Propósitos de Año Nuevo

Días feriados

"Parece a la distancia la idea de quedarse sin venir a la FIL el año próximo"

“¿Volveré el año próximo?”, te preguntas de nuevo, con las maletas hechas y el manuscrito a medias. (Foto: Paula Vázquez)
Guadalajara /
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 La escena es familiar: como en el carnaval, parte uno de la FIL ya prometiéndose que volverá sin falta el año entrante. Para que eso suceda, sin embargo, es preciso entregarse al manuscrito desde el próximo lunes. De otra manera, ¿a qué diablos vendría? “¿Va a estar tu libro listo para la FIL?”, pregunta el editor, ya por ahí de abril, y uno entiende que no se trata de terminarlo en noviembre, sino tres, cuatro meses antes de eso. Es decir que en abril te quedarían tres meses para ponerle el punto final. Son fregaderas, ¿cierto? Peor, no obstante, parece a la distancia la idea de quedarse sin venir a la FIL el año próximo.

Raros son quienes no tienen idea de en qué página van de su proyecto, aunque ello no por fuerza ayude a averiguar cuántas aún les faltan. En mi caso, lo veo deportivamente: nunca pierdo de vista el marcador, donde suelo ir abajo desde el principio, con la impresión de estar librando una guerra sesgada y desigual por la supervivencia. Diría que peleo contra el calendario, si no tuviera claro que el enemigo está dentro de uno. Ese adversario sinuoso y cobarde que se pasa los días acechando a tus múltiples flaquezas para luego atacarlas desde la penumbra.

Hay días luminosos, cómo no. Mañanas en que el viento sopla a tu favor y nada se te atora en el camino, así que escribes tres o cuatro páginas con la impresión de estarte devorando el mundo. Por la tarde, exultante, haces cuentas alegres pensando que a ese paso —cuatro cuartillas diarias, 20 por semana, 88 al mes— terminarás el libro en menos de lo que imaginaban tus editores. Puede que en un descuido hasta les llames y de una vez les pidas que te aparten un lugar en la FIL.

En el fondo bien sabes que exageras, porque las cosas nunca funcionan de ese modo, pero igual tu optimismo se erige en capataz y opina en tu lugar, con la audacia de un merolico eufórico. Varios días más tarde, si no es que al día siguiente, viene el diablo a cobrarte la cuenta del candor. Avanzas lento entonces, de pronto retrocedes, o de plano te pasmas, y así ves que a la FIL le brotan alas y con ellas se aleja de tu horizonte. Algo así como ver el marcador adverso e irse ya despidiendo de la ronda final.

Citando la famosa verdad de Perogrullo, uno debe escribir tan rápido como pueda, pero nunca más que eso. Hay novelas muy bien nacidas y crecidas, hasta que en los capítulos finales se les nota la prisa, y acto seguido ocurre que mueren en las manos de quien llegó a leerlas con fruición. Todo por apurarse más de lo posible, que tal vez es plausible pero al cabo indeseable. “¿Volveré el año próximo?”, te preguntas de nuevo, con las maletas hechas y el manuscrito a medias. ¿Y quién es uno, en fin, para saberlo?


ASS

  • Xavier Velasco
  • Narrador, cronista, ensayista y guionista. Realizó estudios de Literatura y de Ciencias Políticas, en la Universidad Iberoamericana. Premio Alfaguara de Novela 2003 por Diablo guardián. / Escribe todos los sábados su columna Pronóstico del Clímax.

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