que tienen, esa pompa y esa exageración, Franco se creía Carlos V, iba con abrigos de piel; tienen una cosa ridícula, psicopáticamente o sociopatamente ridícula. Sí que tienen algo gracioso en el fondo”.
¿De qué sirve el humor cuando un dictador como Franco murió impune después de todos sus crímenes?
Sí, es cierto. Es terrible eso, porque en España es el dictador fascista él mismo que pasó a la democracia negociando que no haya ningún tipo de represalia contra los asesinos del bando nacional, de los golpistas. El humor tiene algo de catársis. Sigmund Freud decía en El chiste y su relación con el inconsciente, que a veces el humor nos sirve para enfrentarnos a aquello a lo que no sabemos cómo enfrentarnos y ponía el ejemplo del humor negro.
"El neurocientífico Scott Weems cuenta en Ja. La ciencia de cuándo reímos y por qué (Taurus, 2015) que el cerebro ha evolucionado para hacer conexiones neuronales originales o novedosas cuando le parece que está en un problema que no tiene salidas y esas conectividades creativas que le sorprenden, le producen risa. Yo creo el camino inverso. A Franco el tiempo no lo puso en su lugar. Y ante esta situación que parece no tener salida y tan desesperada, es un alivio, una válvula de escape poder reírse de estas cosas y de los dictadores".
¿Y por qué a los dictadores no les parece gracioso lo que otras personas les da risa de ellos?
Sí, es cierto. Hay un libro del escritor español Andrés Barba, La risa caníbal (Alpha Decay, 2021), en el que cuenta que en el Nido del Águila de Hitler los aliados habían encontrado El gran dictador, una película que Hitler había prohibido en toda Alemania, porque le parecía una ofensa, que no tenía nada de graciosa, pero para el tipo era un honor que Chaplin hubiera hecho una caricatura de él. Es verdad que, en general, las tiranías y los tiranos no tienen sentido del humor. Y, para traerlo al presente, fíjate qué contradictorio cómo las derechas y las ultraderechas, los sistemas más reaccionarios, perseguían hasta hace poco al progresismo de la corrección política que no te dejaba reír de nada.
¿Por ejemplo?
Por ejemplo, Donald Trump es el que no soporta que le hagan un juicio cómico, como en los programas nocturnos. O el chiste que contó Obama Barack sobre él en su discurso de apoyo al candidato demócrata por Michigan, Trump no lo soportó y toda su campaña se está basando en criticar que hayan hecho chistes contra él.
"Es muy fuerte por esto que tanto criticaron la derecha y la ultraderecha a la corrección política y a la cultura de la cancelación, pero la auténtica cultura de la cancelación no es que a un colectivo vulnerable le ofenda un chiste, sino que un dictador prohíba hacer chistes sobre él y que te cueste la vida. Creo que es porque el dictador busca el respeto absoluto. Y, en el fondo, para tener sentido del humor contigo mismo, tienes que primero no tenerte respeto tú mismo".
Con personajes de la ultraderecha española afines al franquismo, como Isabel Díaz Ayuso, Cayetana Álvarez de Toledo o Santiago Abascal. ¿Qué le suscita esa ultraderecha ante el humor?
El humor es más necesario que nunca, porque les molesta mucho el humor, porque ellos necesitan que se los tome muy en serio. Pero, al final, ese respeto que buscan es más cercano al miedo. Gente como Díaz Ayuso es de ultraderecha como Vox. Y es realmente terrible, porque ya se ha visto. Por ejemplo, en Castilla y León, donde gobiernan juntos PP y Vox, una obra de teatro sobre Federico García Lorca de la compañía Proyecto 43-2 fue censurada en un teatro municipal (en octubre pasado, en el teatro Miguel Delibes).
"La obra de teatro documental (Federico: No hay olvido, ni sueño: carne viva) es sobre los restos de García Lorca, sobre por qué fue asesinado, obviamente por su condición sexual y política, y sobre la búsqueda de sus restos. Y fue censurada, la prohibieron, y se tuvo que ir a otro teatro. Y eso es lo que nos va a pasar si gana la coalición de derecha y ultraderecha. En Madrid, con Díaz Ayuso, en los teatros municipales (en 2022) se prohibió una obra sobre Santa Teresa de Jesús (Muero porque no muero. La vida doble de Teresa), de Paco Bezerra, porque hablaba de la Santa Teresa real y no de la mitificación religiosa. Y eso es lo que nos espera de ganar las derechas y ultraderechas".
¿Qué expectativa tienen de traer la obra a México? Hay gente y políticos de derecha que defienden al dictador.
Nosotros ya habíamos pensado en eso, pero no solo por México, sino porque la gente joven en España no sabe mucho de los personajes o de las cosas que aparecen en los chistes, no tienen idea. Hay que tener en cuenta que como esa transición fue negociada con el franquismo, no fue una derrota sino que fue propiciada por el propio fascismo, en los colegios se seguía un poco la doctrina nacional católica, que era el adoctrinamiento que la conferencia episcopal española tenía de convivencia con el régimen franquista, y aunque vino la democracia, no se enseñó en los colegios mucho de la Guerra Civil, apenas venía la Segunda República se dejaba de estudiar historia en los colegios.
"No está tan divulgado el tema. Y en el camino nos dimos cuenta de una cosa: que los chistes no nos hacían gracia, que una cosa que tiene el humor es que es muy esclavo de su contexto. El chiste hace gracia por su contexto, sin ese contexto, el chiste dejaba de hacer gracia.
¿Y cómo lo resolvieron para que a ustedes les hicieran gracia los chistes?
Fue una idea muy buena de Eugenio Merino: contraponerlos con fragmentos históricos de libros de historia, donde se fuera narrando qué pasaba en ese momento exactamente con respecto a la represión fascista en España. Cosa que no fuera un espectáculo de humor; no es un espectáculo de stand-up comedy, realmente es un espectáculo de memoria histórica, donde te reís, pero también te emocionás y hasta podés llorar, porque los relatos de la represión a los republicanos son terribles, o sea, son relatos de verdad, de declaraciones de gente que sufrió tortura, etcétera.
"Y Ana Alonso, mi compañera, periodista y actriz, que aparte hace cosas para el diario El País y antes para Cadena SER, tiene una voz increíble y sabe muy bien contar los temas históricos, ella va contando fragmentos de historia sacados de libros de historia. Y yo voy contando después los chistes, eso te permite entenderlos aunque no conozcas la historia; todo, en general, te hace entender el valor del humor y lo que se estaban jugando aquellos que contanban chistes en ese contexto represivo de la dictadura franquista".
En España hay tradición del humor contra Franco, como en filmes como Espérame en el cielo, de Antonio Mercera. ¿Qué impacto cree que haya tenido ese humor?
Primero debo decirle que me encanta que me saque Espérame en el cielo, porque somos tan fans de esa película, que cuando cuento los chistes y tengo que hacer de Franco, pongo la voz de Franco, pero no la del verdadero, sino la del actor, que además es argentino (Paulino Alonso). Así que para mí fue importante esa película para hacer esta acción teatral. Es verdad que en España fue muy importante la satira, como a nivel constitucional no se pudo condenar al franquismo.
"Pensemos que fue hace muy pocos años que quitaron el cadáver del dictador del Valle de los Caídos, que era una especie de monumento faraónico a un dictador que exilió a medio millón de personas. ¡Es una barbaridad! Franco tenía un monumento que es como si en Alemania tuvieran un monumento a Hitler, que siguiera estando ahí el cadáver de Hitler y que siguiera habiendo procesiones con la de los franquistas a cantarle el himno de la falange. Es interesante tu pregunta porque en España siempre hubo mucha contracultura, en revistas, prensa, con grupos teatrales satíricos como Els Joglars y en el cine. Es muy probable que haya sido al final en la cultura que se haya hecho esa contraeducación que no se hacía en los colegios".
¿Cómo compararía esos chistes con los memes en las redes sociales o con las nuevas tecnologías?
Es una pregunta muy interesante. Es verdad que ya se perdió el chiste popular. Antes, los chistes populares se contaban en los colegios, los bares, en el mercado, en los taxis. Era una cultura oral. Y es verdad que ahora la gente más joven no tiene la costumbre de contarse chistes, pero sí de pasarse memes. Y yo quiero ser optimista en esto. Creo que simplemente es la misma necesidad de poder buscarle la parte graciosa a todo, solo que ha cambiado el modo o el escenario por donde transmitirlo.
"Hay un libro buenísimo de la historiadora inglesa Mary Beard, La risa en la antigua Roma (Alianza, 2022), con miles de chistes que se encontraron en la antigua Roma y que eran muy parecidos a los mismos chistes populares que contábamos nosotros. Pero, a mí me gusta mucho, la verdad, el arte del meme, me lo disfruto muchísimo, y me parece una gran herramienta de ir transmitiendo el humor".
En México se aprobó una ley sobre propiedad industrial y derechos de autor promovida por la presidenta Sheinbaum, que la derecha y la ultraderecha aseguran que es censura. Una postura de ese sector político que ha invitado a Cayetana y a Díaz Ayuso a México, para defender memes.
Qué curioso, es verdad. ¿Sabe que en España pasa algo parecido? Porque el gobierno de Pedro Sánchez, la coalición progresista, impulsó un proyecto de ley para que no se pueda usar en inteligencia artificial a otras personas sin aclarar que es IA o sin su aprobación, por lo de las fake news, a que tanto recurren la derecha y la ultraderecha. Fue muy gracioso, porque PP y Vox, que censuraron una obra de teatro en Valladolid, decían que el gobierno estaba atentando contra la libertad de creación. Es curioso.
BSMM