Desde la fundación de TEN Arquitectos en 1986, el trabajo de Enrique Norten ha estado atravesado por una atención constante a las condiciones de su tiempo: los cambios tecnológicos, la transformación de las ciudades, las nuevas escalas de movilidad, las tensiones entre lo local y lo global, y la manera en que cada proyecto puede traducir eso en una forma construida.
A 40 años de distancia, esa trayectoria no se entiende sólo por la cantidad o la diversidad de sus obras, sino por la continuidad de una disciplina. Norten pertenece a una generación que ayudó a desplazar la arquitectura mexicana hacia un lenguaje más abierto al intercambio internacional sin abandonar su relación con el contexto.
En su caso, esa apertura no aparece como una búsqueda de novedad por sí misma, sino como una disposición permanente a revisar los instrumentos de la profesión: la tecnología, el programa, la materialidad, la enseñanza y la ciudad.
TEN Arquitectos cumple 40 años como uno de los despachos de arquitectura más importantes de México y uno de los pocos con una proyección internacional significativa. ¿Lo sientes como un hito?
"A lo largo de todos estos años hemos trabajado muy duro, con una enorme disciplina y mucho cuidado en lo que hacemos, eso es lo que nos ha permitido alcanzar ese reconocimiento internacional. Siento un gran orgullo por lo que hemos logrado hasta ahora, aunque todavía nos queda mucho por hacer. Todos estos años nos han dado mucha más seguridad y confianza en lo que hacemos, y eso nos brinda una base muy sólida para seguir experimentando."
¿Cómo equilibran décadas de experiencia y las lecciones aprendidas con la capacidad de mantener agilidad, curiosidad y la intención de seguir abriendo nuevos caminos?
"Tanto mi equipo como yo sentimos una curiosidad constante y nunca nos conformamos con lo evidente; eso nos impulsa a buscar nuevas soluciones, experimentar y descubrir nuevas oportunidades. Cada proyecto en el que trabajamos nos permite explorar posibilidades que antes no habíamos desarrollado."
Has enseñado en Princeton, Harvard, Columbia y otras instituciones académicas. ¿Qué satisfacción te da trabajar con nuevas generaciones que no encuentras al diseñar edificios?
"La docencia ha sido una parte muy importante de mi trayectoria, enseño por dos razones: creo que es fundamental devolver a mi comunidad parte de lo que he aprendido, compartiendo mi experiencia con mis estudiantes. Y por una razón más egoísta, lo hago porque aprendo muchísimo de ellos. Lo que me motiva a seguir dando clases es la frescura, juventud y laenergía que me transmiten los estudiantes y que, de alguna manera, nutren el trabajo que hacemos en el despacho. Existe una relación entre la práctica profesional y la vida académica en la que ambas se enriquecen mutuamente."
Ayudaste a abrir camino al actual auge del diseño mexicano al proponer, desde los años noventa, una visión pionera de la arquitectura mexicana. En ese momento, ¿eras consciente de que estabas contribuyendo a sentar las bases de la imagen construida del México del siglo XXI?
"No creo haber creado una nueva imagen de la arquitectura del país en el siglo XXI. Sin embargo, creo que pertenezco a una generación que supo comprender las circunstancias de un mundo que estaba cambiando, tanto en el ámbito local como en el internacional."
"Fuimos capaces de traducir esos cambios en un lenguaje arquitectónico que abrió nuevas posibilidades y dio lugar a maneras de hacer arquitectura que hoy forman parte de las buenas prácticas de la profesión."
Tus primeras obras sorprendieron a la generación establecida en México por su abierta incorporación de las tecnologías más recientes. ¿Cómo ha impactado la tecnología en tu obra? ¿Es tan importante como la forma y la función?
"Las nuevas tecnologías son una expresión de su tiempo y, naturalmente, también forman parte de la expresión arquitectónica. Sí, la forma y la función son muy importantes, pero también lo es incorporar los nuevos recursos expresivos que surgen de lo que el mundo descubre y crea en cada época. Todo ello contribuye a definir el lenguaje arquitectónico de ese momento."
Consideras tanto a la Ciudad de México como a Nueva York tu hogar y has desarrollado proyectos y pasado largos periodos en ambas ciudades. Conociendo íntimamente estas dos metrópolis, ¿cómo es distinta tu vida cotidiana en Manhattan de cuando estás en la colonia Condesa?
"La Ciudad de México es donde nací y es la ciudad de mi corazón. Manhattan es la ciudad que elegí. Mi vínculo con la primera es profundamente emocional; con la segunda, es más racional. Mis experiencias en ambas ciudades se complementan y se nutren mutuamente. Quiero muchísimo a las dos."
Recientemente terminaste una espectacular residencia privada en el estado de Michoacán. ¿En qué se diferencia diseñar una casa arquitectónicamente relevante en 2026 de hacerlo en 2006?
"Lo que hace diferente el diseño de una casa no es el año en que se realiza, sino el espíritu, la visión, los sueños y los deseos de la familia que la habitará, de esa comunidad que dará vida a la casa. Por eso, cada casa es distinta: porque cada familia y cada comunidad lo son. Cada casa debe ser un traje a la medida de ese grupo de personas único y especial."