El triunfo de la FM

En 1985 la banda de AM dejó de ser la más sintonizada y cedió su lugar a la de FM, escucharla tenía una explicación tecnológica y sensorial: las emisoras de FM transmitían con sonidos diferenciados en los canales izquierdo y derecho

El triunfo de la FM.
Fernando Mejía Barquera
Ciudad de México /

Más allá de la crónica de Jacobo Zabludovsky sobre la devastación provocada por el terremoto en la Ciudad de México, 1985 fue importante para la radio de nuestro país por otras razones: ese año la banda de AM dejó de ser la más sintonizada por la audiencia y cedió su lugar a la de FM. Todavía en 1980 la AM era sintonizada por el 77% de los radioescuchas, mientras que la inclinación hacia la FM era de apenas 23%. Sin embargo, en solo un lustro se generó un cambio histórico que culminó en 1985: ese año, la radio de AM registró el 35.1% de la audiencia y la de FM aumentó a 64.9%. Hoy, la AM parece estar en extinción, mientras que la FM ya transmite audio digital.

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La inclinación a escuchar FM tenía una explicación tecnológica y sensorial: a diferencia de la AM, que conservaba el añejo sonido monaural (equivalente para algunos a la TV en blanco y negro), las emisoras de FM transmitían en estereofonía, es decir, con sonidos diferenciados en los canales izquierdo y derecho (una radio a colores, para seguir con el símil). La década de 1980 fue una época en donde la percepción de quien escuchaba música se hizo más demandante, no en cuanto a calidad musical necesariamente, sino a la exigencia de “efectos” en las grabaciones (reverbs, delays, flangers).

Aunque se grabó música en estereofonía desde el segundo lustro la década de 1950, fue hasta la de los ochenta cuando el empleo creativo de este recurso dejó de verse como “experimental” o propio de grabaciones “vanguardistas” o “de calidad” y se estandarizó incluso en la música más comercial, especialmente en el género pop. En los estudios de grabación ochenteros se hizo casi obligatorio un estilo rico en juegos, paneos y combinaciones entre los canales izquierdo y derecho —por ejemplo redobles de batería que empezaban en un canal y terminaban en el otro—, lo cual fortaleció, en el caso de la radio, la preferencia por la estereofonía y, en consecuencia, por la banda de frecuencias que la ofrecía: la de FM. Los ochenta fueron, además, el reino del sintetizador y sus atmósferas sonoras, hoy distintivas de esa época.

Así, se creó en la radio mexicana una oferta peculiar que habría de durar casi dos décadas: la música dirigida a los jóvenes, grabada en estereofonía, se concentró en la banda de FM, mientras que los programas “hablados” y la música con sonido monaural, para entonces ya “del recuerdo”, lo hicieron en la de AM.

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La espectacular forma de grabar música se complementó con una parafernalia tecnológica que permitió a radioescuchas y melómanos disfrutar de un sonido sofisticado: “modulares” cada vez de menor tamaño y mejor sonido, construidos a base de circuitos integrados; “estéreos” para instalar en el automóvil acompañados por cuatro potentes bocinas, y el inolvidable walkman de casete, lanzado al mercado por Sony en 1979, pero que en 1985 alcanzó niveles de exquisitez en algunos modelos.

Ese año, Sony lanzó el WM–W800, con doble casetera, una para reproducir audio y otra para grabar, y el WM–101, primer walkman con batería recargable. Un año antes había lanzado el Sony Sports Walkman de color amarillo —que proliferó en 1985—, diseñado especialmente para corredores que gustaban de oír música grabada en casetes mientras hacían ejercicio, o de escuchar la radio (incluía sintonía en AM y FM). Todos ellos competían con el que se considera el walkman con mejor sonido de la época: el Aiwa HS–P02 MKII, dotado con sistema Dolby para reducir ruidos, como el de color plateado y negro que Marty McFly lleva consigo a 1955 en Volver al futuro, la película más taquillera de 1985.

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Con este equipamiento se podía oír música de todas las maneras posibles: en la casa, colocándose frente a las bocinas del “modular” para formar con ellas y nuestra cabeza un triángulo equilátero, como dicen los cánones que debe escucharse la música; en el auto, con las ventanillas abajo y el volumen arriba para dejar constancia de nuestro paso por la ciudad; o con los audífonos puestos, para disfrutar de la introspección con fondo musical.

¿Qué música se oía en la radio de la Ciudad de México en 1985? Los géneros más escuchados eran el pop en español y el pop–rock en inglés, en este último caso en medio de una confrontación que hizo época: Rock 101 (100.9 de FM) y WFM Magia Digital (96.9) en disputa por la audiencia juvenil.

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Enseguida el Top Ten de pop en español de 1985, hecho a partir de los hits de todo el año registrados en la benemérita Notitas musicales. Primer lugar y canción más programada en la radio, “Corazón de piedra”, con Lucía Méndez; 2. “Querida”, Juan Gabriel; 3. “Déjame vivir”, Juanga y Rocío Dúrcal; 4. “Necesito una compañera”, Los Bukis; 5. “Palabra de honor”, Luis Miguel; 6. “Este hombre no se toca”, Rocío Banquells; 7. “Nosotros los muchachos de hoy”, Luis Miguel; 8. “Don Corazón”, Lucía Méndez; 9. “Veinticinco rosas”, Joan Sebastian; 10. “Cómo te va, mi amor”, Pandora.

Por el lado del pop–rock en inglés sonaban, entre otras: “I Just Called To Say I Love You”, Stevie Wonder; “Like a Virgin”, con la sensual Madonna; “Out of Touch”, Hall and Oates; “Valotte”, Julian Lennon; “She Bop”, Cindy Lauper; “I Want To Know What Love Is”, Foreigner; “Easy Lover”, con Phil Collins y el vocalista de Earth, Wind and Fire, Philip Bailey; “Can’t Fight this Feeling”, Reo Speedwagon; “Take On Me”, A–ha; “If You Love Somebody Set Them Free”, con Sting ya como solista.

Y escuchando alguna de estas rolas fue que nos agarró el temblor.

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