En un escenario apocalíptico dos jóvenes entran a uno de los pocos edificios en pie donde vive un hombre enigmático y amenazante, que les hace una oferta peligrosa: asilo a cambio de ayudarle a construir un nuevo mundo. El sexo y la violencia son los motores de Tenemos la carne, ópera prima de Emiliano Rocha, una cinta que, a decir del propio realizador, es eminentemente priista.
¿Por qué ha definido su película como priista?
Creo que Tenemos la carne tiene relación con el imaginario de exuberancia priista. Vivo cerca de sus cuarteles generales y veo que se la pasan bien. Hay un centro de prostitución, cantinas. Quería mostrar cierta desfachatez a partir de la representación salvaje que ha hecho de México.
La alusión es metafórica. En su película todo sucede dentro de una cueva.
No me interesan los elementos simbólicos, aunque la metáfora de la cueva me sirve para hablar del interior de nosotros como sociedad e individuos. No quería hacer una crítica al PRI sino hacer algo pro priista, reflexionar sobre cómo ha afectado nuestro interior, las fantasías o los sueños. ¿Cómo nos transgrede en lo particular? Tenemos claro qué tan mal están las cosas, por eso preferí hablar del daño que ha generado en nuestra psique.
Dice que no quería hacer una crítica pero muestra una ciudad apocalíptica. Entiendo que la capital no es priista, pero el país sí.
El PRI es el infierno y es nuestra cotidianidad. No hace falta irnos a un futuro postapocalíptico, la realidad es apocalíptica.
¿Por eso mostrar el sexo y la violencia como algo muy primario?
La idea de la cueva tenía que devenir en algo sexual y violento. En esta autoexploración no hay manera de no enfrentarse a los fantasmas de la sexualidad y la violencia. Son fuerzas de las que estamos constituidos. La apuesta es señalar que la vida está en lo no domesticado.
¿De ahí la idea de ser tan frontal?
Me choca la idea de la elegancia. He visto mucho cine mexicano que pretende cierta elegancia artística. La realidad es frontal, al menos en mi día a día, y la manera más sincera de mostrarla es ésta: una visión un poco desbocada que sin miedo nos mete en las imágenes. Por eso me planteé trabajar lo burdo y lo exuberante. Para mí, menos no es más; más es más.
¿Cuál es la frontera entre la frontalidad y el amarillismo?
La tensión de la película inicia con la primera plana de El Gráfico, donde conviven la muerte y la sexualidad. Puede parecer una forma cultural, pero es algo que viene de lo prehispánico y se manifiesta en las fuerzas ocultas de la Ciudad de México. El término amarillista no me preocupa.
¿Por qué reflexionar sobre el PRI desde dentro?
He pertenecido a las juventudes priistas desde hace varios años. Sigo encontrando algo interesante en el tricolor. Creo que es un partido vivo y que desborda pasiones. Siento más simpatía hacía esa intensidad que hacia lo políticamente correcto. Por medio de la película hago un acto de resistencia estética y hacia lo que nos han dicho. Me parece que el acto artístico es un acto de resistencia.
¿El PRI es un mal necesario?
No queda duda de que es lo que merecemos. Las sociedades tienen el gobierno que se merecen. Tuvimos que llegar al abismo para resurgir.