“Tu cuerpo es la casa que habitamos es una novela de iniciación, una especie de bildungsroman, una historia que tenía pensada desde hace tiempo. Quería escribir sobre los primeros años de juventud de un personaje; contarlo desde ese punto de vista, que es el de la disidencia, el deseo gay, y también hablar de la familia, de los modos en que este tipo de identidades se acercan a ella”, dice Héctor Justino Hernández (Veracruz, 1993).
El libro editado por Reservoir Books (2026) tiene como protagonista a un joven de 18 años a quien le gusta Daniel, un compañero de la escuela, mientras enfrenta distintos problemas, incluido la muerte de sus padres, a quienes no pudo revelar que era homosexual.
“Quería que fuera una novela que a mí me gustara leer. El trabajo de revisión y de corrección fue lo que más tiempo me llevó porque buscaba que tuviera cierto tono, un ritmo y una manera en la cual se estuviera contando la historia. A pesar de que utiliza un lenguaje no tan complejo o no tan oscuro, llegar a esa forma de narrar del personaje, que fuera verosímil para su edad, fue un proceso de ir buscando nuevas maneras de nombrar las experiencias que vive. Lo que buscaba era que la experiencia del personaje fuera una que pudiera leer cualquier persona e identificarse con ello a partir del amor y de la amistad”, comenta.
El escritor dice que buscaba la ternura, el tema del deseo y el duelo como elementos que formaran la identidad del personaje, “su forma de ver el mundo y de habitarlo. Se enfrenta a tener que salir del clóset e intenta que eso no lo afecte ni lo haga desgarrarse o volverse víctima al decírselo a los demás. Creo que eso es un cambio respecto a otras obras de este tipo porque hasta hace unos años la novela gay todavía hacía que los personajes dudaran o se odiaran a sí mismos”.
La novela transcurre en Veracruz y no en Ciudad de México. “Para mí era importante contar una historia desde allá. Estamos muy acostumbrados a que la mayoría de las novelas sucedan en grandes urbes o en el norte del país. Para mí era importante colocarla en el sur, decir que allí también suceden este tipo de historias. En Veracruz hay una tradición muy larga de escritores, desde Sergio Pitol y los estridentistas hasta Fernanda Melchor; quería mostrar cómo estas formas de vivir de los personajes también podían ocurrir en esos espacios del trópico, de la lluvia y de la exuberancia verde”.
Hernández dice que es importante que los lectores se den la oportunidad de leer este tipo de obras como literatura más que como historias de nicho “porque es un problema al que nos enfrentamos constantemente las personas que escribimos este tipo de literatura. Lo que yo buscaba era que la obra pudiera ser leída por cualquier persona y que la experiencia, si bien parte desde lo gay, en realidad busque ser más amplia, llegar a lo humano y hablar acerca de temas universales”.
Como Proust
Sobre el mercado para este tipo de novelas, opina: “Es complicado, porque existe el mercado boy’s love con novelas que son para público juvenil, sencillas y sin una exploración más profunda. Ese mercado es boyante, pero también hay interés por contar una historia que además de eso busque otros caminos y apueste por lo literario, y hay un sector de lectores que está creciendo al respecto”.
Finalmente, Hernández habla sobre lo que el escritor Eloy Urroz opina de él: “¿Cómo escribiría Proust si hubiera sido mexicano, si tuviera que contarse ese primer amor de iniciación en Veracruz? Quizá como lo hace Héctor Justino Hernández”.
“Es sorprendente, no me lo esperaba. Es una especie de juego que tengo con él desde hace años; él tuvo la oportunidad de leer la novela y me decía que era muy proustiana por el juego de tiempos (en presente, a los 18 años y a los 14). Justamente yo estaba leyendo a Proust cuando escribía los primeros esbozos de la novela. Aunque yo siento que los tonos son totalmente distintos, le agradezco muchísimo a Eloy que nombrara esa cosa que compartimos. Estoy encantado con sus palabras y ojalá mi primera novela publicada llegue a muchos lectores”.
BSMM