El traje de la Unión

Hombre de celuloide

'Dior y yo'
Fernando Zamora
Ciudad de México /

Frédéric Tcheng no se dio cuenta de que su documental Dior y yo envía al público un mensaje contrario al que desea. A pesar de ello (o tal vez justamente por ello), resulta entretenido. Lejos del elogio de la alta moda que quiere ser, testimonia dos aspectos de la Unión que dan razón a los euroescépticos.

El jefe del consejo de dueños de la marca Dior aparece un día en el taller de costura para presentar a quien será sucesor del maestro. Raf no habla francés. No necesita uno ser adivino para intuir lo que piensan las costureras que han trabajado ahí dese los años de Monsieur Dior. Así están las cosas en Europa y por más que el director trate de exaltar a Raf contrastando sus penurias de Primer Mundo con las páginas del diario del modista, su personaje a cada momento desagrada más. Pero la película no. Dior y yo se parece en esto al documental Steve Jobs: The Man in the Machine: muestra el lado oscuro de un genio de la propaganda al que admiran las clases medias. Que la intención del autor sea la contraria no obsta para que Dior y yo funcione como testimonio de los tiempos que vivimos, tiempos que están al otro extremo sociopolítico del mundo que vivió Christian Dior.

Porque el modista y su pequeño atelier fueron claves en la reconstrucción de Francia después de la Segunda Guerra Mundial. El nombre Dior ofreció a esta nación humillada por los nazis un nuevo motivo de orgullo, una imagen y, sobre todo, mucho trabajo. Al otro lado del espectro está Raf, un muchachito burgués que no dibuja. ¿Cómo diseña? Con arrebatos de inspiración. Pasea por los museos, ve pinturas, viaja en su auto de lujo por las calles lluviosas de París o sobrevuela en helicóptero la Costa Azul. Luego hace varios cuadernos de recortes y se los entrega a los dibujantes. Ellos le ofrecen unos 200 bocetos, él escoge 30 o 40, elige las telas y ya está. La cosa no está mal, pero uno se entera también de que la mujer que ajusta las medidas de los vestidos debe viajar a Nueva York para atender a una cliente que mensualmente invierte unos siete millones de pesos en vestidos de Dior y ¿qué hace Raf? ¡El divo se indigna! La obrera viaja en autobús, se desvela y, en fin, que todo termina por ser como un llamado a la huelga general.

La otra cosa que demuestra Dior y yo está en que sea otra película de moda que se rueda en Francia. ¿Nadie se ha preguntado por qué hay tantos elogios de este arte en el cine francés de los últimos años? La respuesta está, otra vez, en la forma en que quieren dividir a Europa desde Bruselas y Berlín: España es el destino turístico, Italia ofrece productos agrícolas y Francia productos audiovisuales. La misión de los estudios parisinos es ofrecer propaganda a favor de los “Estados Unidos de Europa”, igual que hace Hollywood para los Estados Unidos de América. Dior y yo es un comercial digno de ver solo porque muestra en forma y contenido lo que significa esta Unión.

Dior y yo (Dior and I). Dirección: Frédéric Tcheng. Guión: Frédéric Tcheng. Con Raf Simons, Marion Cotillard, Anna Wintour, Sidney Toledano. Francia, 2015.
@fernandovzamora


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