A partir de las ausencias, la escritora Christel Guczka construye su nueva novela, El vuelo, cuya protagonista es Estibaliz 'Tiba', una adolescente de 14 años que deberá enfrentar, "con sus propios ritmos y obstáculos", la desaparición de un ser querido.
“Ese fue el punto de partida —dice la ganadora del International Latino Book Award 2014 en entrevista con MILENIO—. También me interesaba que dentro de la trama, de manera secundaria, apareciera un personaje histórico: La loca de las aves', Amelia Earhart”.
El vuelo, con el duelo como eje
Curiosa por conocer los pormenores de la desaparición de Lauren, su madre, Estibaliz emprende una aventura que la reúne con varios personajes que enfrentan duelos distintos. “Hay pérdidas de ideales, sueños, vínculos afectivos o actividades que disfrutamos. Todo eso, el perder cosas que valoramos, fue lo que quise rastrear en esta multiplicidad de personajes y voces”, explica la autora.
El vuelo está pensado para lectores de 12 años en adelante, lo que permite establecer diferentes niveles de profundidad según la edad. Sin embargo, la autora espera que un mensaje sea compartido: “Que surja la reflexión de que no estamos solos. En nuestro entorno inmediato habrá personas que estén pasando por lo mismo y con quienes podamos resonar de múltiples formas”.
Aun atravesados por experiencias difíciles, Evans, padre de 'Tiba'; Sabrina, amiga que enfrenta la separación de sus padres; entre otros personajes de la obra, resisten y encuentran la forma de sobreponerse a la adversidad.
De ahí que Guczka busque transmitir que “está bien llorar, que no todo en el duelo es lineal, que existen espacios en blanco o retrocesos”.
“Es reconocer el poder de nuestras alas; darnos cuenta de que la fortaleza puede surgir de lugares como el vacío, la pérdida o la incertidumbre”.
La idea de que en lo roto puede habitar una respuesta atraviesa no solo la ficción. “Hay muchas cosas que nos conforman en la vida, y de pronto nos centramos solo en aquello que nos es más significativo. Pero en esos espacios que han tirado nuestras piezas, que nos han dejado rotos, están las mayores respuestas. Tiene que ver con construir desde la ausencia, o viceversa”, precisa.
La autora reconoce que en la novela, aunque no es plenamente autobiográfica, hay fragmentos de su propia historia. “Hay pasajes biográficos y afectivos que están ahí. Gente que conocí durante mi tránsito de vida; cambié nombres, pero lo del cuervo sucedió”.
También aparecen huellas familiares, como la mención del Teatro Principal, cuya administración estuvo a cargo de uno de sus parientes antes de que se incendiara el 1 de marzo de 1931. “La versión que conozco por mi línea familiar es muy diferente a la de los periódicos… Me cambió la mirada”, relata.
La literatura no se agota y remueve
Para Guczka, la escritura es un proceso que nunca se agota. “No sé si hay un creador que puede decir que ya llegó al punto ideal, soñado o el más pulido. Me parecería preocupante decir: ‘He hecho lo mejor, ya no hay más por escribir’. Siempre hay esa parte de buscar más, tanto en temas como en trabajo estilístico y narrativo”.
Piensa en su primer libro, publicado cuando tenía 19 años, con cariño, pero también como una etapa que quedó atrás. “Es ir puliendo sobre la marcha; uno va adquiriendo ciertas habilidades”.
Fiel a su inclinación por las temáticas “un tanto espinosas”, la autora reconoce su gusto por adentrarse en territorios que para algunos siguen siendo tabú.
“Ha sido un trabajo constante de confiar en que son cosas que hay que poner sobre la mesa para discutir. La literatura no solo sirve para pasar un momento agradable; también puede tocar puntos difíciles, remover. Y desde ahí se pueden construir muchas cosas y generar cambios”.
Y sin caer en lo panfletario o 'milagroso', mantiene su fe en la función social de la literatura: “Se puede contar realidades con toda su crudeza, y aun así dejar puntos suspensivos para que el lector encuentre sus propias metáforas”.
Entre la memoria personal, la reconstrucción de lo perdido y la convicción de que escribir es una búsqueda incesante, El vuelo invita a mirar las ausencias no solo como vacío, sino como posibilidad.
Porque, al final, tanto en la vida como en la ficción, recoger y unir las piezas puede ser el primer paso para volver a abrir las alas. La historia de Estibaliz lo demuestra.
Presentación en la FIL Minería
Christel Guczka presentará 'El vuelo' el próximo sábado 28 de febrero en la FIL Minería. Acompañada de Roberto Becerra, estará en el Salón de la Academia de Ingeniería en punto de las 16 horas.
hc