Begoña Bertrán, pintar para recuperar la memoria de las mujeres: “No quería hacer simples pinturas bonitas”

Entrevista

Begoña conversa con MILENIO sobre 'Cuando Dios fue mujer', una exposición que recupera a las diosas como símbolos de resistencia, transformación y memoria.

"Nací para pintar": Begoña Bertrán. | Foto: Espacio Cuatro Audiovisual
Ciudad de México /
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Una ausencia acompañará a Begoña Bertrán durante la inauguración de su exposición la tarde de este 4 de septiembre en la Casa de Cultura San Rafael: su abuela, que impulsó su carrera y vio nacer buena parte de las pinturas, murió recientemente.

“Una de las personas determinantes para la exposición fue mi abuelita, pero a principios de agosto falleció... Estoy emocionada pero triste”, cuenta la pintora a MILENIO.

Para ejemplificar el peso de su ancestra, cuenta una anécdota: tras graduarse de la Florence Academy of Art en 2022,  no tenía estudio, así que su abuela le ofreció un espacio en su departamento para trabajar.

Allí vio emerger los lienzos que terminarían formando Cuando Dios fue mujer, serie de siete retratos al óleo que ahora llega a la colonia San Rafael después de pasar por el Museo de Arte de Querétaro (MAQRO) y el Museo de la Mujer. Y aunque esta tarde no podrá estar físicamente, su presencia está en la obra.

La artista junto a su abuela, su gran impulsora. | Foto: Instagram @maribego_art
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Una abuela dentro del museo

Begoña dedicó Ashera a su abuela. La diosa, desplazada de antiguas narrativas religiosas, aparece sosteniendo entre sus manos a Lilith, otra figura condenada al margen. Ambas representan eso que incomoda, hace ruido y termina siendo apartado.

Dice que su abuela conocía bien esa sensación: a los 14 años, tras la muerte de su padre, tuvo que hacerse cargo de su familia, "estuvo al servicio de todo mundo toda su vida". Por eso, al ver el cuadro que le dedicó su nieta, dijo: “Mi familia me mandaba a la cocina y tú me pusiste en un museo”.

La frase condensa el núcleo de la exposición: recuperar memorias femeninas. “Una de las cosas importantes para mí era que Ashera, a pesar de ser desplazada, continúa creando... Para mí era importante recobrar esa memoria: la que molesta, estorba, hace ruido”. 

'Ashera', de Begoña Bertrán

Las diosas no son víctimas

Durante la pandemia, su mamá le regaló Cuando Dios fue mujer, de Merlin Stone, y así comenzó una fascinación que terminaría transformándose en la serie.

Tonantzin, Perséfone, Diana, Amaterasu, Freyja, Sekhmet y Ashera aparecen en la muestra como mujeres contemporáneas que han enfrentado violencia, pérdida, rabia y transformación.

Mientras estudiaba en Florencia, recuerda haber escuchado de un maestro que Perséfone era una víctima y tenía que ser representada como tal. “No entiendo cómo la plasman chiquita, asustada”.

De ahí que resignificar a estas diosas también implica romper con la mirada de la propia tradición pictórica: su Perséfone no es solo la mujer llevada al inframundo, sino alguien que, desde ese lugar, toma control de su destino.

La violencia que no necesita mostrarse

Begoña comenta que no quiso pintar escenas explícitas de violencia por su concepción de la pintura figurativa

Marcada por el barroco, el claroscuro y el trabajo con modelos en vivo, antes que representar explícitamente una emoción, busca encontrarla en una mirada, una postura o un gesto: “Es importante el poder de la sutileza

Por ejemplo, en Amaterasu, el kimono se mimetiza con los moretones; la violencia está, pero necesita ser descubierta.

Una pintura tiene que sostenerse más allá de su mensaje. No puedes echarle una historia y que de ahí se sostenga”.

Por eso cada obra fue un proceso doble: desde la estructura, la luz, la anatomía y la composición, hasta la investigación sobre la diosa y aquello que quería decir con ella.

Tomar postura

Cuando Begoña comenzó a imaginar la exposición hace casi un lustro, en 2022, una de sus maestras le dijo que las exposiciones feministas “nunca tienen éxito”. Lo que luego escuchó en algunas galerías.

Pero no claudicó. Primero pensó en pintar a las diosas como si fueran retratos de reyes. Después intentó confrontarlas con la cosmogonía católica. Y finalmente encontró el camino en "arquetipos femeninos, la lucha feminista dentro de la mujer antigua y contemporánea".

No quería hacer simples pinturas bonitas para salas, sino que cargaran un mensaje”, agrega.

El arte puede ser una forma de “artivismo”, apunta: una vía para denunciar, rememorar y visibilizar.

La muestra en el Museo de la Mujer. | Foto: Espacio Cuatro Audiovisual

Las emociones de una artista

La imagen romántica de la artista frente al lienzo no ilustra la experiencia de Begoña. Reconoce que, aunque pintar es su pasión, vienen implícitas emociones como "frustración, estrés e incertidumbre".

Éste es mi trabajo, no es un hobbie. Yo pretendo vivir de esto”.

Aunque, cuando ocasionalmente se aleja unos pasos del cuadro y lo ve, siente "emoción". Pero son momentos "efímeros".

También descubrió que estudiar en una academia prestigiosa no garantiza que se mire, compre o exhiba la obra. El panorama profesional implica galerías, casas de subastas y, sobre todo, "ayuda mucho tener un gestor, como Sandra Carrillo, quien también es la curadora de mi exposición; es importante tener una persona de confianza".

“Es mucha incertidumbre, miedo, pero eso ayuda a salir adelante. Creo que el trabajo duro da fruto. Es una carrera de paciencia y apoyo”.

¿Qué viene después de las diosas?

Begoña adelanta a MILENIO que ya trabaja en dos colecciones, donde su historia familiar seguirá presente.

Una, titulada Dios también llora, estará orientada a las figuras mitológicas masculinas: después de pintar la resistencia de las diosas, quiere explorar la vulnerabilidad de los hombres. Y la otra partirá de los cuentos de hadas.

Y, pensando en la posibilidad de sumar una octava diosa, confiesa que elegiría a Deméter, la madre que busca a Perséfone. "Para mí es la primera madre buscadora".

“¿Y por qué seguir pintando? Es de lo que estoy hecha, es lo que me impulsa en los momentos de desesperación, dentro del duelo me ayuda a levantarme. Es lo que me apasiona, lo que sé hacer. Nací para pintar”.

La exposición Cuando Dios fue mujer se inaugura esta tarde, a partir de las 17 horas, en la Casa de Cultura San Rafael (calle José Rosas Moreno 110, colonia San Rafael, alcaldía Cuauhtémoc), y permanecerá hasta el 25 de septiembre, con entrada libre.  



  • Yair Hernández
  • juan.hernandez@milenio.com
  • Es periodista especializado en temas de cultura y entretenimiento. Actualmente trabaja como reportero para Milenio.

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