Benito Mussolini se crio como un ateo. Incluso escribió el panfleto “L’uomo e la divinità” con argumentos gastados sobre la inexistencia de dios. Haciendo honor a su nombre, fue un antipapista practicante y apoyó la idea de que el papa se largara de Roma. Sin embargo, ésas eran sus convicciones y no sus conveniencias. Cuando aspiró a la máxima jefatura italiana, prefirió una relación de conveniencia con la Iglesia. Entonces, a través de obsequios, lisonjas y concesiones corrompió al corruptible Pío XI, un papita que despotricaba contra los matrimonios mixtos, pero no tuvo problema con el enlace fascismo–cristianismo. Su heredero, Pío XII, tendría almohada para tres, revolcándose también con el nazismo.
Y es que mientras la gente siga temiendo que el futuro puede llevarlos a una eternidad de tormentos, un gran poder tendrá esa institución que dice administrar las visas para visitar el cielo. Tanto poder como para pasarse las leyes por la entrepierna y gozar de más impunidad que un funcionario público.
En México tenemos la llamada “Ley de asociaciones religiosas y culto público”, la cual con frecuencia violan los clérigos mientras los gobernantes miran hacia otro lado, pues unos y otros se dan concesiones y pactan en lo oscurito. Sabemos, porque fue público, que la institución eclesiástica anuló chupaléticamente el matrimonio anterior de la primera dama; lo que no conocemos es qué ofreció el futuro gobierno a cambio, aunque en el paquete debió ir el asunto de los matrimonios igualitarios, pues ya la iglesia se dijo “traicionada” por Peña Nieto, y la traición requiere de un pacto previo.
Pues bien, la ley de marras dice que “las asociaciones religiosas y los ministros de culto no podrán poseer o administrar, por sí o por interpósita persona, concesiones para la explotación de estaciones de radio, televisión o cualquier tipo de telecomunicación”. Y yo me pregunto qué es esa estación llamada Radio María que transmite por todo el territorio nacional.
Además aclara que no “podrán los ministros de culto asociarse con fines políticos ni realizar proselitismo a favor o en contra de candidato, partido o asociación política alguna”. No obstante, nos espera un año y medio de aquí a las elecciones en el que desde los púlpitos se enviará un mensaje directo o indirecto, con nombres o sin ellos, para que no se vote por los partidos de izquierda, a los cuales ya tildaron de “asesinos”, contra los cuales ya echaron por delante frases tan políticas y proselitistas como la de castigar en las urnas “a una izquierda corrupta, decadente y depredadora”.
Y todo esto lo harán impunemente, sin que la Secretaría de Gobernación cumpla con su deber, ya que tanto PRI como PAN aceptarán la manita celestial, y al estilo de Mussolini comenzarán en la oscuridad a acordar pactos y ofrecer concesiones.
Ya en el pasado algunos papas excomulgaron a montones de católicos por el mero hecho de pertenecer a partidos non gratos. Veremos este año a qué se atreve la Iglesia mexicana. Y veremos a qué no se atreve nuestro gobierno. Veremos si nuestro Benito Juárez termina tan vapuleado como el Benito de los italianos.