La versión física de la muestra, integrada por 54 imágenes del mismo número de fotoperiodistas, se presenta en la Casa Universidad de la Comunicación; la versión digital, con cerca de 200 imágenes de aproximadamente 66 autores, se presentará a partir del día 30 en la Utopía Barco en Iztapalapa con una exposición inmersiva.
A través de la curaduría de Víctor Mendiola, la exposición abarca una diversidad de movimientos, destacando la persistencia de las luchas y la profesionalización del fotoperiodismo mexicano como una herramienta ética y con una mirada de autor, detalla Antonio Nava, de Colectivo F.
“Son 66 participantes, tres de ellos ya fallecidos: Marco Antonio Cruz, Arturo Ramos y Cecilia Candelaria. En la galería digital se presentarán 200 fotografías con autores de Oaxaca, Chiapas, Hidalgo, Tijuana, Guerrero, Michoacán, Sinaloa y Ciudad de México”.
Nava comenta que la exposición fue financiada por el colectivo y resalta el valor de la fotografía veraz frente a la sobreinformación y la inteligencia artificial, utilizando tanto espacios físicos como digitales para alcanzar a un público más amplio.
Las fotos seleccionadas incluyen movimientos estudiantiles, obreros, por la vivienda, armados como el Zapatismo y EZLN, feministas del 8M, movimiento LGBT+, las personas desaparecidas de Ayotzinapa y madres buscadoras.
“El objetivo principal de la exposición es ofrecer una visión integral y equilibrada de la efervescencia social en México, que abarca temas de actualidad desde 1985 hasta el presente. Se trata de crear memoria colectiva a través de la fotografía para llenar vacíos históricos en las nuevas generaciones y demostrar que los movimientos sociales no surgen espontáneamente, sino que son resultado de procesos que se han gestado durante muchos años”, enfatiza.
La iniciativa surgió del Colectivo F de reporteros gráficos que trabajan en distintos medios para crear un festival que incluye mesas redondas además de la exposición central.
Nava asegura que el fotoperiodismo nacional se ha profesionalizado y consolidado con una mirada propia, “aunque en México no existe una carrera específica de fotoperiodismo. Sólo en Veracruz hay algo similar pero no enfocado. Los fotoperiodistas son profesionales que estudian comunicación o periodismo. El colectivo ha contribuido a esta profesionalización invitando a académicos y expertos para discutir los cambios en los medios y la adaptación de la fotografía”.
Comenta que el valor del fotoperiodismo reside en estar en el momento y lugar precisos para capturar una imagen contundente que informa. A diferencia de la IA, que puede crear imágenes convincentes desde una oficina, la fotografía periodística tiene un componente orgánico y veraz que conecta con el público.
Nava considera que las redes sociales son una nueva vía para la difusión del trabajo no publicado. Muchos fotoperiodistas utilizan plataformas como Instagram para mostrar imágenes que no fueron publicadas en los medios tradicionales “por falta de espacio o por así convenir a los intereses editoriales”.
Esta herramienta permite al público seguir el trabajo de los profesionales y ver una perspectiva amplia de los acontecimientos, más allá de la imagen principal que se publica en los medios de información.
Herramienta vital
Octavio Hoyos, fotoperiodista con una larga trayectoria y colaborador del MILENIO, fue seleccionado para participar. Habla de la labor del Colectivo F por lanzar por tercera ocasión una convocatoria abierta que permite la participación de estudiantes y profesionales consolidados.
Hoyos dice que los fotorreporteros deben crear sus propios sitios y mostrar su trabajo en redes sociales: “Hay una plataforma profesional de paga, llamada Visura, que es internacional y a la cual estoy suscrito, en la que puedes crear un perfil social para poner tus fotografías”.
Reflexiona sobre la fotografía como un acto de memoria y testimonio frente a la era de la inteligencia artificial, la importancia de la empatía al documentar causas sociales y el valor de descentralizar la cultura.
“La foto es una herramienta vital para documentar el día a día; hacerlo en digital o analógico facilita que pueda prevalecer. Nosotros, con una cámara fotográfica, estamos mostrando lo que estamos percibiendo con nuestras propias filias y fobias de lo que vamos presenciando”, explica Hoyos.
Comparte que para esta exhibición eligió tres fotografías, y que en lugar de centrarse en temas conocidos como el zapatismo, optó por presentar imágenes diferentes, incluyendo dos análogas para destacar la importancia de este formato en la documentación, así como en la preservación física de la historia.
Una de las análogas que presentó forma parte de su “Proyecto Tlatelolco”, un trabajo a largo plazo de siete años en el que utiliza una cámara panorámica análoga para documentar la evolución del lugar, desde su pasado prehispánico hasta las manifestaciones del 2 de octubre. Este proyecto implica una investigación más allá de sólo tomar fotografías.
Su segunda foto análoga, de formato medio, documenta una manifestación de Yo Soy 132 en Eje Central. Enfatiza en la importancia de este movimiento surgido durante la campaña presidencial de Enrique Peña Nieto, que contrarrestó la narrativa oficial y tuvo un impacto significativo en ese momento.
La tercera fotografía, esta digital, la capturó durante la toma de posesión del expresidente Felipe Calderón. A pesar de las difíciles condiciones climáticas y del cerco de seguridad, dice que logró una imagen impactante de un manifestante con una bandera comunista, aprovechando un momento único de luz y lluvia.
“Documentar los movimientos sociales es una habilidad de lo que observa el fotógrafo y de la forma en que lo presenta en la fotografía”, concluye.
La exposición Movimientos sociales. 42 años de fotoperiodismo en México en la Casa Universidad de la Comunicación se exhibirá desde este 17 de septiembre. Avenida México 200, colonia Hipódromo.
BSMM