El canto de Edipo que rescata a una lengua casi extinta en el Cervantino

La obra se presenta el 10 y 11 de octubre, en el Teatro Cervantes por la compañía fundada en 1999, que ha llevado sus propias creaciones por Europa, Asia, Sudamérica y Rusia.

Foto: Ariel Ojeda
Guanajuato /
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El canto de Edipo, de Sardegna Teatro, apuesta por devolverle al teatro su función ritual, esa capacidad de reunir a una comunidad frente a fuerzas que la desbordan, porque como recuerda el director Alessandro Serra citando a Antonin Artaud, la tarea del teatro es crear mitos, que lejos de ser una reliquia, son una forma de proteger la experiencia humana del riesgo de reducirla a la ideología, a la noticia o a la imagen.

“En tiempos en que todo parece verse y nada parece sentirse, El canto de Edipo propone algo sencillo y necesario: apagar las pantallas, escuchar una lengua antigua y volver a imaginar”, explicó el director, autor, escenógrafo y diseñador de iluminación, en conferencia de prensa, en la que dio los detalles del montaje, con el que arriba al 54 Festival Internacional Cervantino.
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La intención del director es restaurar la esencia original del mito de Edipo. Pero no lo hace desde una reconstrucción arqueológica. “No puede ser arqueológica porque buscamos activar la imaginación”, explica.

Su punto de partida es lingüístico y ritual: el grecánico, una lengua de raíz griega antigua que aún sobrevive en algunas comunidades del sur de Italia, particularmente en Apulia y Calabria, territorios que formaron parte de la Magna Grecia

La palabra no remite solamente a “tragedia”, evoca el canto de la cabra y devuelve la tragedia a su naturaleza primera: un canto colectivo. Para Serra, usar el grecánico no es un gesto folclórico, sino una manera de que el sonido mismo restituya la dimensión sagrada del mito, con lo que, la obra incorpora una traducción al grecanico realizada por el poeta y estudioso, Salvino Nucera.

Fotos: Ariel Ojeda

La vigencia de Edipo

La tragedia se nutre de Edipo rey y Edipo en Colono, las dos piezas con las que Sófocles trazó el arco de vida del héroe. En la primera, Edipo se enfrenta al origen de su infancia, al dolor y al trauma; en la segunda, escrita tres décadas después, cuando el dramaturgo tenía cerca de 90 años, el personaje se convierte en una figura casi sacerdotal.

“Es una muerte de la luz, una muerte de iniciación. Edipo no sólo pierde la vista, atraviesa la oscuridad para llegar a otra forma de conocimiento, ese tránsito del dolor a la claridad es el corazón del mito, el coraje de conocerse a uno mismo más allá de la imagen que uno construye de sí mismo”, explica Serra.

Para el director, la vigencia de Edipo “radica en que su historia sigue hablándonos de la necesidad humana de imaginar. En un contexto saturado de imágenes de guerras, atrocidades, muertes infantiles que son vistas una y otra vez en las pantallas, el teatro propone otra relación con lo visible: no mostrarlo todo, sino activar la imaginación del espectador. El teatro no es un arte de consolación, sino de confrontación”.

Para el actor Felice Montervino, quien interpreta a Edipo, la experiencia de la tragedia es un proceso de alquimia. El trabajo comienza en el encuentro con el lenguaje trágico, las figuras arquetípicas, los cantos y el cuerpo, que luego se transforma en la relación con el público.

“Hay una preparación previa consigo mismo y con los colegas, y un segundo momento cuando llega la recepción del público”, refiere.

En ese ir y venir entre intimidad y el rito colectivo, el actor no interpreta un personaje: “encarna una energía arquetípica, Medea, Edipo o Antígona no son personajes de ficción, sino cristalizaciones del inconsciente colectivo”.

Fotos: Ariel Ojeda


Una lengua que vuelve a sonar

El grecánico estuvo a punto de desaparecer. Sus últimos hablantes, muchos de ellos pastores, fueron estigmatizados tras la unificación italiana y, sobre todo, durante el fascismo, que impuso el italiano y redujo las lenguas locales a dialectos inferiores, de ahí que muchos dejaron de hablarlo por vergüenza.

Hoy, sin embargo, hay un intento de rescate. Jóvenes interesados en la música tradicional tuvieron que acercarse a los ancianos para aprender los sonidos e instrumentos de la región, en ese intercambio, la lengua volvió a circular.

Así, el idioma vuelve a ser vivo gracias al encuentro entre generaciones: “Un rito parecido, en esencia, al que propone el teatro” concluyó.

Fotos: Ariel Ojeda



hc

  • Leticia Sánchez Medel
  • letymedel@yahoo.com.mx
  • Reportera cultural, cursó la maestría en Periodismo Político, es autora de tres libros sobre la historia inédita del Cervantino.

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